Trípoli y la NOC pactan reanudar la producción en el yacimiento de Al Sharara

El presidente del Gobierno sostenido por la ONU en Libia, Fayez al Serraj, y el líder de la compañía nacional de petróleo (NOC), Mustafa Sanalá, acordaron hoy iniciar el proceso para levantar el estado de "fuerza mayor" que bloquea el yacimiento petrolero de Al Sharara, explotado por la compañía española Repsol.

La decisión se adoptó en un encuentro celebrado este martes en Emiratos Árabes Unidos (EAU) escasas horas después de que el mariscal Jalifa Hafter, que al parecer también estaba invitado a la reunión, exigiera la reapertura de un yacimiento que arrebató al Gobierno de Trípoli hace dos semanas.

Las tropas leales a Hafter, tutor del gobierno rival establecido en el este del país, entraron en el campo, el más importante del oeste de Libia, el pasado 6 de febrero tras una serie de combates con milicias locales leales a Trípoli.

En un comunicado oficial, el Gobierno sostenido por la ONU explicó que se ha llegado a un pacto para retirar a los civiles que el pasado diciembre entraron en el yacimiento e interrumpieron por la fuerza la producción en demanda de mejoras salariales.

Mientras, la NOC insistió en que la producción, estimada en unos 300.000 barriles de crudo diarios, se retomará una vez que las milicias se retiren y las condiciones de seguridad laboral se recuperen.

"El petróleo es propiedad de todos los libios y una riqueza nacional que no debe implicarse en ningún conflicto político o militar ni en la extorsión por intereses personales", declaró Al Serraj en EAU, país que sostiene a Hafter.

"No se tolerará a ningún individuo o grupo que intente obstruir el trabajo de la NOC en ninguna de sus instalaciones o amenace la seguridad de sus empleados", agregó Al Serraj, que volvió a defender la necesidad de convocar una conferencia de reconciliación nacional previa a las elecciones, idea a la que se opone el mariscal.

Además del yacimiento de Al Sharara, las fuerzas del mariscal asumieron el jueves pasado el control del campo petrolero de Al Fil, también en le oeste de Libia, que produce unos 70.000 barriles diarios de crudo y que explota la multinacional italiana ENI.

El control de ambos yacimientos implica un cambio esencial en el conflicto político, ya que es clave para la subsistencia energética y financiera del Gobierno sostenido por la ONU en Trípoli, que comienza a estar arrinconado en la capital.

Libia es un Estado fallido, víctima del caos y la guerra civil, desde que hace ocho años la comunidad internacional contribuyera a la victoria militar de las diferentes facciones rebeldes sobre el régimen de Muamar al Gadafi.

Desde hace cuatro años tiene dos focos de poder, uno sostenido por la ONU que apenas controla la capital y otro liderado por el mariscal Hafter, un exmiembro de la cúpula militar de Al Gafadi que años después, reclutado por la CIA y trasladado a EEUU, se convirtió en su principal opositor en el exilio.

A ellos se suman las ciudades-estado de Misrata y Zintan, grupos yihadistas y mafias dedicadas al contrabando de armas, personas y combustible que son la verdadera fuerza económica y de generación de riqueza y empleo en el país.

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