Guía para principiantes de la Teoría Monetaria Moderna

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Existe mucho debate en torno a la Teoría Monetaria Moderna (MMT, por sus siglas en inglés). Un debate, en parte, subido de tono. Sus críticos la consideran un completo desastre. «La MMT ha creado una forma tan extraña, ilógica y enrevesada de pensar sobre la macroeconomía que resulta casi impermeable a los ataques», afirmó recientemente en su blog Scott Sumner, economista de la Universidad de Bentley. Los partidarios de la MMT afirman que son los críticos quienes son impermeables a la razón: «Parte de un paradigma degenerativo que ha perdido credibilidad», considera el australiano William Mitchell, defensor de la MMT.

Este estado de confusión no es bueno, porque la Teoría Monetaria Moderna, en su día confinada a blogs y a un puñado de universidades como la Universidad de Missouri en Kansas City, ahora, de repente importa. En Estados Unidos, la facción más a la izquierda del Partido Demócrata, está recurriendo a la MMT para defender el ingente gasto del gobierno federal en un Green New Deal para desintoxicar a Estados Unidos de la droga de los combustibles fósiles y financiar un Medicare para todos. Está bastante claro que la MMT se pondrá sobre la mesa en los debates para las elecciones presidenciales de 2020. Así que, es el momento para lanzarse de cabeza a la Teoría Monetaria Moderna: qué es, de dónde viene, ventajas e inconvenientes...

Afortunadamente, el pasado febrero se publicó el primer libro académico basado en esta teoría. Se trata de un tomo de 573 páginas titulado, simplemente, «Macroeconomics», escrito por Mitchell, un economista de la Universidad de Newcastle, en Australia; Randall Wray de Bard College, en Annandale-on-Hudson, Nueva York, y Martin Watts, profesor emérito en Newcastle. Este artículo se basa en el libro, así como en la documentación académica y los blogs de los defensores y críticos con la MMT.

Una buena forma de empezar es con una sencilla descripción de bolsillo: la MMT propone que un país con su propia moneda, como Estados Unidos, no tenga que preocuparse por acumular demasiada deuda porque siempre puede emitir más dinero para pagar intereses. Así, la única limitación del gasto es la inflación, que podría dispararse si el sector público y el privado gastan demasiado al mismo tiempo. Mientras haya trabajadores y equipos suficientes para satisfacer el aumento de la demanda sin disparar la inflación, el gobierno puede gastar lo que necesite para mantener el empleo y lograr objetivos como combatir el cambio climático.

¿Una teoría de izquierdas?

Si ya has asimilado todo eso, ya tienes mucho camino andado respecto de los críticos de la MMT. Como esta teoría se suele asociar a la izquierda, hay quien asume que es partidaria de exprimir a los ricos para financiar programas sociales. De hecho, la MMT rompe con la ortodoxia liberal al afirmar que, si bien es cierto que los impuestos a la riqueza son buenos para combatir la desigualdad, la verdad es que no resultan esenciales para financiar el gasto del gobierno. Otro concepto erróneo es que la MMT afirma que el déficit nunca importa. El 13 de marzo, la Escuela de Negocios Booth de la Universidad de Chicago publicó una encuesta realizada a economistas de prestigio que desvirtuaba en este sentido la MMT, omitiendo el concepto de la MMT de que un déficit demasiado elevado puede provocar una inflación excesiva. Los profesores encuestados se mostraron rotundamente contrarios a la MMT así descrita. Los partidarios de la MMT pusieron el grito en el cielo. 

La Teoría Monetaria Moderna afirma que el mundo aún no se ha parado a entender claramente la muerte del patrón oro en 1971, cuando el presidente Richard Nixon declaró que el dólar ya no era convertible en oro. Según la MMT, en la era actual del dinero fíat, Estados Unidos y otras grandes economías ya no tienen por qué preocuparse de tener suficiente oro para garantizar su papel moneda, por lo que son libres de emitir todo el dinero que necesiten.

La MMT afirma ser la heredera legítima de las teorías del británico John Maynard Keynes, el padre de la Macroeconomía durante la Gran Depresión. Keynes acuñó el término «paradoja del ahorro». Su idea era que mientras que un hogar cualquiera puede salir de un bache recortando gastos cuando sus ingresos disminuyen, la economía en su conjunto no puede hacerlo. Los gastos de un hogar son los ingresos de otro, así que si todos recortan, no se le paga a nadie. Lo que se consigue entonces es una depresión, una situación que solo puede arreglar el gobierno porque, a diferencia del sector privado, puede permitirse gastar libremente, metiendo dinero en el bolsillo de la gente y, de este modo, volviendo a encarrilar la economía. 

