Dos «monstruos» de la política que hundieron a la derecha gala

A los seis meses del hundimiento histórico de la derecha tradicional francesa, en la primera vuelta de la elección presidencial, el 23 de abril, dos documentos excepcionales cuentan por lo menudo la historia del suicidio político precipitado por la irresponsabilidad y el odio de sus líderes.

Patrick Stefanini, fue el director de campaña de François Fillon, el candidato conservador eliminado en la primera vuelta de la elección presidencial, y ha publicado un libro titulado «Deflagración» contando con gran lujo de detalles la patética irresponsabilidad errabunda del candidato conservador elegido en las elecciones primarias del mes de noviembre de 2016, prometiendo una «ruptura» que había comenzando ocultando a su familia política las «cacerolas» que terminaron dinamitando una campaña fallida, el peor resultado de la derecha tradicional en la historia de unas elecciones presidenciales.

Gérald Darmanin fue portavoz oficial de Nicolas Sarkozy y acaba de publicar un libro devastador, «Crónicas del Mundo antiguo, cuando la derecha se perdió», donde cuenta por lo menudo la cocinilla cainita de Sarkozy, Fillon, los líderes de su partido, Los Republicanos, y un largo rosario de aspirantes poniéndose zancadillas los unos a los otros con un impudor irresponsable y desastroso para la derecha tradicional.

El mejor resumen de ambas obras es una frase de Nicolas Sarkozy, citada por Stefanini, donde le pregunta: «Pero, Patrick, ¿cómo has podido participar en el desastre? ¿Cómo has podido estar asociado a ese equipo que ha arruinado a la derecha?».

Stefanini responde a la pregunta de Sarkozy con una crónica implacable, que comienza a los pocos días de la elección de François Fillon como candidato conservador a la presidencia de la República, a finales de noviembre del 2016. Durante dos meses cortos, Fillon fue el candidato favorito. Todos los sondeos lo daban como futuro presidente. Hasta que el semanario Le Canard Enchaïné comenzó a publicar, el 25 de enero pasado, sus primeras revelaciones sobre los empleos ficticios de los que se habían beneficiado Penelope Fillon y los hijos del candidato conservador, cobrando más de un millón de euros, por trabajos que nunca habían realizado como colaboradores parlamentarios del padre y esposo. El Penelopegate, como se llamó el escándalo, estalló como una bomba en un campo de una batalla que cambió de rumbo en pocos días.

Stefanini descubre, con seis meses de retraso, que, en verdad, Fillon había ocultado a su partido, su equipo y sus amigos políticos, todo lo esencial que él sabía que Le Canard Enchaïné estaba investigando. Mintiendo, ocultando, callando, Fillon ató sus cacerolas personales a toda la derecha francesa.

Falsa ruptura

Semanas más tarde, el mismo semanario satírico descubrió que el mismo Fillon había recibido muchos regalos de un empresario de dudosa reputación, dispuesto a regalar trajes de lujo (de 5.000 a 10.000 euros) a un candidato que podía ser presidente de la República. Stefanini cuenta por lo menudo cómo Fillon estuvo tergiversando, mintiendo y maniobrando de mala manera para quitar importancia a unos regalos que manchaban su reputación con miserias de baja estofa.

Peor que las revelaciones del Penelopegate y los trajes de lujo, cuenta Stefanini, fue el comportamiento irresponsable de Fillon: ocultando datos esenciales a su equipo; mintiendo a toda hora sobre la verdad, la mentira, lo que sabía y lo que callaba, con un cambio de estrategia política que terminó dinamitando a la derecha tradicional.

El candidato Fillon había presentado un programa de ruptura política y económica en la gran tradición del conservadurismo clásico de Margaret Theatcher: recortar el gasto, sanear las cuentas públicas? Cuando los sondeos comenzaron a anunciar la catástrofe electoral, Fillon dio un giro hacia una derecha tradicionalista próxima a la extrema derecha de la familia Le Pen, en el legendario mitin de la parisina plaza del Trocadero. Stefanini cuenta cómo aquel mitin abrió unas grietas definitivamente cainitas entre todas las familias de la derecha tradicional.

Entre los antiguos fieles de la guardia pretoriana de Sarkozy, Gérald Darmanin, actual ministro del Presupuesto de Emmanuel Macron, ocupó un puesto privilegiado, como portavoz oficial del ex presidente.

En sus «Crónicas del Mundo antiguo» Darmanin, hijo de una familia de inmigrantes magrebíes, describe la tristeza, alejamiento, melancolía y sentimiento de traición entre todos los antiguos líderes de una derecha difunta. Darmanin cuenta cómo Sarkozy despreciaba olímpicamente a Fillon y Juppé, sus rivales a la candidatura conservadora en las elecciones primarias de noviembre 2009. Asumida su derrota en aquellas primarias, Sarkozy se refugió?en un silencio hipócrita: nunca dejó de destilar frases asesinas contra Fillon, a quien intentó imponer sus propios amigos, en primera línea de combate, durante la campaña.

Darmanin cuenta cómo decidió dimitir de sus cargos en el seno del partido de la derecha tradicional, tras el giro tradicionalista de Fillon. Su padre, un antiguo emigrante, comentó aquella decisión en estos términos: «Has hecho muy bien. Un hombre debe comportarse como un hombre. Fillon está hundiendo a la antigua derecha gaullista y popular».

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