Miguel Zugaza se despide del Prado «dinamitando» el Salón de Reinos

No hay mejor metáfora de la marcha de Miguel Zugaza como director del Museo del Prado que la exposición del artista chino Cai Guo-Qiang que la pinacoteca abrirá el 25 de octubre. José Pedro Pérez-Llorca, presidente del Patronato del Prado, y José Manuel Entrecanales, presidente ejecutivo de Acciona y patrono del museo, firmaban ayer tarde en el Salón de Reinos (antiguo Museo del Ejército) un convenio de colaboración para la celebración de esta muestra. Un acto con el que Zugaza dice adiós (habrá tiempo más adelante para despedidas oficiales), pues el Patronato celebrará mañana una reunión extraordinaria en la que a buen seguro se dará luz verde a que Miguel Falomir sea el nuevo director del Prado. El actual director adjunto de Conservación e Investigación es la única candidatura designada por la comisión constituida a tal efecto por el Patronato del museo. Se prevé que este viernes el Consejo de Ministros apruebe su nombramiento. Y en ese momento Zugaza ya será director del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

El primero en llegar al acto fue Pérez-Llorca, muy parco en palabras con la prensa, quizás molesto por lo que se ha publicado en los últimos meses sobre su relación con Zugaza y sus candidatos para sustituirle. Su mandato por cinco años ?podría renovar por cinco más? acaba el 26 de octubre. Le preguntan si se siente con fuerzas para un segundo mandato. «Me siento con arrestos», dice, aunque es consciente de que su renovación no depende de él. ¿Ha sido traumático el traspaso en la dirección del Prado?«No se ha hecho todavía. Ha sido todo según lo previsible». Sobre el proyecto de Cai Guo-Qiang, dice que le gusta su trabajo, pero apostilla: «Llamaremos a los bomberos el día que se haga». Y hablando de explosiones, reveló que en 1947 salió ileso de una en Cádiz. Y, siguiendo con los símiles explosivos, reconoció «una vez más públicamente mi amistad y mi afecto a prueba de bombas por Miguel Zugaza».

En el taller donde pintó Velázquez

Sobre la presencia del arte contemporáneo en el Prado, dice que le parece «fenomenal, ya lo hemos demostrado. Otra cosa es otra cosa, de la que no voy a hablar», zanjó. Mostró Pérez-Llorca su satisfacción por que regresara al Prado el hijo pródigo (refiriéndose a Acciona, patrocinador de sus proyectos más innovadores) y se atrevió a cerrar su discurso con unas palabras en mandarín dirigidas a Cai Guo-Qiang. José Manuel Entrecanales, por su parte, destacó, junto a las profundas raíces históricas del Prado, «su espíritu innovador y su vínculo con la cultura contemporánea».

En su último acto público como director del Prado, Zugaza se mostró muy satisfecho por que «un proyecto de este tipo cierre mi vida pública en el Prado». Se alegra por tres motivos: «Por la firma del convenio con Acciona, por el fructífero diálogo del Prado con el arte contemporáneo y porque este proyecto inspirará nuevas alternativas en este Salón de Reinos. Hemos invitado a un artista a convertir este espacio con un valor tan simbólico en su taller, como antes lo fue de artistas como Velázquez».

José Manuel Entrecanales, Miguel Zugaza y Miguel Falomir, ayer a las puertas del Salón de Reinos
José Manuel Entrecanales, Miguel Zugaza y Miguel Falomir, ayer a las puertas del Salón de Reinos- ÓSCAR DEL POZO

Apoyo a Miguel Falomir

¿Era Miguel Falomir su apuesta para sustituirle? «Yo se lo dije a quien se lo tenía que decir. Estoy muy contento si es él el elegido por ser una opción de dentro de la casa. Ha trabajado conmigo y de forma muy directa los últimos dos años como director adjunto. Es un hombre que cohesiona muy bien la dirección del museo. Va a tener todo mi apoyo». ¿Proyectó a propósito la muestra de Cai Guo-Qiang como despedida? «No, empezamos a hablar con él del proyecto en 2014 o 2015, cuando nos entregaron el edificio». Pero lo cierto es que esta muestra no figuraba en el calendario expositivo del museo.

