Opinión

Ante el rescate: resistir es vencer

Hablamos del rescate de España y a mí me viene a la cabeza la consigna "resistir es vencer". Es la frase que Juan Negrín, el último jefe de Gobierno de la Segunda República Española, repetía en su esperanza de ganar la Guerra Civil. Sólo no rindiéndose, sólo continuando con la lucha se podía salvar la democracia. Seguramente, pecaba de voluntarismo. Otros republicanos, muchos de ellos, del mismo partido de Negrín, el PSOE, preferían desistir, deponer las armas, poner en bandeja de plata a Francisco Franco el Gobierno de España. Estaban cansados de pelear, de morir y matar. Además, pensaban que rindiéndose, el dictador acabaría con su política exterminadora de demócratas. Por eso, el general Casado organizó un golpe de Estado contra Negrín y rindió al Gobierno de la República. El sentir de quienes dejaron de luchar es muy humano, pero no por ello la traición fue menos dolorosa. Se podrá decir que la guerra estaba perdida. Seguramente. Pero, ¿y si se hubiera resistido un poco más, hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial? Recordar la historia nunca está de más. Y si quieren profundizar e ir más allá de estos trazos gruesos, el libro aconsejado es "Así terminó la guerra de España", de, entre otros, el historiador Ángel Bahamonde.

Pero, ¿por qué me acuerdo de esta historia tan lejana en el tiempo? Creo que hay muchos paralelismos con lo que está sucediendo ahora. España está en guerra. Como hace unos días decía el economista Alejandro Inurrieta, en estos momentos se libra un conflicto muy cruento entre los acreedores y los deudores. España está en el segundo bando, en el que va perdiendo. Pedir el rescate sería la derrota final, como la cesión del poder a Franco en 1939. Puede parecer exagerado pero, al fin y al cabo, entonces, como ahora, lo que está en juego es la democracia. Y, ahora, como entonces, ha llegado un momento en el que la guerra parece perdida y la resistencia puede parecer un error. Cualquier resistencia puede ser un suicidio. Pero la entrega no promete nada mucho mejor.

Podemos profundizar en quiénes eran los que apoyaban a Franco y quiénes son los que están empeñados en que España se rinda y pida el rescate, pero este artículo se convertiría en algo demasiado enrevesado. Ya seguro que hay unos cuantos que tildan a este artículo de guerracivilista. Pero, perdónenme, ayer vi un documental sobre la vida de Negrín que pueden encontrar en la página web de RTVE y las comparaciones se me hicieron inevitables. 

A partir de esta línea, comenzaremos a hablar exclusivamente de la coyuntura actual que atraviesa España. Y, por eso, sólo hablaremos de quienes están demandando al Gobierno que pida el rescate cuanto antes. Entre ellos, he detectado dos grupos. El primero, formado por todo tipo de personas, sobre todo enmarcados dentro del más ferviente liberalismo económico, que creen que con el rescate, los alemanes y la troika pondrán en orden a la derrochona España (un tópico fácilmente desmontable echando un ojo a los datos de Eurostat). Este grupo es el mismo que ve insuficiente el recorte del gasto público planteado por los presupuestos del Estado para 2013 y considera que hay que recentralizar España... He llegado a la conclusión de que su defensa de la solicitud del rescate (o venta de España) es más ideológica que otra cosa.

El segundo grupo defiende el rescate, no ya por cuestiones ideológicas, sino por puro pragmatismo. Está formado por, por ejemplo, los bancos, o el sector privado, que han visto cómo en los últimos años se han cerrado los mercados mayoristas de emisiones y, cuando hay ventanas de liquidez, los costes de financiación se disparan, ahogando sus márgenes y poniendo un serio freno a la expansión de su negocio. Creen con buena voluntad que, con el rescate, se anclarán los intereses que tiene que pagar el Estado a sus acreedores y, con ello, también sus propios costes financieros. Pero puede que estén equivocados.

Es cierto que cuando saltan rumores sobre la inminencia de un rescate, la prima de riesgo baja y la Bolsa sube, lo que alimenta las esperanzas de que la operación será buena para los activos españoles. Los analistas creen que la primera respuesta de los inversores tras el anuncio de la solicitud del rescate será favorable. Es a medio y a largo plazo cuando surgen las incógnitas. Lo dice, por ejemplo, Santiago Carbo, catedrático de Economía y Finanzas de la Bangor University. Afirma que con el rescate España entra en terreno desconocido y es muy difícil adivinar qué puede suceder. Aunque puede ser fácil: si el rescate, como hasta ahora, se da a condición de seguir apostando por las políticas de austeridad, ello implicará que España seguirá hundiéndose en el pozo de la recesión: más recortes, más paro, más reducciones de salarios, menos consumo, más pobreza, más miseria, lo que describe "The New York Times". Y, entonces, ¿se atreverán los inversores internacionales a financiar a las empresas ubicadas en una economía que está en caída libre? Ésa es la gran duda. Quienes ahora piden el rescate, pueden llegar a arrepentirse.

Permítanme una licencia más, otra mirada al pasado. Hay una gran diferencia entre la España de 1939 y la del año 2012. En una guerra civil no hay término medio: o se sigue luchando o se presenta la rendición. La negociación con Franco era imposible. El general Casado lo comprobó. Ahora sí existe una tercera vía: la Argentina de Néstor Kirchner, o la Islandia del año 2010 lo mostraron. Otra cosa es reunir la valentía suficiente para seguir sus pasos, sin duda es mucha más que la de Negrín o que la del general Casado, la de uno para continuar luchando, la del otro para vender la República.

Por cierto que Negrín defendió que se incluyera a la España de Franco en el Plan Marshall, algo que mucha gente le recriminó. Pero argumentaba que una España con hambre jamás derrocaría a Franco. Y ésa es la posible cuarta vía para nuestro país: que claudique, que pida el rescate, pero que Europa se dé cuenta de que no debe ser a cambio de recortes, sino acompañado de un plan de estímulo económico.

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