Ventajas y riesgos de firmar una hipoteca en pareja
A pesar de ser una opción para lograr una vivienda más cara, lograr una hipoteca en pareja tiene algunos riesgos
En pleno 2026, en un contexto hipotecario como el actual, en el que comprar una vivienda se ha convertido en una misión casi imposible para miles de jóvenes, prácticas como firmar una hipoteca en pareja se convierten en alternativas de lo más interesantes. Alternativas que tienen aspectos buenos… y otros no tan buenos.
Sin embargo, tal y como explican los últimos datos del Banco de España, el 52,78% de los préstamos hipotecarios tienen dos o más cotitulares. Esta modalidad permite sumar los ingresos de ambos, pero también implica compartir la responsabilidad sobre la deuda durante todos los años que dure el préstamo.
Esto es precisamente lo que supone la firma de una hipoteca en pareja. Un sistema en el que los dos titulares asumen la obligación de pagar las cuotas según lo establecido en el contrato, lo cual, por otro lado, implica que un posible impago tendría consecuencias para ambos. Por ello, Miquel Riera, experto de HelpMyCash, analiza los pros y contras de esta vía.
Una mayor capacidad para afrontar la compra
Según el experto, la principal ventaja es clara: la mayor capacidad de endeudamiento. Al sumar los ingresos de los dos titulares, el banco suele percibir un menor riesgo y puede aprobar un importe más elevado, abriendo las puertas a la compra de viviendas que de forma unilateral no serían viables.
Además, repartir las mensualidades entre dos sueldos permite reducir la presión que supone el pago de la cuota. Del mismo modo, la operación también puede facilitar la negociación con la entidad, ya que dos titulares pueden acceder a mejores condiciones, como un tipo de interés o unas comisiones más favorables.
También puede resultar más sencillo cumplir determinadas bonificaciones, por ejemplo mediante la domiciliación de las nóminas sin necesidad de contratar productos adicionales, un aspecto que en los últimos meses se ha convertido clave para poder firmar una hipoteca.
Sin embargo, tal y como recalca Riera, el reparto no se limita a la hipoteca, pues los dos propietarios pueden compartir otros gastos vinculados a la vivienda, como el IBI, la comunidad, los seguros o el mantenimiento. Esto permite repartir el esfuerzo económico asociado a la casa.
Los riesgos derivados de la deuda compartida
Ahora bien, no todo es sencillo. Y según Riera, el principal inconveniente es precisamente esa responsabilidad solidaria. Si uno de los titulares pierde sus ingresos o deja de aportar su parte, el otro tendrá que asumir la cuota completa para evitar problemas con el banco, por lo que el reparto acordado entre la pareja no limita la responsabilidad frente a la entidad.
También pueden aparecer dificultades si la relación termina, puesto que una ruptura no cancela ni la hipoteca ni la propiedad de la vivienda. En este caso, ambos seguirán siendo cotitulares de la deuda y copropietarios del inmueble hasta que se formalice algún cambio y el banco lo acepte.
Por este motivo, el experto plantea varias cuestiones que conviene valorar antes de firmar. Entre ellas está la estabilidad de la relación, la capacidad económica de ambos y el proyecto de familia como aspectos fundamentales antes de decidir.
La aportación de cada uno, una de las claves
Además de lo mencionado, el experto aporta otra clave, que no es otra sino la de determinar cuál será la aportación de cada uno respecto a la entrada y las cuotas. Explica que, aunque lo ideal es que ambos aporten los mismos ahorros para la parte que no financia el banco y que paguen el 50% de las cuotas, las circunstancias económicas pueden ser diferentes.
En este sentido, Riera explica que, si uno aporta más dinero para la entrada o asume un porcentaje mayor de las mensualidades, esa diferencia debería reflejarse en el porcentaje de propiedad de la vivienda para evitar problemas en caso de ruptura.
Del mismo modo, Riera recomienda valorar si alguno de los dos podría comprar la casa por su cuenta. Si uno tiene una situación económica suficiente para solicitar la hipoteca en solitario o prefiere que el inmueble esté únicamente a su nombre, es una posibilidad que debe plantearse antes de contratar el préstamo.
En cuanto a la capacidad económica, el banco analizará aspectos como la estabilidad laboral, con una antigüedad mínima de unos dos años, y el nivel de ingresos. Según el experto, normalmente se pide que la suma de los ingresos de los titulares triplique el importe de las cuotas. Con una mensualidad de 700 euros, por ejemplo, deberían ingresar al menos 2.100 euros netos entre los dos.
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