Desempleo: Culpen a la automatización, no a la inmigración

El miedo a los «robots» aviva un movimiento político nativista en Holanda

Desde las vistas privilegiadas que ofrecen las ventanas de las imponentes oficinas de la Autoridad Portuaria de Róterdam, puede contemplarse el paso silencioso del flujo de embarcaciones que inician su viaje desde este puerto marítimo holandés hasta otros puntos de Europa cargadas con todo tipo de cosas, desde microondas chinos hasta mineral de hierro de Brasil. Al ser el mayor puerto de Europa, Róterdam es un punto clave para la economía global y una de las ciudades del continente más cosmopolitas y diversas, con una fuerte presencia de población inmigrante. Ahora bien, esta puerta de entrada del Mar del Norte hacia el resto del mundo también es la cuna de un movimiento político antiglobalización, antimigratorio y antimusulmán que podría ganar las próximas elecciones nacionales, previstas para el 15 de marzo.

El atractivo de su líder, el rubio oxigenado Geert Wilders, y su Partido por la Libertad resultan paradójicos incluso en plena era del presidente Donald Trump y de Marine Le Pen, la líder nacionalista que encabeza los sondeos en Francia. Durante siglos, Holanda ha sido sinónimo de liberalismo, tolerancia religiosa y apertura al comercio. En gran parte, Wilders lidera los sondeos porque ha sabido sacar partido del profundo temor de los trabajadores holandeses pocos cualificados a perder sus puestos de trabajo en un mundo de rápidos cambios tecnológicos. «La robotización está acabando con nuestros empleos», comenta Niek Stam, líder del sindicato de trabajadores FNV Havens, que representa a los estibadores de carga y descarga del puerto de Róterdam. «Los estibadores portuarios no van a votar a Wilders porque sean racistas, no lo son. Van a votar a Wilders porque están enfadados».

Róterdam resume la tensión que ha contribuido a fomentar el clima político actual. En todo ello hay que incluir los cambios que han supuesto la inmigración y también los efectos que la globalización ha tenido en aquellas personas que aprendieron su oficio en el siglo XX. Existe una menor necesidad de hombres corpulentos con una formación básica que hagan el duro, e intrínsecamente peligroso, trabajo propio de los estibadores portuarios. Hay una mayor demanda de personal informático que se encargue del mantenimiento de la revolución digital que agiliza la burocracia del puerto y del manejo de los robots. 

Las modernas y novedosas terminales del puerto de Róterdam comenzaron a funcionar en 2015 con la descarga en remoto desde las salas de control de las embarcaciones y contenedores que circulan por el puerto en camiones sin conductores. Si bien en el puerto trabajan aproximadamente 90.000 personas, una cifra similar a la de hace diez años, los sistemas de automatización están cambiando la naturaleza de los puestos de trabajo, comenta Allard Castelein, CEO de la Autoridad del Puerto de Róterdam. «En el caso de los contenedores, solíamos contar con hombres de mediana edad que operaban una grúa», comenta. «Ahora disponemos de una sala de control con mujeres de 22 años con una perfecta coordinación ojo-mano que realizan esta labor».

BLANCO FÁCIL

Para quienes han perdido sus puestos de trabajo, puede resultar complicado saber a quién culpar. Los inmigrantes de Róterdam se han convertido en un blanco fácil, en especial los musulmanes que suponen aproximadamente un 13 por ciento en una ciudad de 600.000 habitantes. Entre sus grandes prioridades, Wilders, de 53 años, quiere que Holanda blinde sus fronteras, salga del euro y abandone la Unión Europea. También quiere prohibir la inmigración musulmana, las mezquitas y el Corán, que describe como el Mein Kampf del Islam. Hace apenas unos días, llamó «escoria» a los ciudadanos holandeses de ascendencia marroquí. Wilders vive con vigilancia policial las 24 horas del día. El 24 de febrero, justo tres semanas antes de las elecciones, tuvo que interrumpir su campaña pública, ya de por sí minimalista, tras la detención de un miembro de su escolta por proporcionar supuestamente información sobre su persona a bandas marroquíes.