¿A falta del «Guernica» buena es la obra de Cai Guo-Qiang en el Salón de Reinos?«Cualquier cosa contemporánea buena es buena para este museo, no solo para el Salón de Reinos». ¿Su nueva batalla será que el «Guernica» viaje al Bellas Artes de Bilbao? «No tengo ese particular interés», advierte. Nadie lo diría... «Es un invento vuestro», dice a los periodistas. La manía de matar al mensajero. ¿Tiene ya en mente su primera exposición en el museo bilbaíno? «Hay ideas». ¿Picasso, tal vez? (Ríe Zugaza). Sobre sus 15 años al frente del Prado, se muestra muy satisfecho:«Es como despertarte de un sueño. Como historiador del arte haber estado 15 años conviviendo no solo con una colección excepcional sino con los profesionales que hacen que sea aún más excepcional es una experiencia fascinante». Miguel Falomir, presente en el acto, dice que asume el reto con mucho ánimo y anuncia que contará como director adjunto del museo con alguien de la casa. Ya hay quinielas.

El Prado y lo contemporáneo

No es la exposición de Cai Guo-Qiang la primera incursión de la pinacoteca en el arte contemporáneo. De hecho, ésta ha sido una de las banderas que ha enarbolado Miguel Zugaza al frente del museo. Sus coqueteos con el arte contemporáneo han sido continuos. Por el Prado han pasado el fotógrafo alemán Thomas Struth, el desaparecido Richard Hamilton y sus «Meninas»; la batalla de Lepanto, según Cy Twombly; Francis Bacon (el museo que tanto amó le rindió homenaje en el centenario de su nacimiento con una gran antológica), Eduardo Arroyo, Francesco Jodice... También hubo proyectos frustrados. Como una exposición comisariada por Miquel Barceló. Finalmente, la cosa quedó en la performance «Paso Doble», que llevó a cabo con Josef Nadj en el Casón del Buen Retiro. Tampoco llegó a buen puerto el encargo de una escultura al norteamericano Richard Serra para el ábside de Villanueva.

Pero la gran espina de Zugaza en estos 15 años ha sido no poder llevar el «Guernica» al Prado. Y eso que lo ha intentado con tesón. El cuadro llegó a España en 1981, procedente del MoMA, y se expuso en el Casón del Buen Retiro hasta 1992, cuando abandonó el Prado para su traslado al Reina Sofía. Este museo celebrará el 4 de abril los 25 años de su llegada a su sede (y los 80 años desde que lo pintó Picasso) con una gran exposición. Como adelantó ABC en 2010, se maquinó un proyecto tan ambicioso como secreto para «expoliar» (por no decir «arrebatar») el «Guernica» al Museo Reina Sofía y llevarlo al Salón de Reinos junto a «Los fusilamientos del 3 de mayo», de Goya, y «Las lanzas», de Velázquez, creando un Museo de la Paz muy zapateriano. La idea partió de Jorge Semprún.

La alargada sombra del «Guernica»

ABC desveló el pasado mes de diciembre el documento en el que el Prado presentó en las más altas instancias del Estado dicho proyecto. La entonces ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, tuvo que mediar y dio por zanjado el tema, diciendo que el «Guernica» estaba bien donde estaba. El proyecto quedaba desbaratado y se suponía que descartado para siempre. Parecía que Miguel Zugaza daba al fin por perdida la batalla (pese a que Picasso ha estado presentes en varias exposiciones del Prado y que en las entrevistas seguía diciendo que el artista debía estar en ese museo)... hasta que el 30 de noviembre de 2016 saltó la sorpresa: presentaba su dimisión para volver al Museo de Bellas Artes de Bilbao. Alegó entonces motivos personales, pero la alargada sombra del «Guernica» ha estado muy presente en este asunto.

Las alarmas se encendieron cuando el célebre cuadro volvía a aparecer en las imágenes virtuales del proyecto ganador para rehabilitar el Salón de Reinos, que firman Norman Foster y Carlos Rubio. ABC desveló las tensiones vividas en el Patronato del Prado por este nuevo intento de recuperar el «Guernica». José Pedro Pérez-Llorca daba por zanjado el asunto ante la prensa: «Para el Salón de Reinos no se cuenta con ningún cuadro que no esté adscrito al Prado. Soy muy sensible a no desnudar un santo para vestir a otro». Miguel Zugaza se marcha. No lo hace en silencio, sino armando ruido, con pólvora y explosiones. Quizá Cai Guo-Qiang le haga el trabajo gratis a Foster demoliendo parte del Salón de Reinos. Pero falta por ver si brillarán los fuegos artificiales en el fin de la era Zugaza.

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