Alejandro Sanz: «Cuando empecé me aconsejaron no decir que me gustaba el flamenco»

Cuenta la leyenda que cuando Alejandro Magno se encontró al borde de la muerte, ordenó que su ataúd fuese llevado a hombros por un séquito que iría esparciendo todos sus tesoros a su paso, y que dejaría las manos del monarca balanceándose en el aire, fuera del féretro y a la vista de todos. Sus generales, atónitos, le preguntaron si había una razón especial para tan extraño deseo. Y él respondió: «Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros para que todos puedan ver que los bienes materiales aquí conquistados, aquí permanecen. Y quiero que mis manos se balanceen al viento, para que las personas puedan ver que vinimos con las manos vacías, y con las manos vacías partimos».

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