Los mercados se preparan para una guerra larga en Irán 

Los mercados temen que la inflación se descontrole y los estrategas hablan ya de conflicto latente con implicaciones estructurales de largo plazo

Los mercados mundiales comienzan a asumir cada vez con más evidencias que la guerra de Irán será larga. La sensación que se abre paso en Wall Street y las bolsas europeas es el de de un escenario de “conflicto latente”, con un petróleo estructuralmente más caro, inflación persistente y búsqueda de sectores defensivos. 

El escaso apetito por el riesgo se está reflejando prácticamente en todas las clases de activos. Los mercados emergentes acaban de sufrir su peor semana desde marzo, las rentabilidades de la deuda soberana se disparan desde Japón hasta Estados Unidos y el petróleo Brent ha superado los 111 dólares por barril mientras el estrecho de Ormuz sigue bloqueado para buena parte del tráfico marítimo. 

“Es un riesgo cero total”, resumió Alejandro Cuadrado, estratega global de divisas y responsable para Latinoamérica de BBVA, al describir cómo el deterioro del apetito por el riesgo está golpeando “prácticamente todo” lo que había liderado el rebote de las últimas semanas.  

La cuestión es que los estrategas están viendo el conflicto bélico no ya como un episodio puntual, sino como un riesgo estructural con potencial para alterar el ciclo económico global durante muchos meses.  

Conflicto latente y negociaciones eternamente bloqueadas 

Ronald Temple, estratega jefe de mercados de Lazard, considera que el escenario más probable pasa por un “conflicto latente”, caracterizado por negociaciones eternamente bloqueadas entre Washington y Teherán, ataques esporádicos sobre infraestructuras energéticas y tensiones recurrentes en torno al estrecho de Ormuz.  

Según explica Temple, “los mercados parecen estar alineándose con este escenario”, algo que se refleja especialmente en el mercado petrolero. Los futuros del Brent para diciembre de 2026 se estabilizan ya cerca de los 90 dólares por barril, claramente por encima de los niveles de entre 80 y 85 dólares que predominaban durante la primavera.  

El problema es que ese encarecimiento de la energía amenaza con convertirse en un nuevo shock inflacionista global justo cuando los bancos centrales todavía no habían logrado controlar del todo las tensiones de precios surgidas tras la pandemia. 

Temple recuerda que la inflación estadounidense lleva ya cinco años por encima del objetivo del 2% de la Reserva Federal y considera que la guerra de Irán amenaza con extender las presiones inflacionistas mucho más allá de la gasolina o del petróleo.  

“El riesgo es que, con el tiempo, el aumento de los precios de la energía se filtre en una gama mucho más amplia de bienes y servicios”, advierte el estratega de Lazard. Además, alerta de que las tensiones sobre el suministro de fertilizantes acabarán trasladándose también a los alimentos dentro de unos meses, haciendo que la inflación sea todavía más persistente.  

Fuerte ajuste de expectativas en los mercados

De esta forma, lo que se vio a finales de la semana, especialmente con las caídas del viernes, es el arranque de un fuerte ajuste de expectativas sobre las políticas monetarias de los bancos centrales, justo el día en el q ue Kevin Warsh estrenó su cargo como nuevo presidente de la Fed.  

Los estrategas hablan abiertamente de nuevas subidas de tipos en Estados Unidos y el mercado ya asigna una probabilidad cercana a dos tercios a que la Reserva Federal vuelva a endurecer la política monetaria en diciembre.  

La reacción en el mercado de bonos está siendo especialmente significativa. La rentabilidad del bono estadounidense a 10 años ha alcanzado el 4,6% por primera vez en casi un año, mientras que el bono japonés a 30 años ha tocado el 4%, el nivel más alto desde que comenzó a emitirse en 1999.  

Precisamente Japón es otro de los focos de preocupación que observa Lazard. Temple advierte de que el fuerte repunte de las rentabilidades japonesas podría provocar una reasignación masiva de capital desde los bonos estadounidenses hacia activos nipones.  

El riesgo no es menor, al fin y al cabo, los inversores japoneses poseen más de 1,2 billones de dólares en deuda del Tesoro estadounidense.  

Giro defensivo 

Además de las señales en el mercado de bonos, UBS detecta que el mercado bursátil global está girando progresivamente hacia sectores considerados más resistentes en un entorno de inflación elevada y desaceleración económica. 

El banco suizo destaca que energía, utilities, materiales y salud son actualmente algunas de las áreas con mejores señales dentro de su modelo cuantitativo global, mientras que bancos, inmobiliario y consumo cíclico pierden fuerza de forma progresiva.  

“La incertidumbre sobre la estanflación y la desaceleración del crecimiento se está volviendo más relevante”, señala UBS en su último informe de estrategia.  

La banca europea es precisamente uno de los sectores que más preocupa al banco suizo. UBS considera que el deterioro del entorno macroeconómico podría acabar agotando la paciencia de los inversores tras meses de comportamiento lateral.  

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