La bolsa, en estado de excepción, se desplomará aún más

Dijo Albert Einstein que en los momentos de crisis sólo la imaginación es más importante que el conocimiento. Si es[…]


Dijo Albert Einstein que en los momentos de crisis sólo la imaginación es más importante que el conocimiento. Si es verdad, pongámosla en marcha y busquemos un catalizador, que uno ya es mucho, que pueda parar la hemorragia que desangra estos días a las bolsas mundiales. Si tiramos de realismo, el resultado será desolador porque lo que sabemos a día de hoy es que estamos inmersos en un círculo vicioso de recesión y restricción crediticia que gira a velocidad de vértigo y amenaza ruina. ¿Donde están los límites? ¿Hay límites a la vista?

A corto plazo, no debemos esperar de las bolsas más que nuevas caídas. Técnicamente, primero cayó el 10.500 en nuestro Ibex, luego cedió el 9.300 y el viernes probamos ya el nivel de los 7.800 puntos. Después de este fulgurante trallazo bajista, asoman allá al fondo los 5.300 puntos que suponen el mínimo anterior. Impresiona, pero no se debería descartar ninguna posibilidad.

Estos días oiremos que hay valor, mucho valor en bolsa, y que las cotizaciones no pueden bajar mucho más. ¿Seguro? No les quepa duda que el valor se va a revisar más a la baja -ahí están los tremendos profit warning de la semana pasada y los que están por venir ahora y en el próximo trimestre- y que los múltiplos que se van a aplicar a las valoraciones van a ser cualquier cosa menos estáticos.


A los inversores, empresarios, operadores y analistas se les ha terminado el muestrario de clavos ardiendo a los que agarrarse. El último es el famoso decoupling, según el cual los países emergentes compensarían la caída de la demanda en Europa y Estados Unidos. Otra ilusión que se desvanece. Latinoamérica pierde pie con Argentina y su saqueo a los fondos de pensiones al frente. Y Asia tampoco emite señales positivas, como era de esperar en este mundo globalizado que tan poco se parece aquel otro tremendamente aislado en el que se desarrolló la crisis que estalló con el crash de 1929. Nada que ver, señores.

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Y en estas estamos, sin referencias a las que agarrarnos y viendo como nuestros blue chips, esos con los que la economía española saca pecho, se comportan como auténticos chicharros. Es lo que hay y debereríamos acostumbrarnos cuanto antes a vivir en estado de excepción. Ni se fíen de quien les diga que lo peor ha pasado o, como mímino, pídale que le enseñe su cartera de valores. Lo que pasa cuando nos enfrentamos a lo desconocido es que con el conocimiento no llega. Hará falta mucho sacrificio y medidas ágiles y contundentes para salir adelante. ¡La imaginación al poder!

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