Bajo el punto de vista de la MMT, el keynesianismo acabó anulado por sus sucesores como Paul Samuelson, que de forma poco realista trataron de hacer economía como si fuera física, minimizando el papel de la incertidumbre fundamental. Los defensores de la MMT no se han ganado muchas simpatías entre el gran público, al bautizar esta escuela de pensamiento como «keynesianismo bastardo», un término acuñado por la economista británica ya fallecida Joan Robinson. 

Contra los tipos de interés

La MMT rechaza la opinión mayoritaria de que las economías deben gestionarse principalmente a base de subidas y bajadas de los tipos de interés. Los defensores de la MMT consideran que el tipo de interés natural en un mundo de dinero fíat es cero, y que el hecho de subirlo es un regalo para la clase inversora. Afirman que el hecho de ajustar los tipos de interés resulta ineficaz porque las empresas toman decisiones de inversión basándose en las perspectivas de crecimiento y no en el coste del dinero.
Los defensores de la MMT consideran que las economías deberían gestionarse con política fiscal, gasto estatal e impuestos. Quieren que sea el banco central nacional el que haga el trabajo. Así, cuando Hacienda necesite dinero, el banco central lo pone a disposición pulsando simplemente una tecla, creando base monetaria de la nada a base de endeudar al Estado. El nuevo manual afirma que hoy en día, los gobiernos «tienden a aplicar políticas fiscales indebidamente restrictivas para no contradecir las decisiones sobre política monetaria». 

La MMT afirma que, al contrario de lo que pudiera parecer, los bancos no hacen préstamos con depósitos. Más bien, hacen préstamos basados en la demanda de préstamos, y a continuación los propios prestatarios guardan el producto en el banco. Cualquier persona a la que extienden un cheque, simplemente hace un depósito en otro banco. La conclusión es que los préstamos crean depósitos en lugar de que los depósitos creen préstamos. Este es un punto de la MMT con el que incluso algunos de los gobernadores de los bancos centrales más conservadores, como el Bundesbank alemán, están de acuerdo. 

Para estabilizar el mercado laboral, la MMT añadiría una garantía de empleo financiada a nivel federal y administrado a nivel local. El gobierno emplearía a más gente en las recesiones que en los booms. Pavlina Tcherneva, del Instituto de Economía Levy del Bard College, está perfeccionando el plan. La parlamentaria Alexandria Ocasio-Cortez, socialdemócrata del Bronx que está en su primer mandato en el Congreso, apoya la garantía de empleo y afirma que la TMM debería «estar más en boca de la gente».

La TMM desafía un principio básico de la economía convencional, que es que un aumento del déficit presupuestario tenderá a elevar los tipos de interés, si nada más cambia. Y de hecho, afirma que es todo lo contrario, un poco como la Reina Blanca de Alicia en el País de las Maravillas. Cuando el gobierno gasta más, el sector privado recibe el dinero y lo lleva al sistema bancario. Con más dinero en el sistema y sin aumento de la demanda, los tipos de interés tenderán a bajar, no a subir, afirma la MMT. A no ser que el gobierno decida absorber las reservas vendiendo bonos, algo que no debe hacer.

Críticas desde wall Street

La razón por la que el gobierno no necesita vender bonos del Tesoro ni recaudar impuestos para gastar dinero es que el banco central, controlado por Hacienda, puede pagar todo simplemente emitiendo dinero electrónico. En el mundo ideal de la MMT seguiría habiendo impuestos, pero su principal objetivo, más allá de reducir la desigualdad, serían una especie de «compensación» para mantener la inflación bajo control. Los impuestos restarían a los consumidores y las empresas el dinero suficiente para que el gasto total en la economía no fuera excesivo. Con esa fórmula, no es de extrañar que la MMT reciba fuertes críticas en Wall Street, donde a veces se la conoce como el «árbol mágico del dinero» para ridiculizarla.

Otros desencuentros resultan más difíciles de analizar desde fuera. Existen debates complejos sobre la forma en que se establecen los tipos de interés y si el gobierno y los sectores privados compiten por los ahorros, por ejemplo. 

En cualquier caso, este nuevo manual supone una buena oportunidad para la MMT. Samuelson, en el prefacio de la edición de 1990 de su best-seller sobre principios escribió: «M e da igual quién redacte las leyes de un país, o quién elabora sus tratados avanzados, siempre que yo pueda escribir sus libros de texto sobre economía». Stephanie Kelton, defensora de la MMT que trabajó como asesora económica en la campaña presidencial del senador independiente de Vermont Bernie Sanders en 2016 y es columnista de Bloomberg Opinion, considera que la situación está cambiando. En las presentaciones, a esta economista de la Universidad de Stony Brook, le gusta recurrir a una cita que reza: «Primero te ignoran, luego se ríen de ti, después te atacan, y entonces ganas».

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