Sara Ráez, la valentía de no defraudar

«El mundo es de los valientes, así que adelante», es un poso en la conversación que lo cambia todo. Aflora la raza y sonríe al miedo: hola, soy Sara Ráez y no estoy dispuesta a rendirme. El tiempo pasa, pero ya no pesa. Fuera, espera Santiago; dentro, la presión de no defraudar. De la mano de Andrés Suárez y al calor de los «Cómplices de Mahou», esta cantautora de voz suave y acordes satinados, entró la semana pasada en el elenco de los elegidos: Leiva, Iván Ferreiro, Sidonie, Zahara...

- «¿Se lo cree?»

- «Pues imagínate como estoy, me están temblando las piernas...»

Sobrada de nervios, pero con la música al infinito, es en la viveza de sus ojos donde habita la ternura: «No sé hacer otra cosa, lo siento». Si no hay más faro en el camino, por qué plegarse ante los que solo ven oscuridad, ante los que hace tres años le espetaron con firmeza 'no te vayas': «Estás lejos de tu casa, no tienes un apoyo ahí cerquita y encima...». Encima no siempre es fácil porque «muchas veces vas con la guitarra a tocar a un sitio y no hay nadie esperándote», pero ahora, «gracias a Dios», es otra historia. «Parece que el trabajo que hay detrás empieza a verse más».

- «¿Por qué decide marcharse a Madrid?

- «Si uno quiere dedicarse al mundo de la música debe pasar por Madrid».

No es viaje fácil cambiar un lugar de menos de 35.000 habitantes por otro de más de 3 millones. «Cuando uno viene de un pueblo y más de un pueblo tan pequeño como el mío, donde la gente vive con las puertas abiertas, te das cuenta de la diferencia. El ambiente social que hay en una ciudad así es una locura», recuerda Sara, para quien cualquier cosa, por insignificante que hoy pueda parecer, resultaba motivo de atención: «Me sorprendía la gente que iba corriendo por las escalerillas del Metro, me decía a mí misma ¡por qué corréis! si ya se están moviendo...».

- «¿Ya no lo ve así?»

- «Te acabas sumergiendo en esa vorágine, aprendes a espabilar rápido».

Sus palabras hablan; sus ojos, transmiten; ¿sus gestos? delatan. Sara está nerviosa, su cómplice Andrés impone, los cómplices que empiezan a invadir la sala Malatesta acechan. No importa. Sostiene la mirada y escucha con orgullo el nombre de Manuel Carrasco. Al poco de hacer las maletas ganó un concurso cuyo premio era ser telonera del onubense: «Fue mi hermana la que me apuntó, sobre todo por mi familia que veía que estaba en un momento de no saber qué hacer, si seguir con la música... estaba también estudiando interpretación... tenía varios frentes y nada claro el horizonte».

- «Logró encauzar su camino?»

- «Aquello fue un achuchón de confianza, que buena falta me hacía. Necesitaba un empujón y mira, al final salió, a lo mejor tenía que ser así y gracias a eso estamos aquí hablando».

Cuesta responder, así que la charla fluye rumbo a su música. «Antes de saber quien era» es el resultado de su segundo disco, un alegato que pone en duda la capacidad de conocerse a sí mismo: «En mi caso que nunca lo haga, si no dejaría de escribir muy pronto». Para ponerlo en marcha tuvo que llevar a cabo una campaña de 'crowdfunding' «porque en ese momento no tenía otros medios». Con algo de desconfianza «pero llena de ilusión» lanzaron la campaña al aire, «a ver que pasaba...», y al final salió bien. Un acceso al circuito de cantautores donde su cerradura no siempre tuvo llave: «Hace muchos años grabé un primer disco y no era el momento... toqué muchas puertas pero no abrieron ninguna. Esto funciona así, hoy estás y mañana nadie sabe».

- «¿Le asusta lo que pueda venir?»

- «El mundo es de los valientes, así que adelante».

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