Trump recurre a una supuesta crisis de pagos para anunciar aranceles globales del 15%
Trump reacciona al fallo del Supremo contra los aranceles y anuncia tarifas globales del 15%
La política comercial de Donald Trump vuelve a situarse en el centro del debate económico y jurídico en Estados Unidos, llevando de nuevo la máxima presión a los mercados de valores.
Apenas unos días después de que el Tribunal Supremo tumbara sus aranceles globales, el presidente ha decidido reactivar los gravámenes a las importaciones apoyándose en un argumento poco habitual, la existencia de una crisis de balanza de pagos en la mayor economía del mundo.
El movimiento, sin embargo, ha generado un fuerte escepticismo entre economistas y analistas, que cuestionan tanto el diagnóstico como la base legal utilizada por la Casa Blanca, informa Bloomberg.
El resultado es un nuevo escenario de incertidumbre para los mercados, las empresas y los socios comerciales de Estados Unidos.
Un nuevo arancel del 10% que ya sube al 15%
Trump ha impuesto un arancel general del 10%, posteriormente elevado al 15%, para sustituir a los gravámenes anulados por el Tribunal Supremo.
Para hacerlo, ha recurrido a la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, una herramienta que permite al presidente aplicar aranceles durante un máximo de 150 días cuando existan “problemas fundamentales de pagos internacionales”, como déficits graves en la balanza de pagos o una depreciación significativa del dólar.
Desde la administración estadounidense se insiste en que la medida es temporal. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha explicado que estos aranceles funcionarían como un “puente” de unos cinco meses mientras se preparan nuevas medidas comerciales bajo otras autoridades legales, como las secciones 232 y 301, que requieren investigaciones previas.
El objetivo declarado es mantener el flujo de ingresos hacia el Tesoro y evitar un vacío en la política comercial tras el revés judicial sufrido por la Casa Blanca.
Los mercados no ven ninguna crisis
El principal punto de fricción está en el argumento utilizado por Trump. El presidente sostiene que Estados Unidos afronta un desequilibrio grave en sus cuentas internacionales, citando el déficit comercial y la posición neta de inversión internacional, que ronda los 26 billones de dólares en negativo, como señales de alarma.
Sin embargo, numerosos economistas consideran que esa interpretación no refleja la realidad económica actual. La mayoría coincide en que no existe evidencia de una crisis de pagos: el dólar mantiene su fortaleza, los flujos de capital hacia EEUU continúan siendo sólidos y los mercados financieros no muestran señales de pérdida de confianza.
“Desde mi experiencia en el FMI diré que EEUU no tiene un problema fundamental de pagos internacionales”, escribió en redes sociales Gita Gopinath, ex número dos del Fondo Monetario Internacional.
En declaraciones a Bloomberg, añadió que unos aranceles de 150 días “harán poco para reducir de forma duradera los déficits comerciales” y probablemente generarán otra fase de volatilidad en el comercio, ya que los importadores intentarán anticipar compras para evitar los gravámenes.
Jay Shambaugh, que ocupó el principal cargo internacional del Tesoro durante la administración Biden, afirmó que no existe evidencia de una crisis de balanza de pagos. Según explicó, ese escenario implicaría que no entra suficiente dinero en el país para compensar las salidas, algo que no ocurre actualmente.
En términos prácticos, si Estados Unidos tuviera verdaderos problemas para financiar sus obligaciones externas, los inversores reducirían su exposición a activos estadounidenses y el dólar sufriría una fuerte depreciación, algo que no está ocurriendo.
Además, algunos expertos recuerdan que el deterioro de la posición neta de inversión responde en gran medida al fuerte incremento de las valoraciones bursátiles en Wall Street, un fenómeno que la propia administración ha presentado como prueba del atractivo económico del país.
Críticas a Trump desde el ámbito económico
Desde el entorno académico y financiero, las críticas se centran en que los aranceles difícilmente corregirán los desequilibrios comerciales a largo plazo.
Varios analistas advierten de que la medida podría provocar un efecto temporal en las importaciones —con empresas adelantando compras para esquivar los gravámenes— sin modificar la tendencia estructural del déficit exterior.
Otros expertos consideran que el planteamiento responde a una visión desfasada de la economía global, más propia del sistema de tipos de cambio fijos del periodo Bretton Woods que del actual régimen financiero internacional.
De hecho, recuerdan que la última vez que un presidente estadounidense utilizó aranceles por motivos de balanza de pagos fue en 1971, cuando Richard Nixon impuso un gravamen del 10% para presionar a otros países a renegociar el sistema monetario internacional.
Riesgo legal y más incertidumbre
El uso de la Sección 122 abre además la puerta a nuevas batallas judiciales. Especialistas en derecho comercial dudan de que la administración haya demostrado la existencia de las condiciones exigidas por la ley, lo que podría derivar en nuevos recursos ante los tribunales estadounidenses e incluso en disputas dentro de la Organización Mundial del Comercio.
Algunos juristas señalan, además, que los propios abogados del Gobierno habían defendido anteriormente que esta disposición no era adecuada para justificar aranceles basados en déficits comerciales, lo que podría debilitar la posición legal de la Casa Blanca.
En cualquier caso, varios analistas creen que el calendario juega a favor de Trump: los aranceles solo pueden mantenerse durante 150 días, un plazo que podría expirar antes de que los tribunales emitan una decisión definitiva.
Impacto en mercados y socios comerciales
Para los inversores, la cuestión clave no es solo la legalidad de los aranceles, sino el aumento de la incertidumbre política y comercial. Empresas importadoras, consumidores y socios internacionales vuelven a enfrentarse a un escenario cambiante, con reglas que pueden modificarse en cuestión de semanas.
El resultado es una nueva fase de volatilidad en la política comercial estadounidense, en la que la estrategia de Trump busca mantener la presión negociadora mientras se enfrenta a crecientes obstáculos legales y a un debate económico cada vez más intenso sobre si el problema que intenta combatir realmente existe.
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