Vecinos y familia, más determinantes para la fuga de Abdeslam que Daesh

Tras los atentados de París del 13 de noviembre, las fuerzas de seguridad buscaron por activa y por pasiva a Salah Abdeslam, del que se perdió la pista tras su regreso a Bruselas. Las primeras investigaciones apuntaron a que el presunto terrorista pudo haber escapado, con ayuda de Daesh, a países como Turquía, Siria o Marruecos.

Parece que el hombre más buscado en Europa nunca abandonó la capital belga. Y fue su familia, amigos y pequeños criminales quienes le ayudaron a escapar del arresto durante cuatro meses, hasta que finalmente fue detenido este viernes en el barrio donde creció, no muy lejos de la casa de sus padres.

Los servicios de seguridad intentan comprender ahora cómo Daesh opera en Europa para evitar futuros atentados. El caso de Abdeslam desvela la dificultad de perseguir a sospechosos que utilizan la protección de sus comunidades, muchos de los cuales no son radicales religiosos y no son perseguidos por las fuerzas de seguridad.

«Abdeslam dependió de una gran red de amigos y familiares que ya existía por tráfico de drogas y crímenes menores para esconderse», explicó el fiscal belga Frederic Van Leeuw, sobre la huída del único sospechoso superviviente de los atentados del 13 de noviembre en París, que quitaron la vida a 130 personas.

«Fue con la solidaridad de los vecinos, de las familias», afirmó Van Leeuw en los medios belgas, donde describió los trucos empleados por Abdeslam para esconderse durante tanto tiempo, a pesar de las 24.000 llamadas que los ciudadanos realizaron a la Policía belga para dar información sobre el presunto terrorista.

Abdeslam pudo esconderse en el sótano del apartamento de la madre de un amigo que no tiene vínculos con los terroristas, según indicó el periódico belga «La Libre Belgique» este domingo. Esos amigos, que no son miembros de Daesh, fueron cruciales desde el principio para Abdeslam, que dirigió un bar en Molenbeek con su hermano, vínculo de unión con la vida social para el joven árabe, poco interesado en las mezquitas.

Abdeslam se unió a dos amigos para volver a Bruselas después de que su hermano Brahim se inmolara en una cafetería de París, quienes lo condujeron a los alrededores de Molenbeek, a un lugar seguro.

La Policía, que fue capaz de atraparlo en el vecindario de Molenbeek, ha acusado a un hombre y a una mujer sospechosos de pertenecer a la familia que ofreció refugio al fugitivo. A pesar de que las redes de Abdeslam no han resultado infalibles, sí han desempeñado un papel clave en su huída.

«No ha terminado»

Pocos residentes han hablado con Reuters sobre Abdeslam, un ciudadano francés de 26 años, de padres marroquíes, que creció en Molenbeek, una de las zonas más pobres de Bruselas. Muchos sí afirmaron que se trataba de un chico agradable conocido en el barrio. Dominique, propietario de un quiosco cerca de donde Abdeslam fue arrestado, le describió como «un chico genial» que nunca mostró su radicalización. Abdeslam no luchó en Siria. «No diré que era normal porque todo el mundo dice siempre eso, pero era agradable, no agresivo», explicó Pierre, otro vecino de Molenbeek. Sin embargo, otro vecino de Molenbeek, Henri, indicó que Abdeslam no era el único residente atraído por el radicalismo en el barrio. «No ha terminado», afirmó. «Hay muchos como él», añadió.

Los combatientes occidentales en Siria e Irak han encontrado un lugar de reclutamiento en Bélgica, en parte por la frustración que muchos hombres jóvenes sin trabajo sienten en los barrios más marginales de Bruselas. Bélgica ha sido el país europeo que ha suministrado a Siria el mayor número de combatientes. Más de 300 belgas partieron a esos dos países árabes para tomar las armas, según fuentes citadas por Reuters.

Radicales como Abdelhamid Abaaoud, otro vecino de Molenbeek, sospechoso de haber planeado los atentados de París de noviembre, compartieron vídeos en internet mostrando sus hazañas como combatiente en Siria.

«Gente que trabaja por libre»

A pesar de que tres de los sospechosos de los atentados de París crecieron en Bruselas, no todos los militantes radicalizados belgas viajan a Siria. Hay parte de las «redes y cómplices» que no han atraído la atención de la Policía, según el ministro de Asuntos Exteriores belga Didier Reynders.

Algunos venden drogas y armas en la zonas donde los residentes no son conocidos por cooperar con la Policía, trabajando solo de forma parcial para Daesh, reclutando combatientes para partir a Siria y ayudando a planificar los ataques, según los investigadores belgas.

Eso podría suponer que el trabajo de la Policía no debería enforcarse simplemente en las mezquitas de las ciudades o controlando las redes sociales. «No creo que Daesh esté dando órdenes las 24 horas del día. Eso lo haría demasiado fácil para nosotros», explicó el fiscal Van Leeuw. «Hay gente que trabaja por libre», añadió.

Esa complejidad ha motivado que los jefes de Policía pidan a los gobiernos que se centren en los vínculos entre los militantes políticos y el crimen organizado, subrayando, por ejemplo, que la financiación para los grupos procede en ocasiones del tráfico de drogas.










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