Un PSOE unido desbarata el plan de Iglesias y cierra la moción de censura

Han pasado dieciséis meses desde que el 22 de enero de 2016 Pablo Iglesias, rodeado de los dirigentes de su partido, y otorgando al momento gran solemnidad ofrecía a Pedro Sánchez un Gobierno de coalición y se imponía a sí mismo como vicepresidente. En el PSOE se recuerda ese momento como el mejor ejemplo de que el líder de Podemos no quería un acuerdo. Del mismo modo que piensan que ahora tampoco tiene un interés real en que prospere la moción de censura contra Mariano Rajoy, que se convirtió en un camino a ninguna parte y murió nada más nacer.

Entre un y otra imagen hay pocas diferencias. En la puesta en escena de ayer no estaba Íñigo Errejón ?«ni el de las coca-colas», ironizaría después el portavoz del PP, Rafael Hernando? y Pablo Iglesias lucía chaqueta. Pero la esencia es la misma. Iglesias actuó por su cuenta y riesgo al anunciar que su partido se disponía a iniciar una ronda de «encuentros y trabajos para presentar una moción de censura al PP». Simplemente avisó unos minutos antes a los principales líderes del resto de formaciones. A la mayoría por mensaje de texto. La misma fórmula que utilizó para avisar a sus propios diputados de una decisión que tomó la dirección de grupo en la tarde del miércoles.

«Esta vez no nos va a engañar»

Su reincidencia en el modus operandi volvió a tener el mismo efecto. Podemos se quedó aislado, y espantó al PSOE, sin cuya participación, cualquier mayoría alternativa al PP está abocada al fracaso. Iglesias justificó su maniobra porque «España está viviendo un estado de excepción democrático» el «saqueo» de las administraciones públicas por parte del PP. Pero los socialistas interpretaron la apuesta de Iglesias como una injerencia en su proceso de primarias. El portavoz socialista en el Congreso de los Diputados, visiblemente contrariado, acusó a Iglesias de cometer una «irresponsabilidad»: «Esto va mucho más allá de cualquier otra actuación de las que ha tenido». También le reprochó estar actuando con «mala fe» y «falta de rigor». Iglesias habló con el presidente de la gestora, Javier Fernández, y con su portavoz, Mario Jiménez. Pero Hernando desveló que esta conversación se produjo apenas diez minutos antes del anuncio a la prensa.

«Esta vez no nos va a engañar», advirtió el portavoz socialista, que puso en duda que realmente Iglesias persiga apartar al Rajoy del Gobierno porque una fuerza política quiere que de verdad prospere una moción de censura su actuación es justo la contraria: «la trabaja antes y la anuncia luego». Los tres candidatos socialistas al liderazgo rechazaron la tesis de Iglesias. Pedro Sánchez, que horas antes había pedido directamente la dimisión de Rajoy, acusó a Iglesias de «empezar la casa por el tejado» y le recordó hace un año «no hubiera hecho falta una moción de censura» si no hubiera votado en contra de su investidura.

La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, apuntó que Iglesias «no quiere una moción de censura sino llamar la atención» y le acusó de hacer «un favor a la derecha». Patxi López indicó que a Iglesias «le falta crédito» para plantear una moción contra Rajoy, porque «cuando tuvo una oportunidad real de que no hubiera un gobierno del PP votó en contra e impidió que hubiera un gobierno de cambio en este país».

Pero lo cierto es que no puede entenderse que la estrategia de Podemos sea otra que «retratar» al PSOE votando en contra una vez que Iglesias señaló que la presentación de esta moción la entiende como «un imperativo ético». Y desde la formación se aseguraba ayer que la moción de censura se registraría en las próximas semanas aunque se conozca de antemano que no va a salir adelante. La estrategia es polarizar el espacio político entre Pablo Iglesias y Mariano Rajoy.

El líder de Podemos repite así las jugadas de Felipe González y Antonio Hernández Mancha, candidatos en las dos únicas mociones de censura de la democracia. Ambas fracasaron, pero su propósito iba más allá: visibilizarse como alternativa. A González le funcionó, pero Hernández Mancha fracasó estrepitosamente. Como le sucedió al por entonces líder de Alianza Popular, al que la réplica se la dio el vicepresidente Alfonso Guerra, Iglesias podría verse privado de su anhelado cara a cara con Mariano Rajoy. Ayer desde el PP se deslizaba ya que podría buscarse esa fórmula ya que el reglamento no obliga al presidente a intervenir. Después de que el PSOE se desmarcase, algo que en Podemos reconocen que esperaban pero no de forma tan contundente, en la formación morada empezó a trasladarse en privado que estarían dispuestos a esperar a que el PSOE resolviese su situación interna y buscar una negociación conjunta si decían públicamente que estaban dispuestos a ello. Pero a la vez reconocen que es prácticamente imposible.

Se descontaba que Ciudadanos no apoyaría un plan urdido por Iglesias, pero por si quedaban dudas el secretario general de los centristas, José Manuel Villegas, aseguró que no apoyará ni secundará «ningún número de circo». Pero llamaron más la atención las respuestas de potenciales aliados de Iglesias y más proclives a derrocar al PP. Solo ERC fue claro en su intención de apoyarlo, pero volvió a exigir el referéndum en Cataluña como condición. El portavoz del PDECat, Carles Campuzano, pidió ser «serios y rigurosos» y se dijo «expectante». Pero el más claro fue el portavoz del PNV, Aitor Esteban, de que si la moción de censura fracasa existe el riesgo de que Rajoy acabe viéndose reforzado: «Sinceramente, no me parece una forma seria de hacer política. Sí de hacer política partidista pero no política de país. Si presentando una moción de censura lo que demuestras es que no hay una mayoría alternativa al Gobierno lo que haces es reforzar al presidente del Gobierno. ¿Es eso lo que busca Podemos?». Trasladó su «impresión» de que en realidad lo que busca Iglesias no es dañar al Ejecutivo sino a otros partidos, en clara alusión al PSOE.

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