Partido Popular: Feijóo no ha dicho la última palabra
Este es el análisis, partido a partido, de las opciones que se le presentan a las cuatro grandes formaciones políticas ante un escenario inesperado que ha vuelto obsoletas aquellas estrategias. Hoy publicamos la segunda entrega, relativa al PP
No es una casualidad ni sorpresa que el PP sea el partido que en los próximos meses debe hacer un mayor esfuerzo para resituarse. Ha sido la formación más inmovilista en los últimos tiempos, la que menos ha renovado sus líderes y la que menos ha debatido internamente. Como muchas veces repetía su incontestado líder: "lo del PP es gobernar". Se olvidó muchas veces Mariano Rajoy de que cualquier acción de gobierno necesita un debate cuando no un consenso antes de adoptar decisiones. Y, sobre todo, cometió el grave error de ignorar los casos de corrupción que surgían en el partido, poniendo el énfasis en que sólo podrían ser dañinos si llegaran acompañados de condena judicial. Y llegó la condena.
Apartado del gobierno por la moción de censura y abandonado el Congreso por decisión propia, Mariano Rajoy ha dejado un partido que va a vivir en los próximos meses un duro enfrentamiento interno del que deberá salir su sucesor o sucesora. No hay ninguna duda de que ello supondrá un coste político importante para el partido. Como ya ha indicado algunos de los candidatos a presidir el PP, no se trata sólo de buscar el sustituto de Rajoy sino de debatir y profundizar en las señas de identidad del partido, de acuerdo con los retos de la sociedad española actual. Ingente tarea que, sin duda, consumirá más de dos años y, seguramente, más de una legislatura. El presidente de la Xunta, Núñez Feijóo parece haber leído de forma inteligente el futuro más cercano de su partido. Ha declinado ahora presentarse como candidato con el argumento de que tiene con Galicia un compromiso hasta el 2020, aunque con ello evita también meterse en una lucha que ahora le va a dar más problemas que satisfacciones. Núñez Feijo sabe bien que los próximos meses serán duros para el PP y que, tras la elección del nuevo líder del partido, se habrá de producir una depuración que dejará heridas y mucho coste personal y político entre algunos de los que hasta hace bien poco eran grandes protagonistasdel partido. Y esa labor hace bien el presidente de la Xunta en tratar de evitarla. Lo normal es que el nuevo equipo del partido acuda a las elecciones del 2020 y sus resultados nacionales, municipales y autonómicos, como consecuencia de la fuerte crisis interna del partido, no sean los esperados por una militancia deseosa de tomase la revancha tras la caída de Rajoy. Un partido como el PP tan acostumbrado a los éxitos electorales en los últimos tiempos encajará mal un derrota de cierta envergadura y en todos los frentes con la amenaza, además, de un partido como Ciudadanos, dispuesto a segarle la hierba allí donde pueda. Quien suceda a Rajoy deberá, antes que nada, preparar al partido ante esta eventualidad para que una posible derrota no se vea acompañada también de un efecto desmovilizador.
Esta situación daría a Núñez Feijó la posibilidad de desembarcar a partir del 2020 en Génova 3, una vez liberado de sus responsabilidades gallegas. Encontraría un PP diezmado, pero saneado y tendría por delante una legislatura para ejercer de oposición y armar un partido con pretensiones, nada fáciles, de reconquistar La Moncloa en el 2024, si no se llegaran a producir antes las elecciones.
Ahora, la batalla por la sucesión no ofrece un claro ganador. En teoría, debería tener ventaja la ex secretaria general del partido al controlar el aparato. Pero, no hay duda de que la ex vicepresidenta ha creado, tras muchos años de control político, una red de fieles -también de enemigos- que va a resultar decisiva. En estas circunstancias no sería muy arriesgado afirmar que Sáenz de Santamaría cuenta con más posibilidades de éxito que Cospedal.
En cualquier caso, el nuevo Partido Popular tendrá varios frentes a los que prestar una atención especial. Naturalmente, deberá dar soluciones a los casos pendientes judicialmente de corrupción sin buscar disculpas ni mantener la estrategia de diferir en el tiempo las soluciones. El diferimiento no le ha dado buen resultado al PP. Concluida la etapa de Mariano Rajoy, sería recomendable que el sucesor o sucesora pidiera a la sociedad española disculpas por los casos de corrupción que han tenido como protagonistas a miembros
del partido, manifestando, al mismo tiempo, su propósito de actuar con firmeza
y contundencia ante los nuevos casos que puedan aparecer. No basta con señalar
que ya no pertenecen al partido. Si no lo hicieran así, estarían perdiendo una
gran oportunidad para mostrar el verdadero espíritu de regeneración.
En su política de oposición dependerá de
la acción del nuevo gobierno, pero debería tratar de ir más allá y que su
agenda no dependa de la iniciativa de Pedro Sánchez. Ha de contar, además, con
que tendrá pegado constantemente a su lado, con la esperanza de aprovechar
cualquier desliz, a Ciudadanos.
(Mañana publicaremos la tercera entrega de esta serie de artículos escritos por el periodista Rafael Rubio: III. Ciudadanos, el gran descoloque).
Ayer publicamos el primer capítulo de este análisis de Rafael Rubio: PSOE: ¿Quién dice que no habrá elecciones hasta 2020?