Cómo perder 6.000 millones de dólares
Una apuesta nuclear chapucera lleva a Toshiba al borde de la quiebra
Desde su fundación en 1873 como el primer fabricante de equipos de telégrafos, Toshiba ha sobrevivido a una interminable serie dificultades, desde el gran terremoto de Kanto de 1923, hasta el bombardeo que redujo a escombros sus fábricas durante la Segunda Guerra Mundial, o el fracaso del reproductor de música Zune, que desarrolló conjuntamente con Microsoft. Ahora, el conglomerado podría estar amenazado por cuatro centrales nucleares que se están construyendo en el sur de Estados Unidos. El incumplimiento de los plazos y presupuestos en los reactores de Georgia y Carolina del Sur, controlados por Westinghouse Electric, filial de Toshiba, ha supuesto una depreciación de 712.500 millones de yenes (6.300 millones de dólares) en la actividad de reactores nucleares, ante la resignación de Shigenori Shiga, presidente de Toshiba, el pasado 14 de febrero.
Los costes para cubrir el sobrecoste en Westinghouse eclipsan los 5.400 millones de dólares que Toshiba pagó por la compañía en 2006. Las turbulencias financieras por el colapso del negocio de las nucleares son mucho mayores. Para mantenerse a flote, desde Toshiba afirman que tendrán que vender la mayoría de sus participaciones en su última joya de la corona: su unidad de memorias flash, que fabrica chips empleados en smartphones y unidades de disco sólidas. La compañía ya vendió su unidad de electrónica de consumo y de equipos médicos tras el escándalo contable de 2015.
«Están desmontando Toshiba» afirma Amir Anvarzadeh, director de la compañía de compraventa de acciones niponas en BGC Partners, Singapur. «Va a sobrevivir; no se va a liquidar. Pero es el fin de Toshiba como compañía con esperanzas de crecimiento».
Muchos inversores parecen estar de acuerdo. La compañía, que ya había perdido 7.000 millones de dólares de su valor en bolsa en las últimas seis semanas, ha visto caer sus acciones un 10 por ciento más tras el anuncio de la depreciación por la salida de Shiga. Otra preocupación para los mercados es que los ingentes costes por Weshinghouse provocarán que los fondos propios de la compañía caigan hasta los -150.000 millones en el ejercicio actual que finaliza en marzo, según las previsiones de Toshiba.
Además de los inversores de Toshiba, hay otro grupo de grandes perdedores: los partidarios de la energía nuclear, que tenían muchas esperanzas depositadas en Westinghouse, compañía que en 2008 se convirtió en la primera en obtener licencias para construir centrales nucleares desde el accidente de Three Mile Island de 1979. Pero la apuesta de Toshiba por el resurgir de la energía nuclear no llegó nunca a materializarse, en parte porque la compañía no logró construir los reactores en los plazos y con los presupuestos prometidos. Contaban con que el diseño del reactor modular de nueva generación AP1000 sería más fácil y rápido de llevar a la práctica, y ocurrió todo lo contrario. En una reunión tras el anuncio de la depreciación, el presidente de Toshiba Satoshi Tsunakawa afirmó que la compañía podría optar ahora por abandonar la construcción de centrales nucleares en general y ofrecer solamente servicios de ingeniería y equipos, algo que le dificultaría enormemente la posibilidad de vender proyectos nucleares a sus clientes. Ahora mismo, todas las opciones están abiertas en el sector nuclear, incluyendo la posible venta de Westinghouse, afirmó. «Hay miles de millones de dólares en juego», afirma Gregory Jaczko, antiguo responsable de la Comisión de Regulación Nuclear de EE.UU. (NRC). «Esto podría tumbar a Toshiba, y supone claramente el fin de la construcción de centrales nucleares en EE.UU.».
Todo esto supone un giro humillante para una de las compañías más antiguas de Japón, que fabricó la primera bombilla del país y se convirtió en un gigante capaz de fabricar de todo; desde lavadoras y equipos médicos, hasta ordenadores y centrales nucleares.
