Un nuevo referéndum añade incertidumbre al avispero italiano

Sólo la celebración de elecciones generales podría parar una consulta sobre la reforma laboral de Renzi

Paolo-Gentiloni

Los poco más de 1.000 días que duró el Gobierno de Matteo Renzi fueron un paréntesis de cierta estabilidad en medio de la habitual vorágine que es la política italiana. Acabada aquella experiencia con la victoria del 'no' en el referéndum constitucional del 4 de diciembre, otra consulta popular aparece en el horizonte y amenaza con tener el mismo efecto devastador para el flamante Ejecutivo italiano, dirigido por Paolo Gentiloni y nacido hace dos días. Este nuevo plebiscito pretende acabar con otro de los grandes proyectos impulsados por Renzi: la reforma laboral, responsable a su juicio de que se hayan creado más de 600.000 puestos de trabajo, pero que para la oposición y para las organizaciones laborales sólo ha conseguido aumentar la precariedad y la explotación en muchas empresas.

El Tribunal Constitucional anunció el pasado miércoles que el próximo 11 de enero examinará si admite la petición para convocar el referéndum cursada por la CGIL, el principal sindicato del país, después de recoger tres millones de firmas de apoyo. Los analistas consideran probable que la Corte no encuentre impedimento para celebrar esta consulta la próxima primavera. El resultado del 4 de diciembre, en el que el 'no' casi alcanzó el 60% de los votos, hace pensar que el Partido Democrático (PD, la formación de Renzi) sufrirá otro revés en el próximo plebiscito, impulsado además por el gran rechazo social que ha generado la reforma laboral. El eventual referéndum tendría así un triple efecto: debilitaría al PD, fulminaría probablemente al Gobierno de Gentiloni y le pondría a Renzi cuesta arriba su vuelta al poder en unas futuras elecciones.

Que el anuncio del Constitucional llegara el mismo día en que el Ejecutivo conseguía superar las moción de investidura en el Senado debió de dejar descolocado al ministro de Trabajo, Giuliano Poletti, quien en un ataque de sinceridad reconoció cuáles son los planes para desactivar la consulta. «Me parece que la actitud que prevalece es la de acudir a las urnas pronto, en cualquier caso antes del plebiscito sobre la reforma laboral», comentó. Su postura está respaldada por la ley que suspende de forma automática todos los referéndums en trámite cuando se disuelven las Cámaras. Ante el revuelo que tuvieron sus palabras, reconoció que había metido la pata, pero ya era tarde para arreglarlo. Quedaba así claro que Gentiloni y Renzi desean que se convoquen comicios anticipados en los primeros meses del año que viene una vez que esté aprobada la nueva ley electoral. Será la oportunidad para que el primer ministro saliente intente un retorno al poder capitalizando los 13 millones de votos que logró el 'sí' el 4 de diciembre.

Pago con vales

Entre las denuncias que la CGIL hace de la reforma laboral hay una especialmente sangrante. El sindicato pide la abolición de los vales como forma de pago, un sistema que facilita el trabajo en condiciones irregulares y precarias. Estaba en principio pensado para empleos temporales en la agricultura, pero ha acabado extendiéndose a todos los sectores. Hay 1,4 millones de italianos, la mayoría mujeres jóvenes, que reciben su sueldo en vales.

Otro de los puntos que critica la CGIL es el cambio introducido por Renzi, según el cual no hay obligación de readmitir a un asalariado aunque un juez considere injustificado el despido. La tercera demanda del sindicato es que vuelva la obligatoriedad a las empresas de controlar que las firmas a las que subcontratan trabajos están en regla tanto con su plantilla como con el fisco.

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