Los puntos fuertes del bronco debate entre Macron y Le Pen

Los candidatos al Elíseo multiplicaron los ataques y las acusaciones mutuas en un intercambio de golpes sin concesiones

El centrista Emmanuel Macron y la ultraderechista Marine Le Pen protagonizaron anoche un bronco y desabrido debate televisivo sin concesiones ni tregua en el que jugaron a fondo las bazas de victoria en las elecciones presidenciales del próximo domingo. Los dos candidatos al Elíseo abrieron de inmediato las hostilidades y se enzarzaron en constantes acusaciones mutuas con el afán, una, de destacar el perfil continuista del poder socialista en su rival y, el otro, las mentiras y la ausencia de programa creíble en su adversaria.

Le Pen se lanzó al abordaje desde el gong inicial. En un preámbulo calculado para embarrar el campo, tildó a su adversario de representante de "niño mimado del sistema y de las élites". "La frialdad del banquero de negocios que nunca ha dejado de ser ha salido a la superficie", proclamó tras presentarlo como abanderado de "la globalización salvaje, la uberización, la precariedad, la brutalidad social, la guerra de todos contra todos, del saqueo económico, de los grandes intereses, del despedazamiento de Francia y el comunitarismo, todo ello pilotado por Hollande", el presidente saliente.

"Yo soy la candidata del pueblo y de la Francia protectora de los ciudadanos y las fronteras frente a la globalización y el islamismo", se definió en contraste de su oponente al que llamó "señor ministro". "¿O debo decir exconsejero de François Hollande?", le preguntó con una media sonrisa al titular de Economía durante dos años en el Ejecutivo socialista.

"Ha demostrado que no es la candidata del espíritu de sutileza y de la voluntad de un debate democrático, equilibrado y abierto. No me esperaba otra cosa", replicó Macron antes de subrayar la filiación ultraderechista de "la heredera de un apellido, un partido político y un sistema que prospera con la cólera de los franceses". "Desde hace 40 años tenemos a los Le Pen candidatos a la elección", recordó.

Acto seguido identificó a su interlocutora con el "espíritu derrotista" de quien piensa que "la globalización y el euro son muy duros". "Yo aporto el espíritu de conquista de una Francia que siempre ha tenido éxito en el mundo, cuya lengua se habla en todos los continentes y que es la quinta potencia mundial", afirmó con su proverbial talante optimista.

"Su estrategia es decir mentiras, usted no propone nada", acusó entre las constantes interrupciones de una interlocutora empeñada en encerrarle en el continuismo de Hollande. "Nunca he sido presidente de la República ni primer ministro, voy a hacer lo máximo para remediarlo", espetó el favorito en las encuestas. "Usted tiene una relación con la verdad que no es la buena, es el caso de todos los extremos", arremetió. "Su estrategia es decir muchas mentiras", agregó.

Le Pen procuró pulir la imagen dura, brusca y cortante que suscita hostilidad y rechazo en buena parte de la opinión pública. A la ofensiva sin caer en la agresividad brutal, pulió las arrugas de su fuerte personalidad como en el cartel electoral que explota su perfil femenino en un posado con falda, prenda inhabitual en su vestuario. Se esforzó por sonreír, mostrarse simpática y hablar más despacio que de costumbre. Trató de conservar la serenidad y demostrar su dimensión presidenciable.

Macron centró su estrategia en poner de manifiesto que el programa lepenista es irrealista, peligroso e incoherente. Fue constante el intento de llevar la discusión al terreno técnico en el que mejor se desenvuelve con la obsesión de no perder los nervios, mantener la sangre fría y evitar la arrogancia tecnocrática. Volcó sus dotes de persuasión en limar la impresión de inexperiencia y bisoñez en un político novato que se estrena con el sufragio universal y aspira, a los 39 años, a convertirse en el jefe del Estado más joven en la historia de Francia.

El cara a cara entre los finalistas no suele resultar decisivo en Francia pues históricamente se limita a aportar correcciones marginales. Pero en esta ocasión el impacto electoral podría ser mayor por su configuración inédita entre candidatos no pertenecientes a los grandes partidos de derecha e izquierda que se han alternado en el poder. Con la correlación de fuerzas estabilizada en un 60-40 a favor de Macron, la enjundia se focalizó en convencer al 18% de los ciudadanos seguros de ir a votar el domingo pero que no han expresado ninguna preferencia en las encuestas.

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