Reactivación
Cuando Toshiba compró Westinghouse, hace una década, el Congreso de EE.UU. acababa de empezar a ofrecer garantías de crédito y otros incentivos destinados a reactivar un sector nuclear inactivo. Westinghouse firmó contratos en 2008 para construir cuatro reactores para centros de Southern Co. y Scana. En una entrevista realizada en 2015 para Bloomberg Businessweek, Thomas Fanning, director ejecutivo de Southern afirmó que los dos proyectos de reactores en la Central de Vogtle, Georgia serían «uno de los megaproyectos más exitosos de la historia moderna del sector industrial en EE.UU».
Para construir aquel megaproyecto, Westinghouse se dirigió a Baton Rouge, Lousiana, sede de Shaw Group, una compañía recién llegada al sector nuclear. Shaw se fundó en 1987 por James Berhard Jr., que pagó 50.000 dólares por los activos de un fabricante de tuberías en liquidación y que expandió la compañía con sucesivas adquisiciones. En 2000, apostó fuerte en un proceso concursal y compró Stone & Webster, una compañía de ingeniería que había construido el campus de MIT y muchas centrales nucleares por todo EE.UU. desde la década de los 50 hasta la de los 70. Stone & Webster era la sombra de sí misma cuando la adquirió Bernhard, pero el nombre le confirió a Shaw una credibilidad renovada en el ámbito de la energía nuclear, ayudándole a conseguir todos los contratos de Westinghouse.
Poco después de la contratación de Shaw por parte de Westinghouse para gestionar la construcción en 2008, el trabajo de Shaw se empezó a mirar con lupa. A principios de 2012, los inspectores de la NRC encontraron acero en los cimientos de un reactor que se había instalado de forma incorrecta. Un recipiente de un reactor de 300 toneladas casi se cayó de un vagón. Se usó un tipo de soldadura equivocado en los módulos nucleares, y tuvo que rehacerse. Shaw demostró «una evidente falta de experiencia en el sector de la energía nuclear y falta de preparación para trabajar con el rigor y la minuciosidad exigidos», según afirmó Bill Jacobs, supervisor del proyecto de Georgia, a la comisión de servicios públicos del estado, en 2012. Bernhard declinó realizar declaraciones al respecto.
En julio de 2012, Shaw aceptó su propia venta por 3.300 millones de dólares a Chicago Bridge & Iron, una compañía de ingeniería mucho mayor que quería hacerse con ella ante la expectativa del renacer del sector nuclear. Tres años después, a la vista de los escasos avances, CB&I vendió el grueso de su participación en Shaw a Toshiba por 229 millones de dólares, un precio significativamente más bajo a cambio de cubrir las responsabilidades derivadas de los proyectos.
En abril de 2016, solo cuatro meses después de la celebración del contrato, Toshiba acusó a CBO&I de inflar el valor de los activos de Shaw en 2.200 millones de dólares y solicitó una renegociación. CB&I se resistió y demandó a Toshiba por incumplimiento del contrato el pasado mes de julio. Una decisión judicial preliminar dictada en diciembre estimó la pretensión de Toshiba de renegociar. CB&I ha recurrido dicha decisión. «Confiamos en obtener una resolución favorable para los intereses de CB&I», afirma Gentry Brann, la portavoz de la compañía. CB&I argumenta que al menos parte de sus problemas fueron culpa de Westinghouse y sus diseños de AP1000.
Más allá de la depreciación para reflejar los problemas de sus proyectos en EE.UU., desde Toshiba se afirma que habrá más decisiones «estratégicas» en relación con las operaciones nucleares en el extranjero y que seguirán evaluando la venta de su participación en NuGeneration, una compañía que pretende desarrollar una central nuclear en el noroeste de Inglaterra. Por lo que se refiere a sus planes en India, donde Westinghouse planeaba construir seis reactores, desde Toshiba se afirma que ahora pretenden suministrar componentes y servicios de ingeniería para las unidades atómicas, pero que no seguirán asumiendo compromisos de construcción.
¿Y qué pasa con el renacer del sector nuclear en EE.UU.? Con los tropiezos de Westinghouse en los proyectos de Southern y Scana, el desastre nuclear de Fukushima, Japón, y la avalancha de gas natural barato que ha reducido los precios de la energía en EE.U., los nuevos reactores resultan cada vez más caros y arriesgados. De las 30 sorprendentes solicitudes de reactores que empezaron a mediados de la década de 2000, solamente cuatro unidades de Westinghouse han seguido adelante.
A toro pasado, está claro que Toshiba preferiría no haber ganado aquel concurso.