Pandilleros adolescentes queman con ácido la cara de un paquistaní

Imran Khan, británico de origen paquistaní de 37 años y padre de cinco hijos, sufrió serias quemaduras en el rostro en la tarde del pasado martes, cuando un grupo de adolescentes le lanzó ácido a la cara mientras repartía pizzas en el Este de Londres.

«Me ardía la cara, me dolía muchísimo y no podía ver. Todavía estoy en estado de shock», recuerda el propietario de un pequeño negocio de comida a domicilio. Los ataques racistas se han disparado hasta un 41% en el Reino Unido desde el referéndum. El rechazo a los inmigrantes acabó siendo el argumento estrella de la campaña del Leave, que al final se impuso por en las urnas por 51,8% contra 48,1%.

El ataque ocurrió en Barking, al Este del Gran Londres. Khan ha contado que el martes por la tarde acudió allí a repartir comida cuando sufrió un primer encontronazo con unos pandilleros adolescentes: «Un grupo de edades de trece o catorce años comenzó a insultarme. Yo no sabía qué hacer. Cogieron la comida y me la tiraron encima». Un paseante que vio la situación llamó a la policía y los agresores huyeron.

Su rostro quedará marcado de por vida, pigmentado por las quemaduras de ácido en los párpados, mejillas, cuello, frente y un ojo

Pero Khan hubo de volver al barrio para completar la atención al pedido. A las seis de la tarde, aprovechando que tenía bajada la ventanilla de su coche, uno de los adolescentes le arrojó ácido a la cara, que portaba en una botella de la bebida energética Lucozade. El agredido entró en una tienda vecina pidiendo ayuda a gritos. Allí lo socorrieron refrescando su rostro con agua fría. «Me salvaron. Gracias a eso las heridas no fueron más profundas», agradece Khan.

Durante un día permaneció ingresado en el Queen?s Hospital y ahora será remitido a un especialista en quemaduras. Su rostro quedará marcado de por vida, pigmentado por las quemaduras de ácido en los párpados, mejillas, cuello, frente y un ojo, todavía muy enrojecido. La víctima señala que el ataque fue súbito, sin que mediase un móvil aparente. «Si me han hecho esto a mí, ¿qué no podrán hacerle a gente más vulnerable?», se pregunta el pequeño empresario.

La noticia, que supone un ejemplo más de la crecida xenófoba tras el Brexit, no ha sido destacada en los titulares de la televisión británica y hasta ahora tampoco en los periódicos de referencia. Los crímenes racistas se acumulan desde la campaña sobre la UE, que acabó convirtiéndose en un debate sobre los inmigrantes en un país que tiene la cifra de paro en el 4,8%.

En vísperas del referéndum, un militante neonazi asesinó a la joven diputada laborista Jo Cox a tiros y puñaladas, al grito de «Gran Bretaña primero». En agostó murió un obrero polaco en la ciudad de Harlow, tras ser golpeado por un grupo de adolescentes, y dos de sus amigos también necesitaron atención médica. Ha habido también pintadas racistas en centros polacos y ataques a mujeres musulmanas en el centro de Londres por portar velos integrales.

Control de la inmigración

El Gobierno de Theresa May ha convertido el control de la inmigración en su divisa e incluso ha anunciado que lo antepondrá a poder continuar en el mercado único europeo. A comienzos de octubre, el Ejecutivo levantó también una gran controversia cuando la ministra del Interior anunció que se exigiría a las empresas listados de trabajadores extranjeros, una idea que se retiró tras el aluvión de críticas.

El pasado día 3, el Alto Tribunal obligó al Gobierno a someter el inicio de la salida de la UE a una votación parlamentaria. La demanda la habían presentado una ejecutiva británica nacida en la Guyana y un ciudadano británico de apellidos portugueses. La prensa amarilla eurófoba lanzó ataques racistas contra ellos y tachó a los jueces de «enemigos del pueblo».

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