La rosa que marchitó Sánchez

Visto su rostro demudado, no sé si a Susana Díaz le servirá de consuelo responder a su orden de ejecución política emitida por Ferraz voceando lo que todos menos los muy cínicos saben: que esta pifia electoral es tan suya como de Pedro Sánchez. La lideresa del PSOE andaluz fabulaba con que ocurriera lo de siempre: ni el paro endémico, la pésima gestión sanitaria, los datos abisales de la Educación, el expolio impositivo, la corrupción sistémica o la Administración sobredimensionada podrían tumbar a la versión andaluza del PRI mexicano. Todo valía al PSOE, casi todo se le perdonaba y se aplaudía su demagógica verborrea de topicazo político. Hasta el domingo. La coraza era dura pero no tanto como para soportar al mismo tiempo el lógico desgaste del clientelismo y los embates del sanchismo. Mantener alejado de la campaña al lastre que es hoy el inquilino de la Moncloa no ha sido suficiente para evitar el hundimiento del socialismo porque hace tiempo que fue sustituido por el sanchismo, ese que cerró el puño no para sujetar la rosa sino para acabar de marchitarla.

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