Así se multiplica por 4 una inversión en Anthropic antes incluso de que salga a bolsa
Akka, una plataforma de inversión colaborativa, da la campanada con Anthropic antes que salga a bolsa este otoño
Anthropic todavía no cotiza en Wall Street y ya ha generado rentabilidades propias de las grandes historias bursátiles. Es lo que ha sucedido con un grupo de inversores españoles y europeos que acaba de cerrar su posición en la compañía de inteligencia artificial con una rentabilidad neta de cuatro veces el capital invertido en apenas 14 meses.
La operación la ha liderado Akka, una plataforma especializada en invertir en compañías privadas, es decir, no cotizadas, que abrió el acceso a Anthropic para sus clientes en mayo de 2025.
La salida acaba de ejecutarse ahora a través de una venta privada, de manera que los inversores han recibido en su cuenta cuatro veces lo invertido, descontada las comisiones y la retención fiscal correspondiente.
El momento elegido para vender resulta especialmente llamativo. Anthropic, creadora de Claude, prepara ahora una salida a bolsa que podría valorar la compañía en alrededor de 2 billones de dólares, frente a los 965.000 millones de dólares que alcanzó en su última gran ronda de financiación en mayo.
Entrar antes de que llegue Wall Street
La pregunta es inevitable: ¿por qué vender ahora que va a llegar a Wall Street con esta valoración? La respuesta está en cómo funciona el negocio de Akka y, sobre todo, en la diferencia entre invertir en una compañía privada y hacerlo una vez que llega al mercado cotizado.
“Nosotros somos buenos en el mercado no cotizado”, explica a finanzas.com Javier Desantes, CEO de Akka. La filosofía consiste precisamente en localizar compañías con grandes perspectivas de crecimiento antes de que den el salto a bolsa, entrar cuando todavía se encuentran en manos privadas y buscar posteriormente un evento de liquidez que permita materializar la inversión antes del salto al parqué.
Según apunta Desantes, Akka entró cuando la valoración de la compañía era inferior a 80.000 millones de dólares. Desde entonces, el precio implícito de la empresa se ha disparado.
En febrero de este año, Anthropic ya alcanzó una valoración de unos 380.000 millones de dólares, y apenas tres meses después protagonizó una ronda de financiación de 65.000 millones de dólares que elevó su valor hasta los 965.000 millones.
La explosión de la IA impulsa a Anthropic
Este incremento de la valoración explica buena parte de la rentabilidad obtenida por los inversores de Akka. “Cuando nosotros entramos la valoración estaba a menos de 80.000 millones de dólares y se disparó por completo”, recuerda Desantes.
El camino, sin embargo, no ha sido lineal. El CEO de Akka explica que entre medias hubo una nueva ronda de financiación que provocó una dilución cercana al 30% de las participaciones existentes.
Desantes atribuye buena parte de ese salto al crecimiento extraordinario que ha registrado Anthropic dentro del mercado de inteligencia artificial. Desde su perspectiva, la compañía ha ganado mucho terreno frente a OpenAI.
¿Por qué vender ahora?
Ahora, ha llegado el momento de hacer caja para los inversores de Akka, justo cuando el estreno en Wall Street está previsto para este otoño. La razón de la venta, explica Desantes, tiene que ver con el hecho de que su filosofía no es estar en una empresa cotizada.
El problema está en lo que puede ocurrir una vez materializado el estreno en el parqué. “La salida a bolsa tiene unas características que como inversores particulares que estamos en Anthropic no me gustan, porque hay un periodo de lock-up o de bloqueo, como se ha visto en el caso de SpaceX”, explica Desantes.
Estos periodos de bloqueo impiden que determinados accionistas vendan sus títulos durante un tiempo después del estreno bursátil. Para Akka, ese riesgo choca directamente con su modelo.
“Yo no quería llegar a Anthropic saliendo a bolsa y que nos pusiera un año de lock-up, porque entonces tendría las manos atadas y no podría dar liquidez a mis inversores. No es nuestro modelo”, señala el CEO.
La decisión permite entender la filosofía que hay detrás de estas operaciones. Akka no trata necesariamente de capturar hasta el último dólar de revalorización de una compañía, sino de aprovechar la creación de valor durante su etapa privada y encontrar una salida antes de que llegue al mercado cotizado.
En condiciones normales, Desantes calcula que una inversión de este tipo puede permanecer en cartera entre cuatro y seis años. En determinados casos donde existe una salida a bolsa relativamente próxima, el horizonte puede reducirse hasta aproximadamente dos años, menos en el caso de Anthropic, que ha durado 14 meses.
Una red de contactos para llegar a Anthropic antes de que estalle la valoración
Otra de las grandes cuestiones es cómo ha llegado Akka a hacerse con acciones de una compañía tan sumamente demandada como Anthropic, algo que no es sencillo.
Según Desantes, en operaciones de este tamaño los tickets que pueden exigirse a determinados inversores institucionales pueden alcanzar cientos de millones de dólares. Para salvar esta barrera, la plataforma recurre al mercado secundario de acciones privadas.
Uno de los ejemplos que pone Desantes son antiguos empleados de Anthropic que recibieron acciones o derechos sobre ellas como parte de su remuneración y que posteriormente buscan vender. “Tenemos una red muy potente de partners que se dedican a buscar eventos de liquidez”, explica.
Esos intermediarios localizan accionistas dispuestos a desprenderse de sus títulos y ponen en contacto a las partes. Akka estructura posteriormente la operación para que su comunidad pueda participar.
En otras compañías de su cartera, como Perplexity o Bolt, el acceso puede ser más directo. En Anthropic, reconoce Desantes, la situación era diferente porque “todo el mundo estaba desesperado por entrar”.
El próximo Anthropic
Después de una operación así, la pregunta inevitable es cuál puede ser el siguiente caso. Desantes señala especialmente a Perplexity, otra de las compañías vinculadas a la inteligencia artificial en las que Akka ya mantiene exposición.
Pero también apunta hacia negocios que crecerán alrededor de la propia revolución de la IA. Uno de los ejemplos es Aalo Atomics, compañía dedicada al desarrollo de pequeños reactores nucleares que se instalan al lado de los centros de datos y en la que Akka ha invertido recientemente.
La tesis es sencilla, pues los centros de datos necesarios para entrenar y ejecutar modelos de inteligencia artificial consumen cantidades gigantescas de electricidad y necesitarán nuevas fuentes de generación. “Es una oportunidad de negocio brutal”, sostiene Desantes.
La derivada regulatoria
Desde el punto de vista de la regulación, Desantes explica que Akka tiene una “licencia pasaporte” de plataforma de inversión colaborativa bajo la regulación de la AMF francesa (Autorité des Marchés Financiers), el equivalente a la CNMV española, lo que permite a la entidad operar en siete países distintos.
“Tenemos la aprobación de la CNMV, que también nos regula, aunque la licencia es la francesa y también estamos auditados”, sostiene Desantes.
Las inversiones se pueden hacer desde 300 euros, en una sola empresa o en cualquiera de las compañías que integran la cartera de Akka, que acaba de superar los 30 millones de euros gestionados.
En cuanto a las comisiones, Akka solicita un adelanto del 3% al 8% cuando se va hacer la inversión en concepto de comisión de estructuración. Además, cada operación lleva una comisión del 15% sobre los beneficios generados.
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