Fago: más camas turísticas que vecinos diez años después del crimen

La belleza rotunda del corazón del Pirineo aragonés sigue aflorando en Fago, rico en historia, rico en naturaleza, pero cada vez más pobre en vecindario. Este rincón del Pirineo aragonés rayano con el valle navarro del Roncal saltó a la fama hace diez años por el asesinato de su entonces alcalde, Miguel Grima. Ahora, un decenio después, el censo de Fago languidece con apuros, pero florecen sus casas de turismo rural. Mientras, el asesino confeso, juzgado y condenado, el forestal Santiago Mainar, sigue purgando su pena en la cárcel cántabra de El Dueso, donde aprende a ser panadero.

En Fago, paradojas de la despoblación, ahora hay más camas turísticas que vecinos habitando de continuo. Su censo oficial cuenta 22 empadronados. Pero la realidad es que, de fijo, los habitantes reales son apenas una docena. Sin embargo, hay activas cuatro casas de turismo rural, dos más de las que había hace diez años.

¿El crimen ha ayudado al turismo? Suena duro, pero sí, porque su nombre se propagó como antes nunca lo había hecho dentro -e incluso fuera- de España. Involuntario rédito para un pueblo en el que las rencillas entre Grima y Mainar cocinaron una atmósfera vecinal espesa y dividida en bandos. Ni Grima ni Mainar habían nacido en Fago. Los dos acudieron allí a vivir por circunstancias diversas, pero relacionadas. Entre ambos había amistad. Instalados en Fago, acabaron en disputa. Y, al final, en un pueblo minúsculo, quien más y quien menos acaba por tener que situarse de un lado u otro.

El 12 de enero, según los hechos investigados, juzgados y dados por probados, el forestal Mainar preparó una emboscada en la carretera que llega a Fago. Grima volvía de una reunión en Jaca. Mainar le esperó agazapado durante horas, escopeta en mano, tras haber bloqueado la carretera para forzar a que parara el coche. Cuando el alcalde se bajó del vehículo, el forestal acabó con él a tiro limpio. Lo dijo ante la Guardia Civil, aunque luego se desdijera -sin éxito legal- de su confesión.

A los vecinos de Fago no les gusta que les recuerden el crimen. Es un capítulo demasiado desagradable, quizás también una parte incómoda en la conciencia colectiva de un pueblo al que su histórica tranquilidad se le rompió a sangre y fuego aquel 12 de enero de hace diez años.

Mainar sigue cumpliendo la larga condena. Por insistencia propia acabó en una cárcel que mira al verde y huele a mar. Tras años en Zuera (Zaragoza) logró que le trasladaran a la cárcel de El Dueso, en la cántabra Santoña. De intrincada personalidad, desde su ingreso en prisión se le aplicó un programa de prevención de suicidios por el que sigue transitando. Mientras, cuentan que ahora dedica parte de su tiempo tras las rejas a aprender las bondades del oficio de panadero.

Las casas del asesino y del asesinado

En Fago tenía una casa de turismo rural, que abrió en competencia con Miguel Grima. Un fleco más de la tejida manta de las rencillas entre ambos. La casa de turismo rural del alcalde asesinado se mantiene. Su viuda sigue con ella. La del forestal culpable de asesinato, no. Cerrada a cal y canto desde que fue detenido, un tiempo después acabó vendida. La compró un particular, pero para vivienda, no para darle continuidad como casa de turismo rural.

Casas de turismo rural

Sin embargo, los alojamientos turísticos en Fago han crecido desde entonces, se han extendido a la par que el vecindario se ha adelgazado peligrosamente, como en otros miles de pequeños pueblos españoles asomados al riesgo de la extinción, de acabar quedándose vacíos.

Fago superaba los cien habitantes a principios del siglo XX. Cien años después apenas quedaban 40. Cuando se produjo el crimen, en enero de 2007, constaban 33 empadronados en este bello enclave del Pirineo, en el valle de Ansó. Ahora, lo dicho: 22 empadronados, pero en realidad una docena de vecinos de continuo. El resto viven fuera la mayor parte del año.

Sin embargo, ha acabado habiendo cuatro casas de turismo rural. La que abrió en su día el exalcalde asesinado y otras tres que están abiertas todo el año. En ellas cabrían todos los que quedan en Fago viviendo de continuo, y aún sobraría espacio.

La belleza rotunda de su montaña, del valle, de su Hoz... La historia y la intrahistoria que destilan las calles y edificios de esta curtida y veterana población del Pirineo aragonés, el esquí de fondo y con raquetas para invierno, el atractivo verde del verano... Iglesia románica, parajes apreciados por los amantes del barranquismo... En Fago sobran motivos para vender una escapada turística. Y, además, desde aquel 12 de enero de 2007, su nombre -en sentido tan literal como figurado- se disparó como la pólvora dentro y fuera de España.

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