La llegada de Kevin Warsh a la Fed: qué está realmente en juego
El Senado confirmará a Warsh esta semana, para que pueda relevar a Jerome Powell el viernes, cuando acaba su mandato al frente de la Fed
La institución financiera más poderosa del planeta, la Reserva Federal estadounidense (Fed), se prepara para despedir al que ha sido su presidente desde 2018 y dar la bienvenida a su sucesor, un economista que ya fue gobernador del organismo entre 2006 y 2011, vinculado a Wall Street y muy en la órbita del partido republicano.
Si todo sigue conforme al guion previsto, Kevin Warsh recibirá la confirmación definitiva del Senado esta semana, a tiempo para sustituir a Jerome Powell, cuyo mandato termina el viernes 15 de mayo.
La incertidumbre es máxima respecto al desembarco. Más allá de las dudas sobre su independencia frente a las presiones de Donald Trump para relajar los tipos de interés, preocupa la revolución que Warsh quiere implementar dentro de esta institución que condiciona el precio global del dinero e influye decisivamente en el comportamiento de mercados, gobiernos y empresas en todo el mundo.
El propio Warsh abogó por “una reforma desde los cimientos” cuando defendió su candidatura ante los senadores estadounidenses, a finales de abril pasado.
Warsh quiere acabar con la estrategia de comunicación de la Fed
Para empezar, Warsh quiere acabar con las orientaciones prospectivas, esas señales que envían los bancos centrales sobre cómo creen que evolucionará la política monetaria en el futuro, y que ayudan a los mercados a administrar correctamente las expectativas de tipos.
En la práctica, sirven para evitar sobresaltos: si un banco central como la Fed (o el BCE) anticipa que mantendrá los tipos altos durante más tiempo, los mercados ajustan desde ese momento el precio del crédito, la deuda o las inversiones.
La comunicación se convierte así en una herramienta de política monetaria casi tan importante como los propios tipos de interés.
Preparados para una política más impredecible
Pero Warsh cree que este tipo de mensajes sobre los que se construye la estrategia de comunicación de los bancos centrales les restan margen de maniobra.
“Warsh dejó claro que es un firme detractor de las orientaciones anticipadas, argumentando que estas encasillaban a la Fed en trayectorias preestablecidas y mermaban su capacidad de respuesta ante los datos en tiempo real. Este enfoque podría dar lugar a una Fed más dinámica (y quizás impredecible)”, explica Michaela Huber, estratega de la boutique Multi Asset (de Vontobel).
Es decir, que los mercados deben prepararse para las sorpresas.
También en la misma línea, Warsh ha expresado abiertamente su deseo de alejarse del enfoque tradicional basado en el consenso dentro de la Fed para adoptar un modelo más orientado al debate.
En concreto, Warsh abogó por una “buena pelea familiar” en la mesa de toma de decisiones de la Fed, lo que sugiere que valora el debate enérgico y los diversos puntos de vista.
¿Hacia una política monetaria más laxa de la Fed?
En lo que respecta a la estabilidad de precios, Warsh ha ido alejándose de su posicionamiento claramente a favor de los recortes inmediatos de tipos, que inicialmente le valieron el apoyo de Trump. Aunque hay algunas pistas que hacen pensar en una política monetaria más laxa.
Así, ha argumentado que la inteligencia artificial va a tener un efecto desinflacionista debido al incremento de la productividad, lo que daría margen a la Fed para recortar los tipos de interés.
“También ha manifestado que prefiere las medidas de inflación basadas en la media ajustada, que filtran las variaciones de precios más volátiles para ofrecer una imagen más clara de las tendencias subyacentes. Cabe destacar que la media ajustada de la Fed de Dallas se situó en el 2,4 % en marzo, lo que respalda la opinión de que, según este indicador, la inflación está controlada”, resume Huber.
En el mercado, un eventual ciclo de relajación monetaria impulsaría en principio la renta variable, reduciría el atractivo de la deuda y favorecería los activos de riesgo; al mismo tiempo que debilitaría el dólar.
Hacia una reducción del balance de la Fed
Otro punto importante que conviene analizar es el balance de la Fed. Es decir, el conjunto de activos que posee el banco central (sobre todo, bonos del Tesoro y deuda hipotecaria), que le sirven para inyectar liquidez en el sistema financiero, impulsando los mercados y el crecimiento económico de manera indirecta.
Sobre esto, Warsh opina que "la reducción es necesaria, pero debe ser lenta y secuenciada con cuidado para evitar perturbaciones en el mercado”, explica Ashok Bhatia, director de inversiones y responsable global de renta fija en Neuberger.
Una decisión colegiada
Con todo, hay que recordar que el presidente de la Fed no trabaja solo. Por el contrario, las decisiones se adoptan de manera colegiada dentro del comité encargado de la política monetaria (FOMC), en el que participan los siete miembros de la Junta de Gobernadores y cinco presidentes de bancos regionales, cuyo voto tiene idéntico peso al del presidente.
“Una vez que asuma el cargo, es muy posible que el nuevo presidente de la Fed se encuentre con esa pelea familiar que deseaba. La política monetaria no la decide el presidente, sino los doce miembros con derecho a voto del FOMC, y Warsh se incorpora a un comité que ya está dividido por líneas de fractura bien definidas”, recuerda Huber.
Pero, además, la intención de Jerome Powell de permanecer en la junta tras dejar la presidencia no hace más que reforzar esas limitaciones a su margen de maniobra.
Por eso, si Warsh quiere un cambio, tendrá que dominar el arte de crear consenso dentro de un comité receloso ante cualquier interferencia por parte de Trump.
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