Bolsas: Hay de qué preocuparse
Como hemos podido observar, el año nuevo ha comenzado a toda vela en términos de resultados bursátiles. Sin embargo, paradójicamente,[…]
Como hemos podido observar, el año nuevo ha comenzado a toda vela en términos de resultados bursátiles. Sin embargo, paradójicamente, esto nos da más tiempo para preocuparnos de todas las cosas que podrían ir mal durante los próximos meses. Y dados los niveles de valoración históricamente elevados que registran la mayor parte de las clases de activos, hay de qué preocuparse. Estas inquietudes tienen que ver con el futuro de la zona euro, el circo político de Trump en Estados Unidos, las nuevas decepciones en materia de crecimiento económico si el entorno actual de reflación perdiera fuelle, la reaparición del riesgo de inflación, o el endurecimiento (injustificado o inesperado) de las condiciones financieras por parte de la Fed. En pocas palabras, los inversores andan con pies de plomo.
Por su parte, los bonos del Tesoro de EE. UU. se mueven en contra del sentido común. Resulta sorprendente la falta de reacción tras las declaraciones favorables a las subidas de tipos de la presidenta de la Fed, Janet Yellen, ante el Senado estadounidense, ante unos datos de inflación superiores a los esperado y la posterior aceleración de la actividad industrial en Estados Unidos. Tal vez el mercado de renta fija ha descontado ya buena parte de la recuperación coyuntural y de sus consecuencias sobre la política monetaria de la Fed (lo cual sería posible, teniendo en cuenta el posicionamiento especulativo extremadamente negativo hacia estos instrumentos); o puede que exista una cierta complacencia o ceguera en el mercado...
No hay duda de que no quedan muchos activos financieros que puedan proteger as carteras en caso de sobresaltos en las bolsas y cuyas valoraciones hayan mejorado durante los últimos meses. En consecuencia, el valor añadido adicional de los bonos del Tesoro de EE. UU. ha mejorado considerablemente en términos de rendimiento ajustado al riesgo en una cartera mixta. Esta mejora ha permitido a los inversores, sobre todo a los fondos puramente cuantitativos, continuar amasando o añadiendo activos de riesgo (renta variable, bonos especulativos, divisas emergentes) diluyendo su volatilidad con una buena dosis de estos bonos. ¿A que parece magia? Así es, pero solo hasta que se produzca un cambio significativo en la volatilidad o la correlación de una de las grandes clases de activos. Cuanto más pasa el tiempo, más amplia e inestable es la combinación...
Quizás aún sea pronto para preocuparse, ya que la inflación no parece que haya hecho acto de presencia todavía, la economía no muestra señales de agotamiento y la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia se celebrará dentro de dos meses. Sin embargo, aquellos que, al igual que un servidor, sean prudentes y se encuentren atormentados estos últimos días por la duda, no estarán de acuerdo. A los más temerarios, les dejo que consideren las siguientes reflexiones: «Los árboles no crecen hasta el cielo», «nadie ha muerto por vender demasiado pronto», y mi favorita, «¡si te entra el pánico, sé el primero!»
Fabrizio Quirighetti, Responsable de inversiones, SYZ Asset Management y corresponsable de Multiactivos