Un lustro desde que Bankia descubrió el pastel

Ayer se cumplieron cinco años desde que el nuevo equipo gestor presentara su primer plan para el saneamiento de Bankia. ¿Qué retos le quedan a la entidad?, ¿qué futuro le espera?

Bankia

El sector bancario español vuelve a estar de actualidad en los últimos días gracias a los buenos resultados del primer trimestre del año (un 31,2% superior al mismo periodo del ejercicio anterior), a las recomendaciones del omnipresente Draghi de que se continúe con la reducción de oficinas y plantillas y a las especulaciones sobre el futuro más cercano que le aguarda al banco Popular. Y en medio de todo ello ha pasado desapercibido que el viernes, 26 de mayo, se cumplen cinco años desde que el nuevo equipo gestor presentara su primer plan para el saneamiento de Bankia.

Han sido cinco años intensos y que, sin duda, han marcado no sólo el rumbo de Bankia sino de todo el sector financiero español. Un lustro digno de analizarse y que, de entrada, muestra la diferencia de una gestión profesional y la de una burda gestión en la que los intereses personales, a veces inconfesables, marcan el ritmo de una sociedad. En esos cinco años de Bankiahay que destacar unos hitos importantes, como el hecho de que en apenas año y medio de nueva gestión se consiguiera volver a los mercados y emitir con éxito activos para financiarse, la conversión de subordinadas y preferentes de la entidad en acciones, la integración tecnológica de lo que antes fueron siete cajas de ahorro, la vuelta al pago de dividendo en 2015 o la devolución del tramo minorista de la colocación de acciones este mismo año. 

Pero, en mi opinión, el gran hito del que ahora se cumple un lustro es el de la definición de las necesidades de capital que tenía Bankia para ser saneada. El nuevo equipo gestor no dudó hace cinco años en llamar las cosas por su nombre sin tratar de ocultar una morosidad real en todo el sector con conceptos confusos que solo pretendían eso: aparentar una irreal solvencia. Los 19.000 millones de euros de necesidad de capital que aquel sábado de mayo de 2012 fueron anunciados por el nuevo equipo gestor de Bankia supusieron un nuevo lenguaje y, sobre todo, unos nuevos criterios para abordar la necesaria e imprescindible capitalización de la banca española. A partir de ese momento, la renovación de créditos comenzó a observarse como un grave problema de morosidad y la valoración de activos dejó de esconder trampas que hasta el mismísimo Banco de España conocía, pero trataba de ignorar.

La cuestión ahora es cuál será el papel de Bankia en el nuevo lustro. ¿Se buscará su privatización tratado de recuperar el máximo dinero de aquellas ayudas públicas o se le convertirá en un banco público especializado en sanear los fracasos de las entidades privadas? Es harina de otro costal, pero lo indudable es que si Bankia debiera hacerse cargo del saneamiento del Popular sería una mala noticia. Tiempo al tiempo.

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