Italia provoca la desunión bancaria en un momento clave para el euro

El instrumento de garantía de depósitos común ha quedado relegado en el fondo del cajón porque Alemania y Holanda no se fían de Roma.

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La «decisiva» eurocumbre de junio, quizá la más decisiva en años (con el permiso de Grecia, claro), se aproxima a pasos agigantados con un sinfín de incógnitas por resolver. Lo hace, eso sí, con el chute de optimismo que el martes inyectó el acuerdo político alcanzando por el eje francoalemán y que el martes vendieron Angela Merkel y Emmanuel Macron para refundar el euro en la que ya se conoce como 'Declaración de Meseberg' (localidad germana donde se reunieron).

Sí, el verbo es 'vender'. Ahora, toca esperar si alguien lo compra, sobre todo a países como Holanda, el nuevo 'míster no' de la UE. Que si un presupuesto común para la Eurozona, que si el diseño de préstamos 'light' para ayudar a países en problemas, que si la conversión del MEDE en un suerte de FMI europeo que suponga una red de seguridad ('backstop') de decenas de miles de millones dentro de la unión bancaria...

La música vuelve a sonar de fábula, pero lo relevante, como siempre, será la letra pequeña. Los detalles, el diablo. Tan importes son las palabras como los silencios y en Meseberg, los hubo y atronadores. ¿Y la unión bancaria? ¿Y el fondo de garantía de depósitos común? Ni palabra. Apenas una vaga mención recordando la necesidad de establecer la enésima «hoja de ruta política» para ir perfilándola. Es el mismo mensaje que viene lanzándose desde hace meses e incluso años.

«¿El EDIS? ¿Ahora? ¿Con este Gobierno italiano? Imposible, los objetivos a corto plazo son otros. Nos podemos dar con un canto a los dientes si logran un compromiso político para seguir avanzando en el asunto», confiesa a EL CORREO un alto cargo comunitario que conoce de primera mano los entresijos de ese 'ahora o nunca' en el que se ha convertido la reforma de la Eurozona.

Holanda, el nuevo 'Míster no'

Bruselas, el kilómetro cero, es una maraña de siglas anglosajonas capaz de volver loco a cualquiera. EDIS: Dícese del fondo de garantía de depósitos común, el tercer y último pilar de la unión bancaria tras la creación de mecanismo único de supervisión (MUS) y de resolución (MUR). Dícese también del instrumento que hará que los 100.000 euros que ahora están garantizados por leyes nacionales lo estén por la UE. Se trata, en definitiva, de afianzar la filosofía que busca que no haya bancos españoles, italianos, alemanes, griegos, irlandeses o belgas, sino entidades financieras europeas. Demasiado bonito para ser verdad, cierto.

Y es que eso de compartir riesgos sigue provocando sarpullidos en Alemania, pero también en otros ocho países que conforman un grupo liderado por Holanda y en el que también están Austria, los bálticos y los nórdicos. Su mensaje es claro: para compartir riesgos, primero hay que reducirlos, e Italia lo tiene todo para provocar la desconfianza de sus socios europeos. No sólo por el actual gobierno euroescéptico liderado por el tecnócrata Giussepe Conte, también por su elevadísima deuda pública (superior al 130%) o el 15% de préstamos dudosos (los NPL) que sigue arrastrando su sistema bancario, el triple de la media europea.

«No podemos decir que el EDIS está definitivamente muerto, pero esperar progresos esta cumbre no es realista a día de hoy», asegura un alto cargo del Eurogrupo. Lo paradójico es cómo lo que era esencial hace unos meses, ha quedado aparcado sin el menor reparo. Bruselas ha cambiado el chip por completo.

Esta semana, eurocumbre

Así se evidenció en la reunión de ministro de Finanzas celebrada el pasado jueves en Luxemburgo. Al habla la titular española, Nadia Calviño: «Yo no considero que el EDIS sea la pieza clave. Creo que hemos avanzado mucho en la supervisión única, en la resolución única y que la unión bancaria no estará completa hasta que no tengamos un fondo de garantía de depósitos. Pero eso no quiere decir que sea imprescindible ahora mismo o que si no se acuerda sea un fracaso. Simplemente que es un tema que debemos tener en mente y no debemos olvidar». Si al Gobierno de Mariano Rajoy le llovieron palos por su falta de ambición en este debate, Sánchez parece haber bajado el listón un poco más para no desentonar del acuerdo francoalemán.

Lo que toca ahora es vender optimismo y no ver el vaso medio lleno, sino a punto de desbordarse. Bruselas sigue inmersa en su particular batalla del relato en un momento en el que las graves crisis, como la migratoria, vuelven a dominar el día a día del club. «El acuerdo entre Berlín y París es una propuesta crucial que ahora debe ir más allá y concretarse», se felicitó el comisario de Economía, Pierre Moscovici. Sin embargo, la Comisión ve cómo recientes propuestas del Colegio de Comisarios como el lanzamiento de una suerte de 'eurobonos light' ni siquiera se han tenido en cuenta como un proyecto de futuro. Ni línea. Nada.

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