Europa va a la guerra comercial contra China más allá del automóvil

Bruselas no se quiere quedar solo en los automóviles híbridos y planea restrcciones a las exportaciones de China en la industria química, ingeniería mecánica o productos farmacéuticos

La Unión Europea se prepara para una confrontación directa con China, en una guerra comercial en la que amenaza con extender las restricciones a la importación mucho más allá de la industria del automóvil, lo que puede derivar en nuevas tensiones con el gigante asiático.

Apenas unos días después de alcanzar un acuerdo para limitar las exportaciones de vehículos chinos, Bruselas tiene sobre la mesa nuevas medidas en otros sectores industriales, con el respaldo de Alemania y Francia, las dos mayores economías de la Unión Europea.

Según informa Bloomberg, Alemania presionará para extender las restricciones a las importaciones chinas a la industria química, la ingeniería mecánica y, potencialmente, el sector farmacéutico, tres actividades de enorme importancia para la economía europea.

La medida responde a una preocupación muy seria, que pasa por la posibilidad de que la competencia de China termine desplazando a los fabricantes europeos de sus propios mercados.

Según recoge un reciente informes del Instituto Mercator de Estudios sobre China (MERICS), las estimaciones de Rhodium Group y la Cámara de Comercio de Estados Unidos apuntan a que hasta 650.000 millones de dólares en exportaciones industriales de los países del G7 podrían quedar expuestos a la creciente competencia china hasta 2030.

No se trata de pérdidas previstas, sino del volumen de exportaciones potencialmente expuesto a la conquista de cuota de mercado por parte de China.

La sobrecapacidad industrial china amenaza a Europa

El problema subyacente encuentra su origen en los desequilibrios de la economía china, con una gigantesca capacidad de producción que la demanda interna no puede absorber, lo que obliga al país a aumentar las exportaciones.

El informe de Rodhium Group advierte de que este exceso de capacidad ya ha dejado de ser un problema exclusivo de los vehículos eléctricos, las baterías o los paneles solares, para extenderse a la maquinaria, los productos químicos o la industria farmacéutica.

El resultado es una creciente presión competitiva sobre los fabricantes europeos, que deben enfrentarse a productos chinos más baratos mientras soportan costes energéticos, laborales y regulatorios generalmente más elevados.

Los datos recopilados por la Comisión Europea ilustran esta tendencia. Entre julio de 2025 y junio de 2026, las importaciones extracomunitarias de baterías de ion-litio aumentaron un 83%, mientras sus precios disminuyeron un 24%.

En los vehículos híbridos enchufables, los volúmenes importados crecieron un 86%, acompañados de una caída de precios del 20%. En los equipos informáticos, el incremento alcanzó el 116%, con un descenso de precios del 5%.

"Los desequilibrios comerciales entre la UE y China no se limitan al automóvil", advirtió Valdis Dombrovskis, responsable de Economía de la Comisión Europea, en declaraciones a Bloomberg. En concreto, según las estadísticas aduaneras chinas, el superávit bilateral de Pekín con la UE alcanzó un récord mensual de 34.800 millones de dólares en septiembre.

Nuevo frente tras el acuerdo sobre los automóviles

Así las cosas, el acuerdo para limitar las exportaciones de automóviles híbridos chinos alcanzado hace apenas una semana ha abierto un nuevo frente con China.

El acuerdo, todavía pendiente de su aprobación definitiva, contempla un máximo de 350.000 automóviles anuales a partir de diciembre, menos de la mitad del volumen que se esperaba importar este año.

Sin embargo, para Pekín se trata de una concesión excepcional, que no debería convertirse en un precedente para otras industrias. China considera que el sacrificio resulta asumible, porque su impacto sobre el conjunto de las exportaciones será relativamente limitado.

Según Bloomberg Economics, la medida reduciría aproximadamente un 1,5% las ventas totales de China a Europa y apenas un 0,2% sus exportaciones mundiales.

Pero las autoridades chinas no están dispuestas a aceptar que Bruselas utilice el acuerdo como punto de partida para imponer nuevas restricciones. "Se trata de un acuerdo especial que no sentará un precedente para otros sectores", aseguró Tu Xinquan, antiguo asesor del Ministerio de Comercio chino.

Contraataque chino

Este experto recordó que Pekín había aceptado las limitaciones por la importancia que tiene el sector del automóvil para Europa y por su interés en preservar las relaciones comerciales con Alemania.

También lanzó una advertencia sobre las consecuencias de ampliar las medidas a nuevas industrias. "Si la otra parte continúa tentando a la suerte, China no tendrá más remedio que contraatacar", señaló en declaraciones que recoge Bloomberg.

Lo cierto es que las amenazas de China no son simples avisos diplomáticos, pues el gigante asiático lleva meses preparando el terreno para articular una respuesta ante nuevas restricciones procedentes de la UE.

Así lo advierte el informe de MERICS, tras recalcar que China ha aprobado durante 2026 nuevas regulaciones que amplían su capacidad para investigar, sancionar y adoptar represalias contra gobiernos y empresas extranjeras que considere contrarios a sus intereses económicos.

De acuerdo con los analista del think tank, China está pasando a una política mucho más agresiva, que combina instrumentos legales, restricciones comerciales y medidas de presión sobre empresas extranjeras.

El ejemplo más evidente es el de las tierras raras, unos materiales imprescindibles para numerosas actividades industriales y tecnológicas sobre los que Pekín mantiene una posición dominante.

El riesgo de una guerra comercial en Europa

Con todo, la estrategia proteccionista hacia la que camina Bruselas tampoco está exenta de riesgos, sobre todo si las nuevas restricciones terminan encareciendo los productos y mermando la competencia.

Así lo advierte el centro de estudios económicos Bruegel en un informe publicado en septiembre, en el que sostiene que la industria europea necesita recuperar competitividad, no limitarse a levantar barreras comerciales frente a sus rivales chinos.

El documento recuerda que la producción de automóviles de la UE ha caído alrededor del 19% desde 2019, lo que supone aproximadamente 2,6 millones de vehículos menos. El problema es todavía mayor si se tiene en cuenta que la cadena de valor del automóvil emplea a unos 14 millones de europeos, alrededor del 6% del empleo total.

Pero Bruegel advierte de que las medidas de protección pueden trasladar costes importantes a los consumidores.

Sus cálculos indican que imponer la utilización de baterías de origen europeo podría encarecer unos 2.100 euros el coste de fabricación de un automóvil eléctrico, considerando una batería de 60 kWh y los precios utilizados en sus estimaciones.

Por eso, el think tank defiende que las restricciones sean temporales y estén acompañadas de medidas que permitan a los fabricantes europeos mejorar su productividad, reducir costes y competir en el mercado internacional.

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