Saturn, la planta de motores que da vida a provinciana ciudad rusa de Rybinsk

Rybinsk, una ciudad provinciana rusa de milenaria historia se despereza de la mano de su principal industria, Saturn, una fábrica[…]

Rybinsk, una ciudad provinciana rusa de milenaria historia se despereza de la mano de su principal industria, Saturn, una fábrica de motores de aviación para aparatos civiles y militares que suministra partes a gigantes de la aeronáutica como Airbus y Boeing.

"En 2016, por primera vez en muchos años, Saturn obtuvo beneficios", afirma con orgullo el director ejecutivo de la planta, Víktor Poliakov, al recibir en el museo de la fábrica a un grupo de periodistas, entre ellos Efe.

El año pasado la empresa ingresó 6.500 millones de rublos (poco más de 110 millones de dólares, 94,4 millones de euros) por concepto de ventas y tuvo un beneficio neto de 680 millones (casi 12 millones de dólares, 10,3 millones de euros).

"Lo importante es que la tendencia es positiva. Hemos superado el bajón. En estos momentos tenemos una cartera de pedidos hasta el año 2021, el 60 por ciento de ellos en firme", asegura Poliakov,

Con una plantilla de 12.000 trabajadores, Saturn es la fuente de sustento para cerca de 70.000 personas, más de un tercio de la población de Rybinsk, situada a orillas del Volga y junto a un gigantesco embalse que los lugareños no llaman de otra manera que no sea "mar".

La modernidad de sus instalaciones contrasta con el estado de las carretera que une Rybinsk con Yaroslavl, la cabecera regional -situada a unos 270 kilómetros al norte de Moscú-, que la convierte en un banco de pruebas para la suspensión de cualquier vehículo rodado.

En las gigantescas naves de Saturn se producen y ensamblan motores para la aviación tanto militar como civil, y entre sus productos se cuentan componentes para los motores CNF-56, que son los que emplean los aviones de pasajeros Boeing-737 y Airbus-320.

En la planta, incluida en la lista de empresas estratégicas de Rusia, se fabrica conjuntamente con el conglomerado francés Safran los motores para el Sukhói SuperJet-100, el último avión de pasajeros ruso para rutas regionales.

"Hasta hace unos quince años, Saturn era una planta monoproductora: solo se fabricaba el motor D-30 y sus distintas modificaciones para aviones civiles y militares", dice su director ejecutivo, que sostiene que ya entonces, gracias a su oficina de diseño, comenzó la diversificación de su producción.

Según Poliakov, el objetivo de Saturn -que remonta sus orígenes a 1916, cuando fue fundada la fábrica de motores Renault-Ruso, nacionalizada tras la revolución bolchevique- es producir a partes iguales para el sector civil y el militar.

Actualmente, el 40 por ciento de la cartera de pedidos corresponde a la cooperación internacional, tanto civil como militar; el 30 por ciento, a compras estatales para la defensa, y el 30 por ciento restante, a encargos comerciales del mercado interno.

"A partir de 2018 esperamos un crecimiento anual del 10-11 por ciento", añade Poliákov.

Para el director ejecutivo de Saturn, una de las claves de su despegue ha sido su entrada en la corporación estatal Rostec (Tecnologías Rusas), en la que se integran catorce grupos empresariales: once del complejo industrial-militar y otras tres civiles, incluidos los fabricantes de automóviles VAZ y KAMAZ.

"Basta ver la dinámica del crecimiento de la empresa desde su incorporación a Rostec: desde 2010 los ingresos por ventas se han más que triplicado", explica.

Además de motores de aviación, Saturn fabrica turbinas de gas para barcos y también para la industria.

Entre los cambios positivos que se han producido en los últimos años, Poliakov destaca el surgimiento de "una nueva generación de personal, que trabaja según los más altos estándares europeos y mundiales".

"Hoy, cuando alguien en Rybinsk dice que trabaja en Saturn, lo hace con orgullo", asegura.

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