Inversores corriendo detrás de las cotizaciones: ¿el preludio de la tormenta perfecta?
Los inversores apuestan por el mercado de derivados para reconstruir rápidamente sus posiciones en bolsa, una situación anormal que refleja un miedo extremo a perderse el rally
Con el IBEX 35 y sus principales homólogos europeos y estadounidenses en zona de máximos históricos, la sensación es que los inversores navegan por una balsa de aceite, con un mercado en apariencia muy tranquilo, pero que esconde más amenazas de las que cabría pensar.
Tras la fuerte corrección de julio, buena parte del mercado se quedó con una exposición demasiado baja a la renta variable, justo cuando arrancó una de las mejores temporadas de resultados de los últimos años.
No obstante, el rebote posterior ha obligado a muchos gestores a entrar de nuevo en el mercado, más por una suerte de FOMO impulsivo (en el argot, el miedo a perderse las subidas) que por un convencimiento real.
Las huellas de este posicionamiento con visos de urgencia se reflejan claramente en los mercados de derivados. Así, las opciones de compra (conocidas como calls) se han convertido en el instrumento favorito de los gestores para recuperar exposición al mercado, mientras que las opciones put (utilizadas como cobertura normalmente), han perdido peso en la operativa, de acuerdo con los datos de Bloomberg.
La brecha de precios entre ambos tipos de derivados es gigantesca y ha alcanzado proporciones “bíblicas”, tal y como apunta Charlie McElligott, estratega de activos cruzados de Nomura. Como muestra, las opciones de compra sobre el S&P500 están en máximos históricos.
Del miedo de los inversores al FOMO
La situación dista mucho de ser normal. Una primera evidencia aparece en las métricas de volatilidad, que aumentan más en las sesiones alcistas que en las bajistas, algo que muy raras veces sucede en condiciones normales de mercado.
La explicación está en el posicionamiento. Tras las caídas de julio, muchos inversores quedaron infraponderados en renta variable, y cuando las bolsas comenzaron a subir de nuevo y batieron máximos históricos, se vieron obligados a reconstruir sus posiciones para evitar quedarse rezagados respecto a sus índices de referencia, tirando principalmente de opciones call o de compra.
Esta manera de perseguir las cotizaciones tiene un componente de retroalimentación. La compra de opciones call (alcistas) obliga a los intermediarios que las venden a cubrir su posición comprando acciones o futuros, lo que intensifica la presión compradora.
Pero más allá del componente técnico de la operativa con derivados, también hay un importante matiz psicológico. Así, Goldman Sachs ha detectado una rápida desaparición del miedo, como constata Lee Coppersmith, especialista en derivados y flujos del banco, tras analizar la volatilidad implícita del Nasdaq 100 y el S&P500.
Así, los datos reflejan que el miedo a perderse las subidas es mucho más intenso que el temor a las caídas. Sin ir más lejos, el propio indicador de pánico utilizado por la mesa de Goldman Sachs se desplomó desde una lectura de 7,9 a finales de julio hasta menos de uno, su nivel más bajo desde junio de 2024.
Mientras tanto, el VIX, conocido como el índice del miedo de Wall Street, ha regresado a la zona de los 15 puntos después de haber rondado los 21 durante el último mes.
Un rally con fundamentales…pero también con peligros
Con todo, tampoco se puede decir que la apuesta de los inversores por perseguir las cotizaciones sea como tirar una moneda al aire, pues la realidad es que al rally tampoco le faltan sus justificaciones fundamentales.
En concreto, los beneficios empresariales siguen ofreciendo respaldo a las cotizaciones y el ciclo de inversión vinculado a la inteligencia artificial continúa siendo potente, según destaca Vincent Chaigneau, responsable de Análisis de Generali Investments.
La cuestión no es que los inversores hayan perdido contacto con los fundamentales de las compañías y vivan una especie de realidad paralela. El problema es lo que están pagando los inversores por estas compañías y cómo se están posicionando para regresar al mercado.
Con las valoraciones actuales y la elevada concentración de los índices, la renta variable estadounidense ofrece, a medio plazo, una relación riesgo-retorno mucho menos favorable que durante los últimos 15 años.
La gestora recuerda que las enormes rentabilidades obtenidas durante ese periodo fueron posibles gracias a una combinación difícil de repetir, a base de beneficios empresariales que capturaron una parte cada vez mayor del PIB y provocaron una fuerte expansión de múltiplos.
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