El Salado resurge del conflicto armado colombiano con ayuda internacional
Los habitantes de El Salado, un caserío del norte de Colombia, que decidieron reconstruir sus vidas después de que la[…]
Los habitantes de El Salado, un caserío del norte de Colombia, que decidieron reconstruir sus vidas después de que la violencia pasara como un huracán por el pueblo, han encontrado en la cooperación internacional la ayuda para comenzar casi de cero.
La historia de El Salado se partió en dos entre el 16 y el 19 de febrero del año 2000 cuando decenas de hombres del jefe paramilitar Rodrigo Tovar Pupo, alias "Jorge 40", irrumpieron en el pueblo y asesinaron a 60 personas, mientras que varios miles de campesinos de la zona fueron víctimas del desplazamiento forzado.
Dos años después algunos empezaron a volver al pueblo fantasma para tratar de recuperar lo perdido, una tarea titánica y de nunca acabar en la que ha resultado fundamental la solidaridad interna y externa.
Esa ayuda se ha materializado en varias obras, entre ellas el acueducto, reconstruido y modernizado por Ferrovial, compañía española del sector de las infraestructuras y los servicios, con el apoyo de la ONG Ayuda en Acción y la Fundación Semana.
El acueducto, que forma parte de "Infraestructuras Sociales", el programa de cooperación para el desarrollo creado por Ferrovial en 2011, suministra agua potable de manera constante y directa a 1.208 personas y beneficia indirectamente a otras 990.
"Lo más positivo que hemos visto es el acueducto porque primero esta era un agua no apta para el consumo humano y sin embargo nosotros veníamos consumiéndola así", afirma Luis Torres, líder social de El Salado que encabezó el proceso de recuperación comunal del territorio.
Esta obra, que será inaugurada oficialmente el próximo 25 de enero, reemplazó al viejo acueducto que solo funcionaba tres días a la semana durante pocas horas y con un alto coste por el gasto de energía requerido para el funcionamiento de las motobombas, explica el gerente de Relaciones con Medios de Ferrovial, José Luis Cobas del Pozo.
El de El Salado fue el proyecto ganador en 2015 de la convocatoria que anualmente hace la compañía a nivel mundial para su programa "Infraestructuras Sociales".
"Durante más de un año y medio se ha estado trabajando en él y la participación de la comunidad ha sido muy relevante. Ellos han colaborado, han participado y nos han hecho aportaciones que nos han enriquecido como compañía y han diseñado el proyecto de alguna manera para que realmente refleje y dé respuesta a las necesidades que tenían en cuanto a infraestructuras de agua", añade Cobas a Efe.
Al respecto, el jefe de Programas de Responsabilidad Social Corporativa de Ferrovial, Gonzalo Sales Genovés, afirma que "la compañía no quiere ser un donante sino un socio, un colaborador activo de los proyectos que desarrollamos".
Por esa razón la empresa, que hasta ahora ha desarrollado 18 proyectos de este tipo en doce países de África y América Latina, con una inversión de más de 4,5 millones de euros (unos 5,3 millones de dólares), aporta no solo recursos financieros sino también el conocimiento técnico y trabajo voluntario de sus empleados.
Para el diseño y construcción del acueducto viajaron a El Salado seis trabajadores de Ferrovial, tres de ellos de España, y los otros tres de Australia, Estados Unidos y el Reino Unido, que por su perfil técnico podían aportar al proyecto.
El Salado, que forma parte del municipio de El Carmen, en el departamento caribeño de Bolívar, es una tierra fértil para la agricultura, con grandes reservas de acuíferos, pero por la pobreza y el abandono estatal su gente nunca tuvo servicios públicos de calidad.
"Para nosotros como comunidad (el acueducto) significa algo nuevo y muy importante", afirma a Efe Albert Padilla, fontanero encargado de la operación del sistema de bombeo de los dos tanques de agua, quien considera que la obra les ha traído "un beneficio que ha sido muy bueno para todos" porque además les redujo notablemente la factura de electricidad.
Eso fue posible porque el proyecto incluyó la instalación de 51 paneles solares que generan la energía necesaria para el funcionamiento de todo el sistema y el almacenamiento de parte de ella en una red de baterías, aprovechado que la zona donde está El Salado "es de los lugares del mundo con mayor radiación solar", afirma Cobas.
"Ojalá que así como ustedes están aquí y en otras partes del mundo, otros quieran sumarse a este proyecto de vida, de mejoramiento, de oportunidades no solo aquí en El Salado sino en todo lo ancho y grande de Colombia y en el mundo, donde la mitad de personas vive en unas condiciones paupérrimas y necesitan el apoyo de todos", concluye Torres.
.