La UE se resigna a la guerra comercial de Trump, que sigue inflexible con el acero
Bruselas quema los últimos cartuchos diplomáticos con EE UU ya que mañana acaba el tercer ultimátum para imponer aranceles
Pintan bastos. De nuevo, como siempre. «Tiene mala pinta, muy mala», confesaba este miércoles un alto cargo comunitario en declaraciones a este medio. ¿Donald Trump declarará este viernes la guerra comercial a la UE con la entrada en vigor de los aranceles del 25% y el 10% al acero y el aluminio comunitarios? En realidad, ya están aprobados desde el pasado 1 de abril. Ese día, sin embargo, también se firmó 'in extremis' una primera prórroga de un mes. El 1 de mayo, se repitió el guión y ahora... ¿Habrá una tercera vez? Quién sabe. Europa, pese a todo, que no es poco, sigue quemando sus últimos cartuchos diplomáticos para evitar lo que muchos consideran un imposible.
Con Trump solo cabe ponerse en lo peor y esperar a que la flauta suene. Esta la actitud que ha adoptado la Comisión Europea, cuya comisaria de Comercio confesó el martes ante el Parlamento que «ya no es realista esperar una exención total de las tarifas». Incluso en el hipotético caso de que se produzca este escenario, Cecilia Malmstroom admitió que, de una u otra forma, los 28 quedarían penalizados. Si no es con aranceles, quizá estableciendo cuotas de acceso al mercado. A Washington le encantaría que pudiera hacerse por países para castigar a Berlín, pero esto jamás lo aceptará la UE por ser ilegal.
La sensación generalizada es que Trump apretará el botón nuclear de una incierta guerra comercial. Porque ahora se habla de acero y aluminio, pero mañana podríamos estar hablando de coches... Palabras mayores que han activado todas las alarmas en Alemania, la gran potencia.
El martes por la noche, en París, Malmstroom se reunió con su homólogo estadounidense, Wilbur Roos, para intentar convencerle de que una política de patio de colegio basada en el 'y tú más' no favorecerá a nadie. Porque Bruselas, como reiteran fuentes comunitarias, no se arrugará ante «las decisiones unilaterales que quiere impulsar EE UU saltándose toda la normativa internacional de la Organización Mundial del Comercio». Ojo por ojo, y diente por diente. Bruselas, siempre tan diplomática, rechaza hablar de represalias. En esta ocasión, el eufemismo adoptado es «medidas para reequilibrar la situación».
A mediados de marzo, la Comisión publicó un prolijo listado de 349 productos que se envió recientemente a la OMC y que serán objeto de tarifas de acceso al mercado único europeo si Trump no recula. El impacto total para la economía estadounidense sería de 6.400 millones.
Eso sí, habría dos fases. En la primera, a corto plazo, afectaría a 186 bienes, como zumo de naranja, arándanos, arroz, maíz, whisky, tabaco, cosméticos, vaqueros y acero. Se les aplicaría un arancel del 25%. El impacto sería de 2.800 millones, el mismo que las medidas americanas sobre la UE. Para una segunda fase se han seleccionado 163 productos, como laca, toallitas de papel, mantas o cerámica. Para ellos, el arancel sería del 10% y entraría en vigor dentro de tres años. Su impacto, 3.600 millones.
La espada de Damocles
Hace un par de semanas, en la cumbre celebrada en Sofía, los líderes comunitarios tendieron la mano a la Administración Trump pese a todos los desaires que venían sufriendo. Se comprometieron a ofrecer mayor cooperación en energía, especialmente sobre el gas licuado; mejorar la colaboración entre los reguladores de las dos orillas del Atlántico; reformar la OMC; y «mejorar recíprocamente el acceso al mercado, sobre todo para los productos industriales, incluyendo los coches, así como la liberalización de la licitación pública». Acero por coches, un 'win-win' (ganan todos) de manual.
Pese a todo, como la propia Malmstroom ha reconocido, la pipa de la paz ofrecida por Bruselas sigue sin poder encenderse. El problema es que Donald Trump pone exigencias, pero no sabe digerirlas. Y es que la UE ha tendido la mano, aunque estableciendo una condición sine qua non: que se retire el chantaje de las tarifas al acero y el aluminio y que se vuelva al folio en blanco para escribir juntos el futuro. «No negociaremos con una espada de Damocles sobre nuestras cabezas», insiste la UE. El tiempo se agota. El tictac, para bien o para mal, dejará de sonar mañana.