Macron, a Le Pen en el debate: «Usted propone un proyecto de guerra civil»
A cuatro días cortos del voto final, Emmanuel Macron, social reformista, y Marine Le Pen, extrema derecha, se enfrentaron la[…]
A cuatro días cortos del voto final, Emmanuel Macron, social reformista, y Marine Le Pen, extrema derecha, se enfrentaron la noche del miércoles en un espectacular duelo audiovisual a primera sangre política, que pudiera influir en incierta medida en el voto decisivo, el domingo que viene, si los rivales consiguen el voto de los abstencionistas y dubitativos.
El debate, organizado por France Télévisions (FT, primera cadena pública) y TF1 (primera cadena privada), enfrentó dos visiones radicalmente enfrentadas sobre el futuro de Francia y Europa.
Favorito de los sondeos, Macron defendió una Francia abierta al mundo, en el corazón político de una Europa «protectora». Le Pen, estrella creciente del paisaje político nacional, defendió una Francia que aspira a «recobrar su soberanía política, militar y económica, en una Europa amenazada por un nuevo golpe de Estado financiero del capitalismo salvaje».
Le Pen comenzó el duelo con un
ataque a la yugular
política de su rival: «Macron es el candidato de la mundialización, de la precariedad social. Yo soy la candidata que protege a la nación frente a los estragos de la mundialización. Macron es el candidato de las elites. Yo soy la candidata del pueblo».
Macron le respondió de este modo: «Señora Le Pen, no pienso responder a su logorrea, la demagogia de la extrema derecha racista y ultra nacionalista. Usted encarna el rostro más visible de un espíritu derrotista y derrotado. Usted encarna el repliegue nacionalista, que responde con miedo y angustia a los desafíos de nuestro tiempo. Yo defiendo la gran tradición de una Francia conquistadora y capaz de imponer sus valores en una sociedad abierta. Usted encarna el espíritu del fracaso, cerrando las fronteras, con miedo e impotencia. Yo encarno la Francia capaz de conquistar su puesto y su rango internacional a través de la cultura, la economía, su creación y sus libertades».
Cuando ambos rivales fueron invitados a razonar ambos modelos, Le Pen insistió en su defensa del «búnker» nacional contra Europa: «Europa es un desastre. El euro es una amenaza para nuestra soberanía nacional. Yo encarno la restauración de la soberanía contra los desastres de la mundialización y la austeridad europea, contra la competencia mundial y desleal. Usted no representa los intereses nacionales. Usted es el representante del gran capital».
Macron defendió una visión diametralmente opuesta: «Europa es nuestro futuro. Una Europa protectora, una Europa garante de nuestra prosperidad. Todo lo que usted propone es una sarta de mentiras demagógicas. Usted es incapaz de proponer nada concreto. Usted se pierde en su logorrea cínica. No propone nada. Usted prospera agitando la basura de sus mentiras. Y esas mentiras son una amenaza para nuestra libertad y nuestra prosperidad. Yo propongo reformar Francia para crear riqueza ofreciendo nuevas formas de seguridad».
Hablando de economía, sociedad, cultura, diplomacia, terrorismo, Le Pen esgrimió siempre la misma estrategia: «Restaurar la soberanía nacional para defender nuestra patria amenazada por Europa y la mundialización».
Macron, por su parte, insistió siempre en el riesgo «mortal» de esa visión ultranacionalista: «Para combatir el terrorismo, para combatir la inmigración ilegal, para crear riqueza, debemos trabajar con nuestros aliados europeos y trasatlánticos».
A través de un enfrentamiento verbal muy duro, brutal, por momentos, Le Pen y Macron se dirigían a los abstencionistas y dubitativos, intentando confirmar o cambiar de rumbo las intenciones de voto anunciadas por todos los sondeos de la última semana, muy favorables a Macron.
Con 8.7 millones de votos en la primera vuelta del 23 de abril (23,75 % total), Emmanuel Macron aspira a conseguir una parte sustancial del voto conservador (François Fillon) y socialista (Benoît Hamon) de la primera vuelta. Sin desdeñar, si no todo lo contrario, de una parte menor pero significativa de los votos ultranacionalistas (Nicolas Dupont-Aignan) y extremistas de izquierdas (JL Mélenchon).
En Francia, en la elección presidencial se vota a una persona, un hombre, o una mujer, y el voto de la segunda vuelta es parcialmente «esquizofrénico», desde la fundación del Régimen. Una parte de la izquierda vota a la derecha. Y una parte de la derecha vota a la izquierda. El domingo que viene volverá a repetirse esa «esquizofrenia».
Teóricamente, Macron pudiera tener una «reserva» de unos 8,5 millones total. Aspira a conseguir de 15 a 17 millones de votos, el domingo.
Con 7,68 millones de votos en la primera vuelta (21,3 % del total) Le Pen aspira a conquistar parte del voto Fillon de la primera ronda, buena parte del voto ultra nacionalista y una parte sustancial del voto anti sistema (Mélenchon). Según los mismos estudios oficiosos, Marine Le Pen «solo» tendría una reserva de 3 a 5 millones de votos. Más que suficiente para conseguir un resultado espectacular, pero quizá insuficiente para ser la primera presidenta de la historia de la V República.
