Hacia un mayor empleo.

Abril ha sido un mes tradicionalmente bueno para el empleo; en los dos últimos años ha descendido en más de 100.000 personas el número de desempleados. 

Abril ha sido un mes tradicionalmente bueno para el empleo; en los dos últimos años ha descendido en más de 100.000 personas el número de desempleados. Este año, en cambio, parece que las tornas han cambiado un poco: El número de desempleados ha descendido "solamente" en 83.000 personas y el número de afiliados a la Seguridad Social ha aumentado en 158.000, dejando el número de desempleados en 4.011.000. En general, podríamos considerar que son buenas cifras para lo que se esperaba.

Vemos, además, que hay más contratos temporales y más parados de larga duración, más hogares con todos sus miembros en paro... y mientras nuestros políticos en campaña electoral.

Este pequeño retroceso debe preocuparnos especialmente, ya que ha habido un crecimiento del PIB del 0'8% en el primer trimestre que no se ha trasladado a nuestro mercado de trabajo. Cuando menos esta cuestión merece un análisis.

Este paro podría convertirse en estructural? Se está haciendo todo lo posible por parte del Ejecutivo para invertir esta situación. La respuestas es clara y evidente: no.

España gasta de media un 1% del PIB en políticas activas de empleo, de los que unos 1.900 millones de euros se invierten en formación de ocupados, desempleados, etc. Estas políticas han demostrado no sólo que no se ha generado empleo, sino que han sido una fuente recurrente de casos de corrupción y clientelismo con sindicatos y patronales.

Nuestros servicios públicos de empleo estatal sólo median en un 2% de los empleados que encuentran trabajo, cuando las ETTS llegan al 4% y las agencias privadas de colocación, no terminan de arrancar.

La solución, evidentemente no pasa por dejar de hacer cursos para empleados y desempleados, pasa por que sean las empresas las que decidan qué hacer con ese dinero (quién mejor que ellas para conocer sus necesidades), deberían disponer del 0,7% que se retiene para que lo inviertan en formación como estimen oportuno.

En cuanto a los desempleados, debería existir una mayor inversión y que las empresas que impartan dichos cursos se comprometan a conseguir que los alumnos que se sometan a estos procesos, finalmente, consigan al menos en el 50% de los casos, la reinserción laboral, pagándola en su justa medida.

Todo este tema es especialmente relevante en los parados de larga duración que necesitan nuevas competencias profesionales, ya que parece que sus competencias actuales no son demandadas por el mercado y si no se reciclan no encontrarán trabajo (y para ello deben formarse) y tendrán que vivir de los subsidios.

No podemos tener una sociedad subsidiada, tenemos que darle a nuestros desempleados la caña para pescar, no el pescado. Como decía Thomas Sowell, "el asistencialismo hace confortable la pobreza e impide poner en marcha los mecanismos para salir de ella". 

Carlos Martínez, director general de IMF Business School

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