La Casa Imperial de Japón niega que Akihito quiera abdicar

La Casa Imperial de Japón niega que el monarca nipón, Akihito, planee abdicar, como informaron ayer dos medios tan prestigiosos como la televisión pública NHK y la agencia de noticias Kyodo. Ante el revuelo causado, uno de los máximos responsables de la Casa Imperial, Shinichiro Yamamoto, aseguró anoche que «es absolutamente incierto», según publican este jueves los medios nipones. «El Emperador se ha abstenido de discutir asuntos de esta índole por su posición constitucional», explicó a los periodistas, informa el periódico «Japan Today».

El motivo es que la hipotética abdicación de Akihito sacudiría los cimientos de la rígida vida política nipona porque una decisión así no está prevista en la Constitución, lo que obligaría al Gobierno a llevar a cabo los pertinentes cambios legales. Aunque la figura del Emperador es meramente simbólica, su renuncia al Trono del Crisantemo conmocionaría a la sociedad nipona por el cariño que esta le profesa. Con prudencia, tanto el primer ministro, Shinzo Abe, como el portavoz del Gobierno, Yoshihide Suga, prefirieron no opinar sobre esta cuestión debido a su sensibilidad.

Pero su silencio oficial no evita que se haya abierto el debate entre los japoneses, que asisten asombrados a un intercambio de informaciones en uno y otro sentido. Mientras un funcionario del Palacio Imperial asegura a la agencia France Presse que no se está discutiendo la posible abdicación del monarca, el periódico líder «Yomiuri Shimbun» informa de que el Gobierno ha estado revisando en secreto esta posibilidad.

A sus 82 años, Akihito lleva en el trono desde 1989 y ha sufrido varios problemas de salud que le han obligado a someterse a importantes operaciones. En 2003 fue intervenido de un cáncer de próstata y, en 2012, pasó cuatro horas en el quirófano para una operación de «bypass» en el corazón. Al parecer, el Emperador se habría quejado de que ya puede cumplir sus funciones institucionales como quisiera debido a su avanzada edad y delicada salud.

Sin especificar cuándo, ya la habría comunicado a su hijo, el príncipe Naruhito, su intención, pero el relevo aún podría tardar varios años porque antes habría que promulgar las leyes necesarias. Naruhito, de 56 años, está casado con la princesa Masako, una antigua diplomática que arrastra una fuerte depresión por la presión de la Casa Imperial para darle a su marido un varón que herede el trono. Como la pareja no tiene más que una hija, Aiko, que no podrá suceder porque en Japón solo los hombres pueden heredar el trono, a Naruhito le sucederá su sobrino Hisahito, hijo del segundo vástago del Emperador, el príncipe Akishino, y la princesa Kiko.

Mientras se aclara este embrollo, la noticia ha sorprendido a los japoneses, ya que el último soberano que renunció al trono fue el Emperador Kokaku en 1817. Pero hasta una monarquía tan antigua como la nipona, que tiene más de 1.300 años de historia y cuyos soberanos estaban considerados como divinidades, parece condenada a modernizarse introduciendo la jubilación.

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