El "bar de los taxistas" de Madrid cumple 40 años

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Conocido popularmente como el "bar de los taxistas", el bar Iberia de Madrid está a punto de cumplir cuatro décadas de existencia en las que se ha convertido en un referente para los profesionales de este gremio, atraídos por su céntrica situación, las facilidades para aparcar y sus amplios horarios.

Ubicado en la glorieta de Ruiz Giménez, entre los distritos de Centro y Chamberí, el bar Iberia cumplirá 40 años de vida el próximo mes de diciembre en los que su vocación por los taxistas surgió de forma "casual" casi desde el principio.

"Empezamos a abrir como un bar 'normal'. Empezaron a entrar casualmente los taxistas y nos adaptamos un poco a ellos en cuestiones de horarios, de gustos", cuenta a Efe el actual encargado del bar, Luis Miguel Delgado, hijo de uno de los propietarios y fundadores.

La llegada de clientes taxistas les llevó a adaptar sus horarios, hasta el punto de que durante una temporada el bar estuvo abierto las 24 horas del día para así dar facilidades a unos profesionales que trabajan continuamente, en turnos sucesivos.

En la actualidad, el bar Iberia abre prácticamente todo el día, ya que presta servicio desde las seis de la mañana hasta las dos de la madrugada todos los días excepto los lunes, que cierra por las tardes.

"Tenemos un menú del día para todo el mundo que pusimos también por la noche por ellos", señala el encargado.

La popularidad de este bar entre los taxistas hizo desplazar hasta las puertas del establecimiento una parada de taxis que antes estaba enfrente, al otro lado de la glorieta.

"Es cómodo, puedes salir y dejar el coche en la parada que hay en la puerta", dice Pedro, taxista y cliente habitual del bar desde que comenzó a dedicarse a esta profesión, hace doce años.

En su caso, conoció el local a través de sus compañeros, que lo consideran su "bar de referencia".

"Desde el principio lo recomiendan los compañeros. La zona es céntrica, atienden muy bien y hay una parada de taxis enfrente", apunta Miguel, otro taxista "parroquiano" del bar.

Entre las ventajas, también destaca que le dan cambio cada vez que lo necesitan mientras que en otros sitios "te miran con mala cara".

Además de los taxistas, el bar Iberia ha sido y sigue siendo lugar habitual para otros profesionales con turno de noche como los policías, los trabajadores de Metro de Madrid o del servicio de recogida de basuras.

También se han pasado por aquí artistas como el actor Javier Bardem, aunque los que parecen no lanzarse son los conductores de plataformas como Uber y Cabify, competencia directa de los taxistas.

"No, aquí no pisan, esta zona es peligrosa para ellos", bromea el encargado.

El menú del bar Iberia está disponible para comer y cenar de lunes a viernes por 10,80 euros, mientras que los fines de semana cuesta dos euros más.

Los clientes también pueden pedir a la carta bocadillos, pinchos, sándwiches, hamburguesas, platos combinados, entrantes, segundos platos y raciones, aunque no hay ninguna creación dedicada en especial a los taxistas.

Toda la comida es casera, según explica uno de los cocineros, Mustafá, que lleva 20 años al frente de los fogones en un establecimiento que es parte de su familia.

"El ambiente es bueno, nos conocemos todos", sostiene.

Una afirmación que atestigua el encargado del local que, en el caso de los taxistas, asegura haber conocido a "varias generaciones".

"Ahora estoy con las nuevas, se están renovando", dice.

En la plantilla hay 16 camareros, entre ellos Félix, el más veterano, que lleva trabajando 21 años en el bar Iberia.

"Conocemos mucho a los clientes, pero de los nombres no te acuerdas de todos", reconoce.

Al local, que tiene una parte de barra y otra de comedor, además de una terraza con vistas a la glorieta, también acuden vecinos y exvecinos del barrio como Juanjo, que pese a que ya no vive por la zona vuelve de vez en cuando para desayunar.

"Vengo a tomar un café me gusta la plaza, la gente, hay circulación pero no es molesta y tengo cerca tiendas donde consumo", cuenta.

Mientras habla, los taxis siguen parando frente al bar, que siempre suele tener vehículos de este tipo con la luz verde a sus puertas excepto en días de huelga, como la convocada por las asociaciones del gremio el pasado verano.

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