El diésel se convierte en el riesgo más infravalorado para Europa este invierno
Bank of America alerta de que la escasez de diésel y el fuerte repunte de sus precios amenazan con disparar la inflación en Europa, en plena crisis del petróleo y a las puertas del invierno
El encarecimiento del petróleo por culpa de la guerra en Oriente Próximo tiene una derivada mucho más peligrosa para las economías europeas, la subida de los precios del diésel a las puertas del invierno.
La creciente escasez del diésel en los mercados internacionales está presionando al alza sobre los precios, que suben muy por encima de los del crudo, configurando una amenaza en toda regla para las expectativas de inflación.
Así lo advierten los economistas de Bank of America (BofA) en su último informe sobre los mercados de energía elaborado por un equipo de expertos dirigido por Franscisco Blanch, uno de los analistas más reputados del sector.
La conclusión es que no existe una solución inmediata que permita resolver los problemas que plantea el diésel, agravados además por las tensiones geopolíticas, los ataques a refinerías y las dificultades para lograr una apertura del estrecho de Ormuz.
El diésel se encarece mucho más que el petróleo
Uno de los datos más llamativos del informe es el fuerte encarecimiento del diésel respecto al petróleo. Los diferenciales de refino del gasóleo europeo frente al Brent, conocidos como crack spreads, se sitúan alrededor de los 80 dólares por barril, mientras que en el mercado estadounidense de Nueva York superan los 100 dólares para las entregas de noviembre.
El crack spread mide la diferencia entre el precio de un producto refinado, como el gasóleo, y el precio del petróleo utilizado como referencia, expresados ambos en dólares por barril. Por lo tanto, la cifras significan que el diésel vale 80 dólares más que el petróleo del que procede.
De acuerdo con el análisis de BofA, se trata de niveles excepcionales que reflejan que el problema no es solo de encarecimiento del petróleo, sino de falta de disponibilidad de productos refinados.
Un problema de difícil solución
La consecuencia es muy seria, en el sentido de que una eventual disminución de los precios del petróleo no garantiza por sí misma una moderación equivalente de los precios del diésel, sobre todo si persisten los cuellos de botella en la producción o el transporte marítimo.
Para el cuarto trimestre, Bank of America prevé un diferencial medio de 62 dólares por barril para el gasóleo europeo, una cifra inferior a los niveles actuales, pero que sigue reflejando unas condiciones demasiado tensionadas.
Las refinerías tampoco disponen de demasiado margen para corregir la situación. En Estados Unidos, las instalaciones ya funcionan con tasas de utilización muy elevadas, mientras que la actividad mundial de refino permanece relativamente contenida.
A ello se suma otro problema. Incrementar la producción de diésel puede reducir la proporción de otros combustibles obtenidos del petróleo, trasladando las tensiones a mercados como el de la gasolina, donde BofA también ha detectado un encarecimiento de los márgenes.
Los riesgos para la inflación
Las consecuencias para la economía europea pueden ir bastante más allá del encarecimiento de los carburantes.
El diésel continúa desempeñando un papel determinante en el transporte de mercancías, la logística, la agricultura y numerosas actividades industriales. Una subida persistente de sus precios se traslada a los costes de producción y distribución de las empresas, con el consiguiente riesgo de que termine repercutiendo en los precios que pagan los consumidores.
El riesgo para Europa es que el diésel se convierta en una nueva fuente de inflación de costes, precisamente cuando el encarecimiento de la energía y la persistencia de las tensiones geopolíticas complican las perspectivas económicas.
De acuerdo con Bank of America Research, la inflación en Europa alcanzará este año el 3,3%, en una estimación revisada al alza precisamente por la subida de los costes de la energía. Su previsión está ligeramente por encima del 3% que calculó la Comisión Europea en su informe de primavera, pero tres décimas por debajo del 3,6% que prevé el BCE.
La magnitud del impacto dependerá de la duración del encarecimiento, de su traslado a los precios finales y de la capacidad de las empresas para absorber parte del incremento de costes.
Las reservas estratégicas no solucionan el problema
En este contexto, Europa ha movido ficha para contener los precios mediante una liberación prevista de 50 millones de barriles de diésel procedentes de reservas estratégicas, lo que puede proporcionar cierto alivio a corto plazo.
Sin embargo, Bank of America advierte de que esta medida no es una solución definitiva, o una “bala de plata”, en la medida en que recurrir a estas existencias equivale simplemente a adelantar una oferta que podría necesitarse más adelante.
Es una especie de ‘pan para hoy y hambre para mañana’, puesto que se aumenta la oferta sin barriles nuevos o sin incrementar la capacidad de producción. De hecho, la medida provocó tras conocerse una caída fugaz de los precisos del diésel, que rápidamente se recuperó.
La situación resulta todavía más delicada porque Europa también entra en la temporada invernal con unas reservas de gas natural relativamente reducidas.
BofA identifica especialmente a Alemania y Reino Unido entre los países expuestos a una combinación de bajas existencias energéticas y temperaturas invernales más bajas.
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