El maestro Warren Buffett reprende a sus discípulos
El gurú estadounidense afirma que los gestores de fondos cobran demasiado
Frank Byrd trabajaba como bróker de acciones, con 25 años, en Merrill Lynch, Memphis, cuando leyó por primera vez la carta anual de Warren Buffett a los accionistas de Berkshire Hathaway. Recuerda que pensó «Es la primera vez que leo algo que me hace pensar 'esto tiene sentido». Byard se había dado cuenta de que sus clientes con mejores resultados en el mercado, casi nunca operaban; al igual que Buffett, compraban acciones de compañías que admiraban y las guardaban durante años. «Ya sabía que no era ninguna teoría», afirma. «Sabía que funcionaba». Más adelante, decidió realizar estudios de inversión en la Escuela de Negocios de Columbia, el alma mater de Buffett, y trabajó durante 15 años en el sector de los fondos de cobertura.
Byrd ha tenido últimamente en mente al multimillonario inversor. Buffett ha inspirado a una generación de profesionales del mundo financiero hasta hacerles creer que es posible vencer al mercado, pero últimamente ha estado exponiendo las razones por las que, en términos generales, las tarifas de los gestores de fondos y los consultores de inversión, no merecen la pena. Se ha convertido en un locuaz defensor de los fondos low-cost que replican de forma pasiva índices de mercados como el S&P500. El pasado mes de octubre, Byard volvió como invitado a Columbia para hablar sobre Buffett. La pregunta que se planteó fue: «¿Por qué nuestro héroe, Warren, está empujando a la gente a alejarse de los gestores de fondos más activos?».
Sin duda, esta es una pregunta que no tardará en volver a plantearse. La carta anual de Buffett se publica el 25 de febrero, y ha prometido volver a profundizar en este asunto. «Estoy deseando leerla», afirma Paul Lountzis, un gestor de fondos que trabajó al principio de su carrera en Ruane, Cunniff & Goldfarb, una compañía creada por Bill Ruane, amigo de Buffett. «No creo que piense que todo el mundo está intentando estafar al cliente», afirma Loutzis. «Pero es frustrante que te llamen los clientes para decirte: «Mira lo que ha dicho Warren».
Hace tres décadas, Buffett ofreció un discurso muy influyente en Columbia titulado «Los superinversores de Graham-and-Doddsville», en el que describía los resultados de un pequeño grupo de inversores que conocía, entre los que se encontraba Ruane. Todos ellos habían batido con creces al mercado siguiendo estrategias presentadas en un libro clásico de inversión de Benjamin Graham y David Dodd. El principal mensaje de Buffett: los mercados son a veces caprichosos y emocionales, algo que los inversores inteligentes pueden aprovechar a su favor. Un tema que fue recurrente durante años en su carta anual.
Un tono diferente
En la carta de hace tres años, Buffett sorprendió con un tono muy diferente. Afirmó que la mayor parte del dinero que le dejaría a su mujer, tras su fallecimiento, se invertiría en un fondo que replica el S&P500, como el Fondo de Índice Vanguard 500. «Yo creo que los resultados a largo plazo de este tipo de políticas serán mejores que los obtenidos por la mayoría de inversores (fondos de pensiones, institucionales y particulares), que recurren a gestores caros», afirmó. El pasado mes de abril, en la reunión anual de Berkshire, Omaha, explicó las razones: hay demasiados gestores y consultores de fondos que aplican unas comisiones desorbitadas. Este tipo de contratos se llevan una «cantidad enorme del capital»; sale mejor «sentarse a esperar» en un fondo que replique un índice.
Los números le dan la razón a Buffett. El Índice Vanguard 500 ha superado al 70 por ciento de los fondos que compran acciones de grandes compañías estadounidenses en los últimos 15 años, según datos de Morningstar. Los fondos de cobertura también han arrojado peores resultados durante años, y sus clientes están tirando el dinero. El propio Buffett es una brillante excepción a la norma: el precio de Berkshire Hathaway, que gestiona sus inversiones, ha subido un 20,8 por ciento anualizado desde 1965 hasta 2015, según la compañía, en comparación con el 9,7 por ciento del S&P500.
«El gestor de fondos más alabado de la historia, diciéndoles a los demás: 'la gran mayoría de todos vosotros no valéis lo que cobráis en comisiones», afirma David Rolfe, jefe de inversión en Wedgewood Partners, un compañía de inversión de Berkshire que gestiona un fondo de 7.200 millones de dólares. «Eso tuvo que doler, particularmente a los fans de Buffett».
Byrd afirma que el ataque de Buffett a los gestores de fondos tiene sentido, si nos fijamos en los números. La gestión de carteras y la asesoría de inversión como porcentaje del consumo personal en EE.UU. se han multiplicado por seis desde los años 80, cuando Buffett se hizo popular. Estas comisiones son unos «impuestos insoportablemente altos» para los inversores, afirma Byrd, y deben de sacar de quicio a Buffett, como pionero del boom.
Planificación financiera
Durante los años en los que co-gestionó su fondo de cobertura, Byrd afirma que rara vez mantuvo conversaciones con sus clientes sobre las comisiones. Ahora está trabajando en otro ámbito del universo de la inversión. Desde 2015, su compañía Fielder Capital Group, gestiona fondos para particulares, centrándose en la planificación financiera más que en la selección de acciones. Los clientes suelen pagar entre un 0,49 y un 0,89 por ciento de los activos que se gestionan, mucho menos del 1,5 por ciento más el bonus del 20 por ciento sobre los beneficios, que aplicaba el fondo de cobertura de Byrd. Según él, sus clientes están interesados sobre todo en los fondos de índices, porque son baratos.
El negocio de la planificación también está sometido a presiones por las comisiones, como los conocidos como ciber-asesores, que ofrecen carteras automáticas baratas. Según Byrd, algunos clientes siguen prefiriendo una atención personal, cuando se trata del patrimonio. Al contrario de lo que ocurre con las promesas de batir al mercado, estos sí son objetivos que un buen planificador puede prometer con confianza. «Nosotros gestionamos gran parte del patrimonio de nuestros clientes; si no todo, al menos la parte líquida», afirma Byrd. «Irónicamente esta es una responsabilidad mucho mayor que la que sentía cuando gestionaba un fondo de cobertura».