Atrapar a un ladrón de tarjetas de crédito
¿Cómo persigue la policía de comercios virtuales a los estafadores que tratan de utilizar tarjetas de crédito online? Estas son las técnicas más sofisticadas del llamado fraude sin presencia de la tarjeta, todo pensado para vaciarte el bolsillo.
Cuando Chad Evans consiguió un trabajo en 2016 como manager de investigación online para el minorista PetSmart Inc., pensó que se encargaría de detectar estafadores de tarjetas de crédito de poca monta. No obstante, a veces vislumbra destellos de lo que pueden ser delitos mayores y mucho más complejos.
Evans y su equipo pasan sus días en un edificio de oficinas cutre de Phoenix revisando transacciones online para detectar movimientos sospechosos. Es básicamente un policía del comercio por Internet, que tiene como tarea atrapar a ladrones virtuales. No todas las compañías cuentan con un Evans. Muchos sitios web aceptan el fraude como un coste más de la actividad. No obstante, el fraude online se ha incrementado en estos últimos años, un efecto colateral de la llegada de las tarjetas de chip, con las que los timadores tienen más difícil crear tarjetas falsas para usar en las tiendas. Esto ha llevado a muchos comerciantes a replantearse su manera de enfocar el tema. Además de rechazar las compras sospechosas, rastrean la procedencia y, junto con la policía, preparan los casos a los que se enfrentan los autores.
Este es el motivo por el que este hombre de 33 años se vio un buen día del pasado año sentado en un coche de policía estacionado en la calle junto a la casa de un cliente en Tucson para hacer tareas de vigilancia durante todo el día. Unas semanas antes, Evans y su equipo habían detectado algo raro. Varias personas denunciaron el robo de sus tarjetas y su uso para comprar collares electrónicos de adiestramiento para perros modelo Garmin Trashbreaker por valor de 400 dólares. Su software de seguridad determinó que los pedidos estaban vinculados pero que se habían enviado a hogares repartidos por todo el país, también situados en Tucson. Cuando llegó el pedido siguiente, Evans optó por rastrearlo.
Siguiendo la pista
Evans decidió llamar a departamentos de policía de todo el país y contarles lo que sabía. A escala local, colaboró con la Oficina del Sheriff del Condado de Pima para organizar una entrega vigilada del collar de adiestramiento para perros. Cuando el destinatario llegó al domicilio para recoger el paquete, la policía intervino. Más tarde, Evans habló con el destinatario y se enteró de que había sido contratado a través de un anuncio en Craigslist. Evans comenta que aquel hombre percibía 20 euros por recibir el paquete y enviarlo a un centro de expedición de mercancías, en el que lo que él trajese se juntaba con productos de otros envíos y se mandaba a otros países. Evans convenció al hombre para que hiciese una lista de todo aquello que había enviado. «Había sistemas de filtrado de agua, cinta adhesiva, vallas de cercado, tiendas de campaña, ropa, mantas o zapatos», comenta Evans. Tras ver la lista, afirma que «comenzamos a pensar en trata y tráfico ilegal de personas». Evans y su equipo empezaron a recopilar documentos y otros datos y presentaron el caso ante la oficina correspondiente del FBI en Phoenix.
Los estafadores han ido buscando maneras de conseguir dinero a partir de números robados desde que Diners Club presentase su primera tarjeta de crédito hace más de 60 años. En la época inicial, los ladrones se hacían con las cifras de una en una, buscando en la basura o en el correo recibos o extractos bancarios en los que figurase la información.
Datos a la venta
Pero la multitud de filtraciones de datos importantes, como ocurrió con Equifax Inc. y Target Corp., ha supuesto que sean más los consumidores que deban preocuparse por la visibilidad de su información financiera. Los hacker la ponen a la venta en la dark web (o en el Internet más profundo), en el que los ladrones de identidades compran archivos que contienen multitud de nombres, direcciones y números de tarjetas de crédito. La buena noticia para los consumidores es que pocas veces se les hace responsables de uso fraudulento, pero tienen que vigilar sus tarjetas para evitar actividades sospechosas y lidiar con los trámites de solicitar una tarjeta nueva en caso de que la anterior suponga un riesgo.
Durante años, los estafadores cogían esas cifras y las imprimían en tarjetas blancas que utilizaban en las tiendas tradicionales. Pero en 2015, Visa Inc. y Mastercard Inc. ordenaron la introducción por parte de los bancos y de las tiendas de tecnología de tarjetas de chip, que generan nuevos códigos para cada una de las transacciones que no pueden copiarse y que los hacker no pueden almacenar para usos posteriores. Este cambio contribuyó a que el fraude de la falsificación disminuyese a la mitad con arreglo a un informe de Capco, una empresa de consultoría.
Aumenta el fraude
No todos los comerciantes disfrutan de la seguridad adicional que ofrecen las tarjetas de chip. Aquellos que aceptan pedidos por teléfono u online han visto cómo sus costes por fraude se incrementaban. Se prevé que el denominado fraude sin presencia de la tarjeta cueste a los minoristas de todo el mundo unos 71.000 millones de dólares durante los próximos cinco años, de acuerdo con Juniper Research Ltd. «El fraude en realidad no se va a terminar nunca», comenta Justin Griggs, vicepresidente sénior para la comercialización de producto en el procesador de pagos Total System Services Inc. «Esta gente no se va a rendir. Se va a limitar a dirigirse al siguiente punto donde la vulnerabilidad pueda ser mayor».
Son muchas las maneras en las que los estafadores online pueden sacar partido a sus hazañas. Hay una que cada vez goza de mayor popularidad: el timador utiliza una tarjeta de crédito robada para hacer una compra online y elige la recogida en tienda. Seguidamente solicita la devolución en efectivo en un lugar cercano. Los comerciantes tienen que hacer frente a una encerrona. Si refuerzan las herramientas de lucha contra el fraude, puede que se ralentice el proceso de pago y que se frenen las ventas. La alternativa: incrementar el riesgo para los estafadores, tratando de localizarlos y de entregar las pruebas a la policía. «Ya hay un pequeño grupo dentro de estos comerciantes que muestra una indignación sin duda justificada», comenta Brad Wiskirchen, CEO de Kount Inc., que proporciona servicios de detección de fraude a los minoristas, también a PetSmart. «Cada vez son más los comerciantes que dicen: «Voy a impedir que me siga estafando y después voy a impedir que siga también estafando a otras personas».