Olvidaron su USB en casa y ese descuido les ha hecho millonarios

Para algunos, olvidarse su llave USB en casa supone una tragedia. Para Drew Houston, sin embargo, fue una bendición. Así surgió Dropbox, la empresa que ha atraído al cantante Bono como inversor y que fue capaz de decir 'no' a una multimillonaria oferta de Steve Jobs.

Para encontrar el primer recuerdo nítido de Drew Houston hay que viajar hasta mediados de los 80. Y si se pretende decorar con gusto ese evocador paseo es necesario situarse en la sala de estar de su casa en Auston (Massachussets). Drew apenas sabía hablar, pero ya miraba fijabamente una caja brillante repleta de botones. En su mente simbolizaba un juguete, pero para su padre era un PC Junior. Este escribió en la pantalla dos líneas de código en Basic para mostrárselo. Y ese sencillo gesto despertó la curiosidad de aquel niño, similar a la que invadió a Alicia cuando vio al conejo esconderse en su madriguera en el libro de Lewis Carroll. Fue la primera vez que Drew Houston metía la cabeza en la tecnología. Y desde entonces no la ha sacado.

Tal vez ese recuerdo, el de cómo fueron sus primeros pinitos en un lenguaje que era imposible aprender en los libros del colegio, le vino a la memoria aquella mañana de 2007. Drew ya andaba por la veintena y su vida transcurría entre portátiles, ordenadores de mesa y un ajetreado y cotidiano trasvase de información entre pendrives, limitados correos electrónicos e incómodos discos duros externos. Pero ese día su cabeza dijo 'basta'. «Iba en autobús de Boston a Nueva York y tenía un montón de cosas por hacer. Rebusqué en mis bolsillos y me di cuenta de que me había olvidado la llave USB. Entonces me dije: 'Esto no me puede volver a pasar'». Tenía cuatro horas de viaje por delante y, en vez de pasárselas lamentándose, iba a emplearlas a conciencia, escribiendo los códigos de programación que acabaron siendo la piedra angular de Dropbox, un servicio para que los usuarios compartieran archivos en la nube.

No era la primera vez que el joven se lanzaba al mar del emprendimiento. Siempre se había ahogado. Pero fracasar, dicen, es el peaje obligatorio para alcanzar el éxito. Su primer intento fue un programa para apostar al póker con dinero real en la red. Sin embargo, los planes no le salieron bien: «Al poco tiempo se aprobó una ley que ponía muchas restricciones para los juegos de azar en internet». Se la jugó con otra carta, un curso online para ayudar a los estudiantes a preparar los exámenes de ingreso a la Universidad. Y el proyecto también hizo aguas.

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