El descalabro de Popular
El valor se depreció ayer un 10% y hoy casi cae un 5% adicional tras dar por hecha otra ampliación de capital, ¿ha tocado fondo?
«En ningún caso puedo imaginar la desaparición de Banco Popular». Cuando el presidente de una entidad financiera se ve obligado a reafirmar algo que, a priori, se daría por hecho da la impresión de que las dificultades que atraviesa son bastante importantes. Y así interpretaron este lunes los inversores las palabras de Emilio Saracho, quien en su primera junta de accionistas al frente de la sociedad casi confirmó que habrá una nueva ampliación de capital, la segunda fuerte desde 2012 y en las que ha requerido ya 5.400 millones de euros.
Fue escuchar como el nuevo presidente del banco -solo lleva dos meses en el cargo- decía a los socios de la entidad lo que muchos expertos ya daban por hecho -«estamos abocados a aumentar capital para continuar hacia adelante»- y empezar, de nuevo, a bajar con fuerza el valor de sus títulos hasta marcar un nuevo mínimo histórico. Así, el precio de la acción cerró a 0,73 euros tras caer un 9,6%, con un descenso acumulado del 11,5% desde enero. La caída se ha agravado hoy, al dejarse casi un 5% adicional pasada la media sesión.
Sus títulos valen hoy en día seis veces menos que hace tan solo tres años. En concreto, se han depreciado un 87,6% desde abril de 2014, cuando uno valía 5,91 euros antes de iniciar un descenso sin, por ahora, aparente final que lo ha hecho caer hasta niveles de 1987. La agencia S&P ha rebajado de 'B ' a 'B' su calificación y la mantiene con la consideración de 'bono basura'.
Mientras, entre los accionistas minoritarios se mueven diferentes iniciativas que podrían concluir con la presentación de varias demandas en los tribunales, en principio contra los gestores anteriores encabezados por el expresidente Angel Ron y a priori circunscritas a la jurisdicción civil. No obstante, algunos bufetes que ya han actuado en el 'caso Bankia' ven «ciertas similitudes» con este procedimiento y no descartan incluso una querella penal.
Este mismo lunes el portavoz de la Asociación de Accionistas Minoritarios de Empresas Cotizadas (Aemec), Ignacio Aragón, pidió al consejo que abra una investigación interna para conocer si ha habido uso de información privilegiada. La respuesta de Saracho, que trató de aparentar tranquilidad, es no tienen «constancia de ello» y si conocieran alguna irregularidad en el futuro actuarían «en consecuencia» para depurarla.
Y es que el presidente quiso centrarse en el presente y el futuro del banco, evitando mirar al pasado porque «debemos concentrar todos nuestros esfuerzos en las fortalezas esenciales de nuestra marca, en el único mercado en el que tenemos masa crítica y relevancia: pymes y banca personal». «Esto implica -explicó- desinvertir de aquellos negocios en los que no contamos con las suficientes capacidades o recursos para competir tanto geográfica como verticalmente» y, además, hacerlo «de forma clara y sin dilación».
Filiales a la venta
De momento, ha puesto en el mercado el 49% de su división de negocio con tarjetas, WiZink, por la que podría obtener cerca de 1.000 millones. Y lo mismo ha hecho con su filial en EE UU, el Total Bank, por la que estiman que sacarían otros 1.000 millones dado que los bancos se han revalorizado en ese país.
Saracho y su equipo -donde Ignacio Sánchez-Asiaín ha ocupado el puesto de consejero delegado del dimitido Pedro Larena, según lo comunicó este lunes el consejo de administración a la CNMV- tienen claro que su «principal punto débil» es la pesada losa del 'ladrillo' que acumuló en la crisis y que le obligó en 2016 a presentar unas pérdidas récord de 3.485 millones tras sanear parte de su balance. Y la unidad de negocio inmobiliario y transformación de activos, creada hace pocos meses, seguirá dando «decididos pasos» en esa misma dirección, advirtió.
De ahí que para «poder competir en igualdad de condiciones» con el resto de la gran banca -Popular ha pasado a cerrar esa lista de entidades, en el sexto lugar-, estime que «será harto difícil cumplir» con los requisitos de capital exigidos por los reguladores (español y europeo) «sin recurrir al mercado». Eso sí, llegado el caso dijo que lo haría también para «alcanzar un volumen de fondos propios» que le permita «garantizar la ejecución de su estrategia».
Y es que pese al delicado estado del banco dijo que una futurible fusión con otra entidad no condiciona su futuro: «Nuestro plan no debe depender de terceros». Pero por si acaso demandó «flexibilidad» de reguladores y analistas porque antes de cualquier decisión hará falta crear «un sustrato de alta confianza».