Trump cambia su política exterior y ataca a Siria

El pasado miércoles, el Donald Trump más sombrío comparecía en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca junto al rey Abdalá de Jordania y avanzó un cambio de posición respecto a Siria tras el ataque químico del presidente Bashar al Assad contra población civil. Le preguntaron cómo iba a reaccionar y el presidente de EE.UU. se negó a dar ninguna pista. Su justificación era no perder el elemento de sorpresa y, sin duda, lo consiguió.

El bombardeo de la madrugada de este vienes contra una base aérea del ejército sirio pilló desprevenido a todo el mundo, en una represalia que tardó poco más de 48 horas en orquestarse. La sorpresa también se debe a que el ataque estadounidense cambia de forma brusca el rumbo de la política exterior estadounidense en general y, en concreto, sobre Siria.

Trump ha defendido un EE.UU. menos intervencionista, que solo opere para defender los intereses de seguridad y económicos propios. En Siria, el presidente de EE.UU. ha centrado los esfuerzos en la derrota de Daesh, que controla territorios amplios del país y contra quien lucha dentro de una coalición internacional, y no perder energía en expulsar a un dictador que cuenta con el respaldo de Rusia y de Irán.

El de este viernes, sin embargo, es el primer ataque que EE.UU. realiza contra fuerzas del Gobierno de Al Assad en los seis años que Siria lleva en una guerra civil sangrienta y que ha provocado una crisis de refugiados con repercusiones en todo el mundo.

EE.UU. ejecutó la represalia hacia las 3.40 de la madrugada -2.40 de la madrugada en España- desde dos destructores situados en el este del Mediterráneo. Ambas naves -el USS Ross y el USS Porter- tienen en la base militar de Rota (Cádiz) como su centro principal cuando no están desplegados en operaciones.

Tomahakw lanzado desde el USS Ross, en imagen difundida por la Marina estadounidense
Tomahakw lanzado desde el USS Ross, en imagen difundida por la Marina estadounidense- Reuters

El objetivo del ataque era la base de Shayrat, un aeropuerto militar del ejército sirio cerca de la frontera con Líbano desde el que volaron los aviones que ejecutaron el ataque con gas sarín del pasado martes en Khan Sheikhoun, una zona del Norte del país controlada por grupos opositores a Al Assad.

En tres o cuatro minutos, según informó el Pentágono, llovieron 59 misiles Tomahawk con la intención de reducir la capacidad aérea del Gobierno de Damasco y debilitar su capacidad para ataques químicos futuros. Se buscó destruir cazas, hangares, equipamiento de radar, búnkeres para munición, almacenes de combustible y sistemas de defensa aéreos.

Fue un ataque limitado, centrado en eliminar equipamiento y no en afectar a personal de Siria o de Rusia, que tiene elementos de su ejército que también operan desde esa base.

Según la Casa Blanca, no hubo una comunicación directa con el Gobierno de Vladimir Putin para avisar sobre el ataque, pero sí se activaron canales de comunicación acordados entre ambos países ante situaciones de este tipo.

El discurso de Donald Trump

«Los intentos durante años de cambiar el comportamiento de Al Assad han fracasado, y lo han hecho de forma dramática», justificó Trump en un discurso televisado pocas horas después del ataque. «Como resultado la crisis de los refugiados se profundiza y la región sigue desestabilizándose, lo que supone una amenaza para EE.UU. y sus aliados».

El presidente de EE.UU. hizo además un llamamiento «a todos los países civilizados» para que contribuyan en «el final de la matanza sangrienta en Siria y también en el final del terrorismo en todas sus formas».

«Los intentos durante años de cambiar el comportamiento de Al Assad han fracasado»Donald Trump, presidente de Estados Unidos

Un mensaje que llegó al mismo tiempo que fuentes opositoras denunciaban un nuevo ataque aéreo contra Jan Sheijún, la localidad de Idlib que el martes fue escenario de un ataque con armas químicas. La agencia oficial Sana informó de la muerte de al menos nueve civiles, entre ellos cuatro niños, en las aldeas vecinas a la base de Shayrat y el ministerio de Defensa señaló que seis personas murieron dentro de la propia base a causa de la operación nocturna de EEUU.

Imagen colgada en Twitter por el secretario de Prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, en la que Donald Trump recibe en su mansión de Palm Beach (Florida) información de su equipo de seguridad nacional sobre la acción militar en Siria
Imagen colgada en Twitter por el secretario de Prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, en la que Donald Trump recibe en su mansión de Palm Beach (Florida) información de su equipo de seguridad nacional sobre la acción militar en Siria- Afp

El secretario de Estado de EE.UU., Rex Tillerson, compareció también tras el ataque para explicar que la acción no suponía «un cambio en nuestra político o posición sobre nuestras actividades militares en Siria», pero que demuestra que Trump «va a actuar» cuando otros Gobiernos o entes «traspasen la línea de esta forma inhumana», en una referencia clara a las «líneas rojas» que estableció Barack Obama tras otros ataques de Al Assad, pero que no cumplió.

Tillerson negó además que la represalia se debiera a una «reacción emocional» de Trump ante las imágenes de los ataques químicos, sino a una conclusión de que EE.UU. «no puede mirar para otro lado» ante agresiones de este tipo.

«Estamos preparados para hacer más. Esperamos que no sea necesario»Nikki Haley, embajadora de EE.UU. ante Naciones Unidas
Nikki Haley

El ataque, en cualquier caso, abre muchos interrogantes sobre qué efectos tendrá en adelante. Manda una señal a países como Rusia, Irán o Corea del Norte y quizá abre un imprevisto intervencionismo de EE.UU. en el exterior. Al menos, si se sigue la justificación que dio Trump tras su decisión: «Ningún hijo de Dios debería sufrir nunca esos horrores».

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