Krimer narra la lucha de David contra Goliat ante nocividad de los pesticidas

La escritora argentina María Inés Krimer ha narrado la "lucha de David contra Goliat" entre los afectados por los efectos nocivos de los pesticidas y las multinacionales que los producen en su último libro, "Noxa", con el que opta al Premio Dashiell Hammett de Novela Negra.

La autora ha dicho haber escrito esta obra como denuncia de los "graves daños para la salud" provocados por el uso intensivo de agrotóxicos para combatir las plagas en los cultivos de soja en Argentina.

"Podría haber escrito un ensayo, pero elegí una novela porque creo que la confluencia de distintos discursos sobre un mismo tema es más efectiva", ha afirmado en la presentación de su libro en la Semana Negra de Gijón.

"Noxa", que según el Diccionario del Uso del Español de María Moliner significa daño, es un relato negro inspirado en los testimonios de pobladores de zonas rurales cuyos campos han sido fumigados durante años con glisolfato y otras sustancias.

Krimer ha dicho que pensó en escribir sobre este tema al descubrir que los arboles aledaños a un cultivo de soja que había sido fumigado perdieron todas sus hojas en sólo cinco días.

A partir de ese momento se dedicó a investigar y descubrió estudios "escalofriantes" según los cuales, en las zonas rurales las malformaciones en los recién nacidos aumentaron un 400 por ciento en una década.

También aumentaron los abortos prematuros, la diabetes, el cáncer y otras patologías en los "pueblos fumigados", ha destacado la autora.

La novela tiene como protagonista al personaje de una reportera de un periódico de Buenos Aires que regresa a su pueblo natal con la ilusión de reencontrarse con una amiga, que esta desaparecida.

La escritora ha advertido de que el problema sanitario "está llegando a las ciudades" porque se han detectado niveles de sustancias agrotóxicas en el Paraná, que desemboca en el Río de la Plata, que abastece de agua al conglomerado urbano de Buenos Aires.

Krimer, nacida en Paraná en la provincia de Entre Ríos en 1951, ha dicho que las autoridades gubernamentales y las multinacionales del sector aseguran que estos productos son inocuos para la salud.

El Gobierno es el primer interesado en que cada vez se produzca más soja transgénica porque nutre sus arcas con el impuesto a las exportaciones, pero este cultivo requiere del uso sistemático de "productos que matan", ha afirmado.

En las últimas décadas, se han talado grandes superficies de bosque para dedicarlas al cultivo, sobre los cuales se vierten 350 millones de litros de pesticidas al año, ha indicado. EFE.

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