Wilders tiene motivos para ser prudente. Es el descendiente político de Pim Fortuyn, un conservador provocador que hizo campaña en una plataforma contraria a la inmigración y a los musulmanes antes de ser asesinado en 2002. El tirador, un hombre de raza blanca defensor de los derechos de los animales, declaró que había matado a Fortuyn para impedir que siguiese instrumentalizando a los musulmanes de chivo expiatorio. La agenda populista de Fortuyn pasó finalmente a manos de Wilders y su Partido por la Libertad. 

Castelein, CEO de la Autoridad Portuaria, está desconcertado por el respaldo que ha logrado el mensaje populista de Wilders en una ciudad cuyo éxito se define por sus fronteras abiertas y sus conexiones con el resto del mundo. «No creo que el proteccionismo de ningún tipo pueda contribuir al bienestar económico o social del país», comenta. Teniendo en cuenta que Róterdam obtiene del puerto aproximadamente un 3,5 por ciento de su resultado económico, más de 25.000 millones, Castelein comenta: «Necesitamos abastecer a entre 350 y 500 millones de europeos, no a 16 millones de holandeses.»

El pasado año, Stam, líder sindical, encabezó la primera huelga portuaria en 13 años para frenar la pérdida de puestos de trabajo como consecuencia de la nueva terminal automatizada. «Quienes están a favor del libre mercado afirman que estamos ante la cuarta o la quinta revolución industrial y que las anteriores dieron lugar a mayor riqueza,» afirma Stam. «Pero los robots no compran coches. No van de compras. No contribuyen al pago de las pensiones o al sistema de seguridad social».

Además, comenta, los años de bonanza de la globalización ya son historia; cada uno de los procesos automatizados supone la aniquilación del puesto de trabajo de un ser humano. En los años 70, en el puerto trabajaban 25.000 estibadores. En los años 90, había menos de 12.000. Ahora apenas son 7.000 y, en opinión de Stam, la nueva ley que se va a debatir en el parlamento holandés para cerrar todas las centrales de carbón de Holanda va a terminar con 600 puestos de trabajo.

Stam comenta que las propuestas de Wilders no van a paliar ninguna de las situaciones expuestas, una de las razones por las que no le va a votar. «Los musulmanes son holandeses de tercera generación. No nos van a quitar el puesto de trabajo», afirma Stam, que culpa de lo que se está viviendo a la automatización y a la competencia de los puertos polacos, con menores costes. 

Róterdam lleva dependiendo de la apertura de las fronteras al menos desde el siglo XVII y ha fundamentado su crecimiento en los comerciantes holandeses que vendían mercancías procedentes de todo el mundo a cada vez más europeos. En 1962, Róterdam era el puerto más importante del mundo, un reconocimiento que ha ido pasando a los puertos chinos y que hoy día es poco probable que recupere. Los escenarios de crecimiento de 2009 para el año 2030 se han revisado a la baja desde su creación un 20 por ciento. En ninguna de estas previsiones se ha tenido en cuenta la posibilidad de que Holanda salga de la UE ni un brote repentino de proteccionismo global.

En cuanto a aquellos europeos a los que preocupa que una victoria de Wilders vaya a impulsar el radicalismo en toda la UE, comentar que la situación es menos aterradora de lo que parece. La fragmentación política en Holanda se traduce en que, a pesar de liderar los sondeos, Wilders atrae a menos del 20 por ciento del electorado. El impulso que supuso la victoria de Trump ha ido desvaneciéndose y ahora se sitúa justo por delante de los conservadores, que forman parte del Gobierno. Incluso en el caso de que ganase, es improbable que Wilders forme parte de la coalición que gobierne ya que otros grandes partidos han declarado que no van a contar con él a la hora de formar gobierno. Lo que está claro es que los poderes existentes van a sufrir una severa derrota en las urnas.

Ya fuera del puerto, Henk Boes se enteró el mes pasado de que la fábrica de envasado de vidrio en la que ha trabajado a las afueras de Róterdam en los últimos 46 años va a cerrar por decisión de su propietaria, la compañía estadounidense Owens-Illinois Inc.Boes entiende el cierre como una cuestión de codicia corporativa. Está pensando si dar su voto a Wilders o al nuevo Partido 50 Plus (50 ). Ambos respaldan bajar la edad de jubilación y proteger el empleo. «Va a pasar lo mismo que en Estados Unidos», comenta Boes. «Voy a votar en contra del sistema.»

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