De vasos de café al cambio climático

Como marco para comprender riesgos y oportunidades, la inversión basada en factores medioambientales, sociales y de gobierno corporativo ha desbancado en gran medida a las tradiciones más simplistas de la inversión ética

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El mundo en que vivimos está cambiando. Impulsada por una concienciación creciente, sobre todo entre las generaciones más jóvenes, la necesidad de abordar los grandes problemas medioambientales y sociales es cada vez más imperiosa. Desde lo más cotidiano, como reciclar vasos de café para llevar, hasta los grandes retos que plantean el cambio climático, los problemas sanitarios y la reducción de la pobreza, existe una disposición creciente a contribuir con la solución, y no agravar el problema. Nuestro éxito al abordar estos problemas afectará a las generaciones venideras.

Este cambio de mentalidad también ha llegado al mundo de las finanzas en forma de planteamientos más responsables y positivos. Los inversores ya no se conforman con el calificativo de «éticos» ante el hecho de excluir sectores «controvertidos» como el tabaco, el alcohol o el armamento en sus carteras. Como marco para comprender riesgos y oportunidades, la inversión basada en factores medioambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG) ha desbancado en gran medida a las tradiciones más simplistas de la inversión ética. Los defensores de la ESG abogan por un diálogo activo con las compañías para influir en su comportamiento, fomentar mejores condiciones de trabajo, y exigir un análisis detallado de sus compromisos medioambientales.

De esta manera, los inversores ya no consideran solo los aspectos financieros tradicionales de sus carteras, sino que evalúan una gama mucho más amplia de aspectos de igual relevancia para el éxito corporativo a largo plazo. Esto puede implicar, por ejemplo, analizar la efectividad con la que una compañía gestiona los riesgos ESG susceptibles de dañar seriamente su reputación. 

Sin embargo, en el amplio marco de la inversión responsable (IR), los inversores de impacto pueden ir aún más lejos. Su objetivo es doble: además de buscar rentabilidades atractivas logradas de forma responsable, trata de generar un impacto mensurable y positivo en la sociedad y en el medioambiente. Nosotros lo interpretamos como la convergencia entre beneficio y finalidad. 

Asimismo, este tipo de estrategias de impacto positivo ganan tracción por un motivo adicional: si en el pasado eran coto exclusivo de inversores institucionales o de alto nivel patrimonial, en la actualidad están cada vez más al alcance del inversor minorista a través de acciones cotizadas. Este puede invertir en compañías como Novo Nordisk -líder mundial en el tratamiento de la diabetes-, o acceder a la energía verde a través de empresas con parques eólicos marinos como Orsted. 

Mientras que, como gestora, conocemos bien el mundo de la IR -un área en la que estamos presentes desde hace más de 85 años- lo que sí es nuevo es la amplitud de nuestra gama. Puede variar desde estrategias multi-activos -que combinan una mezcla de ESG e inversión de impacto en renta variable y renta fija- hasta inversión de impacto en acciones cotizadas. 

De la mano de una mayor concienciación medioambiental y social, respaldado por un intenso cambio regulatorio, la IR ha pasado a ser un aspecto clave en las agendas de los gobiernos, las compañías, las instituciones y, de forma creciente, de los inversores minoristas. Aunque nadie niega que todavía falta por hacer, el impulso hacia la alineación de objetivos sostenibles y financieros pone de manifiesto que esta disciplina ya no es una moda pasajera. La inversión responsable ha llegado para quedarse.

Ben Constable-Maxwell es director de Inversión Sostenible y de Impacto en M&G Investments.

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