Revisitando los fundamentos

El seguimiento de la coyuntura tiene una clara utilidad, pero nunca debe ocultar la importancia de los fundamentos. Estos convienen ser revisitados para que la actuación de la inversión sea congruente.

Uno de los principios de la inversión y que determina el nivel de riesgo asumible es el plazo de la inversión. La regla es muy sencilla, cuanto más tiempo podemos prescindir del capital que estamos invirtiendo más riesgo podemos asumir. Recordemos que atribuyen a Einstein lo que denominaban la octava maravilla de la inversión y era el interés compuesto. En las inversiones, siempre y cuando se cumplan una serie de requisitos, el tiempo juega a nuestro favor, a diferencia de los juegos de azar donde es al contrario.

El segundo es la diversificación eficiente; normalmente se habla de diversificación, pero conviene añadir la palabra eficiente porque tiene importancia. La economía descansa sobre el pensamiento de que nada es gratis, pero en las finanzas sabemos que la diversificación es de las pocas cosas que sí lo son. Los profesionales de la inversión observamos que muchas carteras están concentradas en pocos valores o en índices que no dan una buena diversificación o en pocas clases de activos. Esas carteras podrían generar los mismos rendimientos, pero con menores riesgos. Y no olvidemos que el riesgo no es algo teórico; si dejamos que pase el suficiente tiempo la lógica económica aflora y los riesgos terminan materializándose. La mejor recomendación es tener una buena diversificación horizontal (entre las distintas clases de activos) así como vertical (dentro de cada clase de activo, entre un número de valores suficientemente amplio).

El tercero es el riesgo; debemos asumir, en carteras equilibradas y eficientes (esto se refiere básicamente a que estén suficientemente diversificadas) el mayor riesgo que permita nuestra situación (horizonte temporal, requerimientos de liquidez, circunstancias personales, etc.). La razón básica es que si dejamos un espacio temporal suficiente la asunción de riesgos produce el correspondiente retorno. Y los analistas financieros somos conscientes de que las oscilaciones de los mercados no son bien recibidas por nuestros clientes, pero evita el efecto que merma la capacidad adquisitiva del patrimonio en el largo plazo: la inflación. Si invertimos a largo plazo, el gran riesgo no está tanto en la volatilidad de los mercados, sino a las mermas derivadas de la inflación, la silenciosa carcoma de nuestro patrimonio.

El cuarto es el seguimiento; la planificación es esencial para construir un patrimonio eficiente, pero la planificación no deja de ser una previsión del futuro, y este no puede predecirse exactamente. El contraste entre lo que preveíamos y lo que acaece debe motivar que reajustemos nuestra cartera a la realidad y esto debe hacerse de una manera ordenada y sistemática. Pero esto no es la única razón; pensemos que definición del perfil de riesgo y el conocimiento de las consecuencias que ello tiene, la composición ideal de una cartera, etc. tienen su curva de conocimiento y que la realidad va dando las pautas para que sea un proceso iterativo donde se van alcanzando cotas de perfeccionamiento. Si para la diversificación siempre se ha empleado el refrán «no poner los todos los huevos en una misma cesta», el seguimiento tiene también el suyo correspondiente: «el ojo del amo engorda al caballo».

Y una última recomendación; no caigamos en ninguno de los sesgos que el behavioural finance ha señalado. No es una moda, son comportamientos irracionales que destruyen riqueza basados en sesudos análisis. Y varios de los estudiosos de este tema han recibido sus correspondientes premios Nobel. 

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