Invertir en infraestructuras para evitar la volatilidad

Este sector ofrece rendimientos sólidos y predecibles, desligándose de los vaivenes de la bolsa, según defiende la boutique australiana RARE, adquirida el año pasado por Legg Mason y especialista en este tipo de activo.

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El comienzo de 2016 ha estado dominado por la volatilidad y la incertidumbre en los mercados mundiales, un contexto en el que cobra interés cualquier propuesta de inversión que pueda ayudar al inversor a sobrellevar este difícil contexto de mercado. En ese sentido, las empresas cotizadas de infraestructuras pueden constituir una alternativa, según explica Nick Langley, fundador y codirector de RARE, una boutique de fondos australiana especializada en este activo que fue adquirida por Legg Mason el ejercicio pasado. 

Según Langley, las compañías de este sector operan en negocios regulados o concesiones públicas, lo que garantiza la generación de importantes flujos de caja para este tipo de empresas que, de este modo, pueden pagar unos dividendos sostenibles. Esos flujos de caja (a menudo protegidos contra la inflación) son especialmente atractivos en momentos de incertidumbre económica, lo que hace que este tipo de compañías sean más resistentes a los vaivenes de los mercados.

Por eso, la inversión en este sector «minimiza el riesgo de pérdidas, ofrece una consistente relación entre riesgo y retorno, unos retornos predecibles y resistentes, una baja correlación con otras clases de activos y una razonable protección contra la inflación», según asevera la propia RARE.

Esta protección contra la volatilidad se observa en el hecho de que el fondo estrella de la casa tiene una beta del 0,57 en mercados bajistas, lo que significa que el producto evita casi la mitad de las caídas del mercado cuando éste se encuentra en tendencia bajista; mientras que la beta en mercados alcistas es del 0,69, lo que indica que el fondo es capaz de captar prácticamente el 70 por ciento de las subidas de la bolsa.

Carácter defensivo

De hecho, el fondo ya demostró su carácter defensivo durante la crisis financiera de 2008 y de deuda soberana en Europa. Más allá de su capacidad de generar caja y unos dividendos sostenibles, desde RARE defienden el interés que tiene el sector de las infraestructuras en sí mismo, por diferentes motivos. Para empezar, porque muchos países desarrollados necesitan mejorar sus infraestructuras y van a recurrir a empresas privadas debido a la presión que existe sobre los presupuestos públicos. Asimismo, otro factor que apoya a este tipo de compañías es el crecimiento de la clase media en los países emergentes, un grupo social que va a reclamar una mejora de las infraestructuras. Por último, RARE defiende que se trata de un sector activo en operaciones corporativas como fusiones, adquisiciones y OPV, como demuestra el hecho de que muchas grandes empresas estén sacando a bolsa parte de sus negocios (Telefónica mismo estudia sacar a bolsa su negocio de torres).

En cuanto al objetivo de rentabilidad del fondo, éste se sitúa entre el 3,5 y el 5,5 por ciento en el caso del fondo global, y de entre el 2 y el 4 por ciento para el producto de los países emergentes. En cuanto a las principales posiciones del fondo estrella de la casa, destaca el hecho de que Iberdrola ostente la segunda posición. Asimismo, Langley cuenta que la gestora estuvo invertida en Red Eléctrica durante muchos años aunque vendió la posición en 2013 por el riesgo regulatorio y volvió a entrar en 2015 al entender que éste se había disipado. «Lo que queremos son retornos predecibles y, si no sabemos cuál es la regulación, no podemos saber cuáles van a ser los retornos», explica.

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