China Shock 2.0: la deflación que amenaza a Europa seduce al private equity
China está creando oportunidades de inversión para el capital riesgo gracias a los bajos tipos de interés, otro frente en el que toma ventaja frente a Europa
El China Shock 2.0 del que ha venido informando finanzas.com, tiene una segunda cara mucho más atractiva para el capital riesgo. La misma combinación de exceso de capacidad, debilidad de la demanda interna y presión sobre los precios que amenaza con erosionar los márgenes de las fábricas europeas, está empezando a abrir oportunidades para algunas de las mayores firmas mundiales de private equity.
Algunos de los gigantes del sector, como Warburg Pincus, PAG y KKR coinciden en que las distorsiones acumuladas en la economía china han creado un escenario propicio para comprar compañías a valoraciones más reducidas, financiarlas a costes muy inferiores a los occidentales y con mejores perspectivas de expansión de múltiplos.
Es una consecuencia más de lo que los economistas de Bank of America bautizaron como el China Shock 2.0. El gigante asiático necesita colocar fuera (principalmente en Europa) parte del exceso de capacidad industrial que el país no puede absorber con la demanda interna flaqueando, por lo que presiona a la baja los precios internacionales.
Entorno propicio en China para las compras apalancadas
Pero dentro del país, esa misma debilidad interna está abaratando los activos y manteniendo los tipos de interés en niveles especialmente bajos y atractivos para las adquisiciones apalancadas.
“Esto es bastante favorable para hacer compras apalancadas”, aseguró Jeffrey Perlman, consejero delegado de Warburg Pincus, durante la conferencia SuperReturn celebrada esta semana en Singapur, según informa Bloomberg.
La tesis de Perlman es que China podría tomar prestada parte de la receta japonesa y mantener los tipos bajos durante mucho tiempo, de forma que abandonar ahora el mercado chino o dejar de prestarle atención podría resultar un error.
De la deflación a rentabilidades del 20%-25%
Lo cierto es que los fondos de capital riesgo están mirando a China con otros ojos, en parte porque en los despachos de estos grandes inversores, ahora sí salen las cuentas.
Tal y como explicó Nikhil Srivastava, socio y codirector de private equity de PAG, las actuales condiciones del mercado chino permiten articular operaciones en las que hasta el 70% de una adquisición se financia con deuda, asumiendo un coste del capital en torno al 4%.
Con ese nivel de apalancamiento, PAG estima que pueden generarse rentabilidades en efectivo del 20%-25%, amplificando considerablemente el retorno sobre el capital empleado por el fondo.
Es más, los fondos ni siquiera cuentan en la ecuación con una recuperación espectacular de la economía china, principalmente porque cuentan con las ventajas del tipo de cambio.
“Con el yuan apreciándose frente al dólar, estás generando en la práctica rentabilidades propias del private equity incluso en un escenario sin crecimiento”, explicó Srivastava.
Otro de los grandes fondos, KKR, llegó hace unos meses a una conclusión parecida. De acuerdo con su tesis, lo más interesante para los fondos es que las multinacionales se están replanteando su presencia en China, lo que a su vez está acelerando la división de los negocios y creando oportunidades de ventas de activos y reestructuraciones, justo donde los private equity se mueven como pez en el agua.
China, una economía partida en dos
El contexto macro también ayuda a explicar este fenómeno. En su informe de perspectivas trimestrales publicado este miércoles, los analistas de Bankinter definen a China como la economía del “ying y el yang”, con dos velocidades cada vez más divergentes.
Las manufacturas avanzadas, la inteligencia artificial, los vehículos eléctricos, las baterías, los semiconductores o las energías renovables continúan creciendo, mientras el consumo, la inversión tradicional y el inmobiliario siguen mostrando una notable debilidad.
El PIB chino creció un 4,3% interanual en el segundo trimestre, frente al 5% del primero, el ritmo más bajo desde 2022. Además, las ventas minoristas avanzaron apenas un 0,4% en agosto y la inversión en activos fijos cayó un 7,2%, su mayor retroceso en más de seis años.
En contraste, la producción industrial aceleró hasta el 5,2% y las exportaciones crecieron un 25%. Esto significa que el país produce mucho más de los que sus consumidores pueden demandar, y este es el origen que justifica los problemas de Europa y los bajos tipos de interés que seducen al capital riesgo.
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