Jordi Turull, escudero del «procés» y convergente de la vieja escuela

Jordi Turull (Parets del Vallés, Barcelona, 1966) se labró la fama de diputado concienzudo en su batalla desde la oposición contra los informes fantasmas del tripartito. Abogado y con experiencia en la gestión pública en varios ayuntamientos, fue miembro del núcleo duro de la dirección de CDC y ejerció temporalmente de presidente del grupo de CiU en el Parlamento catalán después de que Oriol Pujol renunciase al cargo tras ser imputado en el caso ITV.

Ese caso es, precisamente, el principal obstáculo con el que Turull va a tropezar a la hora de convencer a la CUP para que cambien sus abstenciones por votos favorables y propicien su investidura como alternativa a Jordi Sánchez: los anticapitalistas difícilmente olvidarán la imagen de Turull arropando a Oriol Pujol y acompanándole a declarar al TSJC en 2013.

En realidad, y más allá de su condición de independentista convencido y hombre fuerte del «procés», si algo representa Turull es el eslabón que conecta la vieja Convergència con alianzas parlamentarias como Junts Pel Sí y Junts Catalunya. Hombre de partido especializado en moverse entre bambalinas, desde que con 16 años empezó a militar en las juventudes de CDC no ha hecho otra cosa que vivir de la política, primero con cargos técnicos en los ayuntamientos de San Vicent de Castellet y San Cugat del Vallés y, desde 2006, como diputado en el Parlament.

Fiel escudero de Artur Mas primero y Carles Puigdemont después, Turull ha ostentado puestos de peso en el Parlament como portavoz de CiU o jefe de grupo parlamentario cuando se creó Junts pel Sí, pero también tiene algo de eterno suplente: para entrar a formar parte del Gobierno catalán tuvo que esperar a que a otros les entrasen las dudas. Así, Turull no fue «recompensado» con la consejería de Presidencia hasta que Neus Munté renunció al cargo en julio de 2017, cuando los preparativos del referéndum implicaban una dedicación que no todos consejeros estaban dispuestos a ofrecer.

Ese nombramiento fue, en cierto modo, el renacer político de un Turull que poco antes ya había fracasado en su intento de aprovechar la refundación de CDC en el PDECat por hacerse con las riendas del partido: a pesar de su pedigrí convergente, Marta Pascal le arrebató coordinación general del partido.

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