Mozart en la corte de Buster Keaton

El Teatro Real recibe esta semana a Buster Keaton, Louise Brooks, Rodolfo Valentino y otras estrellas del Hollywood del cine mudo. En él se inspiró el director de escena Barrie Kosky para crear una celebrada producción de «La flauta mágica», de Mozart, que se estrenó hace algo más de tres años en la Komische Oper de Berlín, y que llega el sábado al coliseo madrileño, con dirección musical de Ivor Bolton. Se trata de una creación de la compañía británica 1927, que el mes pasado estuvo en Madrid con otro de sus espectáculos, «Golem».

La principal singularidad de este montaje es que no tiene escenografía; la historia se desarrolla en una pantalla, en la que los cantantes interactúan con las proyecciones de una película de animación que reproduce el universo del cine mudo. Así, los personajes de la ópera se convierten en algunos de los grandes protagonistas de aquella etapa: Tamino recuerda a Rodolfo Valentino, Pamina a Louise Brooks en la película «Lulu», Papageno a Buster Keaton y Monostatos al Max Schreck de «Nosferatu». «Resulta muy chocante -confiesa el director artístico del Teatro Real, Joan Matabosch-, pero es una propuesta perfectamente pertinente; es una recodificación de la ópera, pero en el mismo sentido en que la compuso Mozart».

La producción presenta un doble reparto, que incluye a Christof Fischesser y Rafael Siwk (Sarastro), Joel Prieto y Norman Reinhardt (Tamino), Ana Durlovski y Kathryn Lewek (Reina de la Noche), Sophie Bevan y Sylvia Schwartz (Pamina) y Joan Martin-Royo y Gabriel Bermúdez (Papageno), en los principales papeles.

No hay escenografía en esta producción, sino simplemente una pantalla en la que se proyectan animaciones con las que interactúan los cantantes

«Es un montaje complicado -explica Tobias Ribitzki, encargado de reproducir en Madrid la puesta en escena original-; Mozart siempre es difícil, en realidad, pero aquí los cantantes se convierten en actores que interactúan con las proyecciones. No las ven, porque están situados detrás de la pantalla, así que han de conocer a la perfección los movimientos. El reto de esta producción es que el público se crea que los actores son parte de la animación».

La conexión con el cine mudo se extiende a la parte de los diálogos. «No los interpretan los cantantes -explica Ribitzki-, sino que, como se hacía entones, se proyectan en la pantalla con una música de piano como acompañamiento». En este caso, serán fragmentos de dos fantasías mozartianas: las que escribió en Do menor y en Re menor respectivamente.

El ilustrador Paul Barritt y la escritora y actriz Suzanne Andrade (codirectora de escena de esta producción) crearon hace una década la compañía 1927. Desde entonces, sus espectáculos han experimentado con la únión entre interpretación, música en directo y animación. La imaginería del cine mudo ha estado presente en buena parte de sus trabajos como inspiración.

«La flauta mágica» fue estrenada el 30 de septiembre de 1792 en el Theater auf der Wieden de Viena, uno de los escenarios poco nobles de la capital austríaca, que era propiedad del libretista de la ópera, Emanuel Schikaneder. «Ambos eran masones, y ésta se considera la primera ópera masónica», explica Ivor Bolton, para quien esta obra ha sido uno de los caballos de batalla de su carrera. «Y esta producción -sigue- capta perfectamente el concepto de la Ilustración que está presente en la ópera, esa necesidad de pasar del oscurantismo hacia la luz que proclama».

Cuatro claves

Ópera masónica. Tanto Mozart como el libretista de «La flauta mágica», eran masones. Y en esta obra están las ideas de la masonería. Incluso se puede seguir en ella el ritual de Iniciación masónica del Rito Zinnendorf. La obertura comienza con tres acordes similares a las denominadas «baterías masónicas» de diversos ritos; hay otros puntos de conexión, como la lucha entre la oscuridad y la luz, que es uno de los leitmotiv de las enseñanzas masónicas.

Obra popular. «La flauta mágica» es, en realidad, un singspiel, un género popular que combina partes cantadas y partes habladas. Se estrenó en el Theater auf der Wieden de Viena, en lo que entonces eran los suburbios de la ciudad. Cuenta Ivor Bolton que para algunos papeles (Papageno, Pamina...) Mozart debía contar con cantantes que no eran demasiado virtuosos, y por eso escribió una música más simple, mientras que otros personajes (la Reina de la Noche, Monostatos), los encarnaron cantantes de mayor calidad, y sus partes están escritas de modo más sofisticado.

Reparto español. Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real, se muestra muy orgulloso de que en el doble reparto de «La flauta mágica» figuren dieciséis cantantes españoles. «Es un hecho a destacar. Pero ninguno de ellos está aquí por ser españoles, sino porque son cantantes excepcionales»,

Actividades paralelas. El Teatro Real ha organizado una serie de actividades paralelas en colaboración con otras entidades; entre ellas, un ciclo de películas de Buster Keaton y el slapstick en el Círculo de Bellas Artes; un taller en el propio Real, dentro del ciclo «¡Todos a la Gayarre!», concebido y presentado por Fernando Palacios; un concierto de cámara con obras de Prokofiev, Wagner y Mozart; y la proyección en la Filmoteca Española de la película que Ingmar Bergman dirigió sobre «La flauta mágica» en 1975.










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