Magellan: bastante bien pero no lo suficiente
Jeff Feingold dirige Fidelity Magellan, el otrora fondo mutuo más famoso del mundo. Sin embargo, es muy probable que no[…]
Jeff Feingold dirige Fidelity Magellan, el otrora fondo mutuo más famoso del mundo. Sin embargo, es muy probable que no haya oído nunca hablar de él, lo que dice mucho de la situación complicada de los gestores de fondos activos hoy en día. Desde finales de los 70 y durante los 80, los estadounidenses que invertían en bolsa sabían quién estaba detrás de Magellan. Peter Lynch presentó unos resultados por encima del mercado, de un 29 por ciento, que llevaron a muchos inversores de a pie a creer que el camino hacia la riqueza pasaba por el gestor de fondos adecuado. Los sucesores de Lynch, incluyendo Jeffrey Vinik y Robert Stansky, acapararon muchos titulares en los 90, aunque no llegaran ni a acercarse a las cifras de Lynch.
Ahora, lo que se lleva son los índices y muchos inversores particulares optarían antes por un gestor que replica los índices de referencia de bajo coste, antes que apostar por los gestores de moda. La forma en que Magellan ha pasado de ser un icono a ser uno más podría ser el ejemplo más duro de pérdida de confianza en los profesionales de la elección de acciones. Los registros de Feingold son muy sólidos: bajo su dirección, que comenzó en septiembre de 2011, Magellan ha superado al S&P 500 todos los años naturales, salvo 2016. Las ganancias anualizadas se han situado de media en un 15 por ciento, lo que sitúa al fondo actualmente justo por encima del índice. El fondo ha superado a más del 90 por ciento de los fondos con un estilo de inversión similar en el último año, los últimos tres años y los últimos cinco años. Lo que no está haciendo bien Magellan es ganar dinero gracias a los clientes. Magellan fue tan popular en su día que Fidelity cerró el acceso a nuevos clientes en 1997. Los activos alcanzaron niveles máximos en 110.000 millones de dólares en 2000, cuando se erigía como el mayor fondo del sector. Pero los inversores llevan retirando su dinero 18 años seguidos, pese a que Magellan volviera a abrir la entrada a nuevos inversores en 2008. «Si hacemos bien nuestro trabajo y generamos Alpha, esperamos que los accionistas lo tengan en cuenta», afirma Feingold en una conversación en la sede de Fidelity, en el distrito financiero de Boston. Alpha significa superar al índice. «La gente espera resultados de nosotros. Esperan que superemos a diario a las referencias».
Ahora, con un valor de 17.500 millones de dólares, el fondo tiene aproximadamente el mismo tamaño que cuando Feingold cogió las riendas. Esto oculta la salida de capitales, porque el valor de los activos del fondo aumentó a lo largo del mismo periodo, compensándose así las retiradas. El mayor fondo de renta variable de Fidelity, con 150.000 millones de dólares en activos, ahora es el fondo Fidelity 500 Index Fund, un fondo pasivo que replica el S&P.
Hay indicios de cambio de paradigma: en marzo, Magellan recibió más ingresos que retiradas; algo que llevaba una década sin suceder, según Morningstar Inc. y las retiradas globales se han ralentizado este año. Con todo, la tendencia está en contra. Los últimos datos demuestran que los fondos de acciones de EE. UU. gestionados de forma activa y los ETF experimentaron retiradas de fondos por valor de 67.000 millones de dólares este año hasta el mes de abril. Sus homólogos más pasivos han captado 59.000 millones de dólares. «Hacen falta argumentos convincentes para conseguir que los inversores compren tu fondo, y no está claro que Magellan los tenga», afirma Lawrence Glazer, socio director de Mayflower Advisors, Boston. Otros gestores de peso en Fidelity, como William Danoff, en el contrafondo Fidelity Contrafund, de 128.000 millones de dólares, también han sufrido retiradas, pese a los buenos resultados.
De caza
Feingold y su sustituto, Kwasi Dadzie-Yeboah, que entró a formar parte de Magellan en 2015, ya habían trabajado juntos en un fondo más modesto: Fidelity Trend Fund. Al igual que Lynch, que solía preguntar a los analistas encargados de elegir las acciones si la cosa estaba mejorando, ellos también intentan identificar empresas que den pistas de poder repuntar, analizando factores como el flujo libre de tesorería. «Estamos buscando compañías con fundamentales en mejoría», afirma Feingold. «Ahí es donde cazamos».
Feingold es un hombre delgado y con gafas, con MBA de Harvard y un grado en la Universidad de Brown, que escaló en el escalafón de Fidelity tras pasar un tiempo como analista en Morgan Stanley. Como inversor, presenta un enfoque tradicional, con un análisis individual de las compañías. Este estilo se ha visto cuestionado, no solo por las estrategias de replicar índices, sino por el aumento de la propiedad de las estrategias cuantitativas que utilizan ordenadores para bucear entre montañas de datos e identificar las acciones con mejores posibilidades. Aquí es donde entra en juego Dadzie-Yeboah, un ganés con un historial cuantitativo y que ofrece a Feingold una metodología que lleva puliendo una década. Lo denomina «automatizar nuestra filosofía de inversión». Cuando la historia y las señales se ponen de acuerdo en una acción, los gestores reciben una carga extra de confianza.
Los últimos resultados de Magellan se deben en parte a valores tecnológicos como Apple Inc. y Amazon.com Inc. Los gestores también han demostrado tener mano para seleccionar compañías maltratadas con sistemas anticuados, que están a punto de rebotar. Multiplicaron por cuatro su posición en el fabricante de equipos Caterpillar Inc. desde junio de 2016 hasta septiembre de 2017, justo a tiempo para aprovechar la subida. Los observadores de Fidelity están de acuerdo en que Magellan ha mejorado, pero no lo suficiente para suscitar entusiasmo. John Bonnanzio, editor de Fidelity Monitor & Insight y James Lowell, editor of Fidelityinvestor.com, afirman que existen fondos mejores que Fidelity para comprar, incluyendo Contrafondos. La conclusión, según Eric Balchunas, analista senior de ETF en Bottom Line, es que para un gestor de acciones activo en EE. UU., un resultado bastante bueno ya no es lo suficientemente bueno. «Los datos demuestran que o aplastas el valor de referencia, o es muy difícil recibir flujos», afirma Balchunas. «Estamos ante un cambio de paradigma».