Argelia recurre a las "finanzas islámicas" para tratar de atajar la crisis

Atosigado por la profundidad de la crisis que padece desde 2014, Argelia ha decidido recurrir por vez primera a las llamadas "finanzas islámicas", una forma de introducir la "ley islámica" o "Sharia" en la economía.

Según el propio primer ministro, Ahmed Ouyahia, el fin es atraer a aquellos inversores que se niegan a integrarse en el mercado capitalista y en el sector bancario por prejuicios religiosos.

"He pedido al gobernador del Banco Central que estudie el tema. Hasta julio de 2017 estos fondos se calculaban en 270.000 millones de dinares (unos 2.000 millones de euros). No es suficiente para resolver los problemas de Argelia", afirmó.

"Pero con la introducción de las finanzas islámicas, como un mecanismo más, los titulares de estos fondos, o una parte de ellos, cuyas reticencias son de orden ideológico, pueden sumarse a los bancos", explicó en el Parlamento.

La finanzas islámicas son habituales en otros países musulmanes, en particular en los estados del golfo Pérsico, y se basan en la interpretación de una sura de El Corán en la que se condena la usura.

Según estos inversores, los intereses que cobran y pagan en la actualidad los bancos son una forma de usura, por lo que los préstamos que ellos manejan se basan en los beneficios para respetar la ley.

También evitan invertir en empresas y valores que se dedican a actividades que se consideran ilícitas o pecaminosas según la ley islámica, como el tabaco y el alcohol.

Según el presidente de la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras (ABEF), Bualem Yebbar, las primeras operaciones de esta naturaleza serán aplicadas por algunos bancos argelinos antes de finales de 2017

Incluso dos bancos del sector público también ofrecerán productos financieros conformes a la jurisprudencia musulmana a partir de la misma fecha, y cuatro más a partir de 2018, reveló el propio jefe del Ejecutivo.

"Este proyecto es parte del deseo de los bancos de diversificar sus productos y satisfacer a clientes potenciales. Hay un mercado y una clientela que busca este tipo de financiación y los bancos tienen que responder a esa demanda", dijo Yebbar.

Para expertos en finanzas como el economista Mohamed Wali, este recurso sería una excelente iniciativa si se inscribiera en una estrategia destinada a "materializar una visión global de desarrollo de la economía productiva argelina, pero no es el caso".

"La paradoja es que las finanzas islámicas, aunque son un segmento muy atractivo en términos de demanda, gracias a la religiosidad de la sociedad, no son suficientes", explicó a Efe el economista.

Debería incluir otras tres condiciones: repensar a fondo el mismo sistema bancario, facilitando el acceso a los créditos para las pequeñas y medianas empresas, y aplicar los procesos de acompañamiento en su desarrollo, afirmó.

Y desarrollar el mercado de capitales a través de la aparición de verdaderos bancos de inversión local, la única manera de impulsar la construcción de un tejido industrial diversificado y competitivo, además de integrar las nuevas tecnologías y sus aplicaciones, subrayó Wali.

En su camino hacia la introducción de los principios religiosos en la economía, el gobierno argelino también prevé emitir deuda soberana a través de "Sukuk", una forma de bonos islámicos que se sostienen también en el principio del cobro de beneficios.

Según los expertos, estos Sukuk buscan que Argelia pueda financiar su déficit en los mercados financieros islámicos.

En paralelo, el Gobierno argelino ha recurrido también a técnicas de financiación no convencionales para poder disponer de efectivo, inyectar liquidez de forma masiva en el tesoro y poder pagar así la mastodóntica factura que supone el mantenimiento del funcionariado en Argelia.

Semanas atrás, el nuevo Ejecutivo dirigido por Ouyahia enmendó la ley para permitir que el Banco Central Argelino pudiera prestar de forma directa al Tesoro Nacional, una medida que ha sido ampliamente criticada.

Ambas decisiones tratan de frenar el descenso abrupto de las reservas de divisas, que en apenas tres años han bajado desde los más de 185.000 millones de euros acumulados en 2014 a los menos de 100.000 millones actuales.

Y evitar recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros mercados de deuda internacionales para mantener un sistema económico de naturaleza socialista, basado en el tutelaje del Estado a través de los subsidios a los productos básicos y la sector público como principal fuente de empleo.

Además de mantener la paz social en un país con grandes cifras de paro, una importante economía sumergida, sin apenas industria y con una sola riqueza explotada, el petróleo y el gas, que supone el 96 por ciento de sus exportaciones y el 60 por ciento de los ingresos del Estado.

Ahora, con un déficit presupuestario del 12,9 % del PIB (según datos del FMI en 2016), Argelia tiene que buscar 18.000 millones de dólares en los mercados financieros, o en la economía informal, que según el Banco de Argelia representa un 20.000 millones de dólares en circulación.

Defendido por el Gobierno, los expertos creen sin embargo que es un error, ya que generará tensiones inflacionistas, erosión del poder adquisitivo y depreciación del dinar.

"El déficit presupuestario puede aliviarse artificialmente a corto plazo, pero es una herramienta ilusoria porque generará una depreciación aún más dramática del dinar que irá progresivamente anulando el efecto", explicó Wali.

"Dificultades que no puede admitir el sistema político actual, a quince meses de las próximas elecciones presidenciales. Su único problema es ganar tiempo hasta 2019", estimó.

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